“THE ZERO THEOREM”, Terry Gilliam.
Steampunk / Ciencia-Ficción especulativa; delirios visuales y narrativos; el vacío mental y el caos existencial; matemáticas crípticas, egos y excesos; lovers and haters; pizzas cantarinas y la Iglesia de Batman Redentor; el chip prodigioso y megalomaniaco; New Age.
Reino Unido. Estreno 28 de noviembre.

FE EN EL CAOS…

… y en el insignificante vacío de nuestra existencia. “The Zero Theorem viene a ser un reflejo cinematográfico contemporáneo de la que, hasta la fecha, sigue siendo la mejor película de Terry Gilliam, Brazil (1985). Estrenada al año siguiente al que hacía referencia George Orwell en su novela distópica, “1984” (1949), el ex Monty Python tomaba entonces muchos elementos prestados de aquel mundo orwelliano para arremeter contra una sociedad monstruosamente opresiva en la que el individuo había perdido su identidad. Por aquel entonces, Gilliam contaba con 45 años, ahora suma 73.

Sin perder de vista a Jonathan Pryce (Sam Lowry en “Brazil”) como referente clave, es el turno y momento de Christoph Waltz: quien se pliega para rematarnos con Qohen Leth, un hombre calvo y esquizofrénico que habita una iglesia gótica abandonada, desde donde se emplea en una compañía futurista frente a una pantalla de videoconsola. Adicto a su ser interior, el protagonista insistirá a su supervisor para que hable con la omnipresente y anónima “Dirección” y así le encarguen una tarea exclusivamente a domicilio. Hogar dulce hogar… el agorafóbico, que no pisa las calles de esa Londres futura, terminará enfrentándose a una misión aritmética y virtual: tendrá que resolver un teorema imposible que demuestre la contracción inevitable del universo. Pero… pese a sus rutinas casi robóticas, Leth sigue siendo un humano, y así lo demuestran su relación amistosa y casi paternofilial con el hijo de la “Dirección” (Lucas Hedges), y su relación pre-sexual y trágicamente amorosa con Bainsley (Mélanie Thierry), entre la puta y la virgen. La obsesión del protagonista por vivir en la realidad de un mundo donde los sueños o las representaciones virtuales aseguran una mayor satisfacción, con esos paréntesis musicales y sueños al sol, es algo muy Gilliam, quien se empeña en que sus fantasiosas propuestas invadan la realidad, con la ilusión de salir victorioso de dicha confrontación.

Porque el sello de identidad propio de Gilliam sigue intacto: su capacidad para crear universos especiales, su habilidad para emocionarnos con imágenes extravagantes y sonidos asimétricos, y su perspicacia a la hora de inseminar ideas y elementos que nos hacen pensar y plantearnos dilemas que siguen estando perfectamente vigentes con el paso de los años. Aunque hay que precisar que este es uno de los pocos casos en los que el ex Monty Python no realiza un guión propio, sino que éste corre a cargo del debutante y profesor Pat Rushin.

El realizador vuelve a rebuscar en el significado de la vida, como ya hiciera en “El sentido de la vida”, codirigida junto al también Monty Python, Terry Jones. ¿Tenemos el control de nuestras vidas o estamos oprimidos a cambio de una seguridad y conformismo por no tomar las decisiones importantes? ¿Dependemos siempre de un superior? ¿Es nuestra propia cabeza una prisión? ¿Qué significamos como elementos individuales? ¿Qué aporta o resta nuestra existencia al resto de la población? ¿Cuál es nuestro verdadero papel en la sociedad? Eso sí, en “TZT” no encontrarán respuestas absolutas ni únicas. Para seguidores y, detractores de Terry Gilliam. Ni a favor ni en contra sino todo lo contrario. Terry Gilliam vuelve a demostrar que es uno de nuestros “creep” y “weirdos” favoritos cuando se trata de hacer estallar nuestra imaginación para, al fin y al cabo, descubrir nuestra realidad.

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“Pensé que podía ser una buena representación del mundo en el que vivimos hoy en día. Cuando estoy en Londres, y salgo, voy a Piccadilly Circus, te sientes atacado por la publicidad, todo el tiempo, como en la televisión, La gente está siempre ocupada, corriendo por la calle, haciendo cosas… parecen felices, pero yo no estoy tan convencido de que lo sean”.

 

This is we.
We is stressed. We is scared. We wants answers.

 

 MUST WATCH

Ideal para: Orwellianos; provocadores y agitadores de conciencia; calculadores, solitarios y eruditos; matemáticos e insensibles; agorafóbicos.

Llévate a: Todos los que siguen al conjunto del rebaño; paranoicos; a los que obedecen órdenes; adictos a cualquier videoconsola (móviles inclusive).

Te gustará si: Crees en las conspiraciones, eres un ermitaño y tienes algo de fobia social; te sientes un “Creep” y no sabes “What the hell am I doing here” y “I don’t belong here”.

Videoteca de parecidos razonables: “The Zero Theorem” comparte muchos puntos en común con la célebre novela de George Orwell, “1984”, al igual que los futuros imaginados de dos de sus anteriores películas distópicas: “12 monos” y, sobre todo, “Brazil”. No nos sería nada difícil imaginar a los personajes de “TZT” ocupando los universos de “Brazil” (1985), “12 monos” (1995) y “Tideland” (2005), entre otros. Además, ahora, sumamos los saltos por mundos y tiempos muy al estilo del penúltimo trabajo de Gilliam, “El imaginario del Doctor Parnassus” (2009), eso sí, en esta ocasión, y al contrario que en esa cinta, el moderno paisaje carece de luz natural. El día de mañana más informatizado y robotizado en: las trilogías de “Iron Man” y “Matrix”, “Her”, “Desafio Total”, “Pacific Rim”, “Elysium”, “El juego de Ender”, “Paprika”, “Tron”, “Wall-E”… Los sistemas de “Enemigo Público”, “V de Vendeta” y “Minority Report” también beben de la novela de Orwell, e imposible olvidarse de ese “Big Brother” de “El Show de Truman”: Ed Harris como Christof, tan omnipresente como la luna. Matemática cinematográfica en “Cube”, y los números primos, “Pi, fe en el caos”, y “Ágora”; estadística para ganar en “Moneyball”; la teoría de la relatividad de “Interstellar”; el gen Pax6 de “Orígenes”… y los acertijos populares de “La habitación de Fermat”. Películas para no dejar la mente en blanco. ¡Eureka! Por su parte, la relación (sin penetración) entre Leth y Bainsley, quien cuenta con una web de realidad virtual, nos recuerda mucho a “Tomás está enamorado”; ciencia-ficción belga. Por último, relatos cinematográficos Sci-Fi que nos hablan del (sin)sentido de la vida en: “Las vidas posibles de Mr.Nobody”, “Guía del autoestopista galáctico”, “Stalker”, “Zardoz” y “2001: Una odisea del espacio”.

Filmografía selecta de Terry Gilliam: No solo ocupa una plaza fija en el Olimpo del Humor gracias a los Monty Python, el director norteamericano es también uno de los máximos exponentes del cine más imaginativo, gracias a un estilo visual personalísimo y un mundo propio tan definido como único. Era el único integrante del grupo que no era inglés, y junto al resto de sus compañeros saltó de la tele a la gran pantalla con “Se armó la gorda”, “Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores”, “La vida de Brian” y “El sentido de la vida”. Decidió volar solo y debutó como director con la parodia medieval “La bestia del reino” (1997), cinta que adaptaba un poema de Lewis Carroll. Pero su primer éxito en solitario no le llegaría hasta “Los héroes del tiempo” (1981), una de aventuras fantásticas con Sean Connery como Agamenón o Ian Holm como Napoleón. Y entonces llegó “Brazil” (1985), para muchos: su gran obra maestra. Elogiada por la crítica y candidata a un Oscar al Mejor Guión Original. El director le puso tantas ganas a esta sátira sobre el totalitarismo que la ansiedad del rodaje llegó a producirle parálisis en sus piernas. Con “El Rey Pescador” (1991), film protagonizado por Jeff Bridges y Robin Williams, Terry consiguió una candidatura a la mejor dirección en los premios Globo de Oro, logrando el León de Plata en el Festival de Venecia. En 1995, Gilliam volvió a la silla de director con “Doce Monos”, una epopeya de ciencia ficción con Bruce Willis, Madeleine Stowe, Brad Pitt, y Christopher Plummer. Posteriormente dirigió “Miedo y Asco en Las Vegas”, cuyo guión adaptó él mismo a partir de la novela publicada por Hunter S. Thompson en 1971, una road comedy lisérgica con Johnny Depp y Benicio del Toro. Ya en el 2005 tuvo un ataque de cuentitis: convirtió a Matt Damon y a Heath Ledger en Jake y Will Grim en una fantasia enérgica y deslumbrante (“El secreto de los hermanos Grimm”, 2005), y además, se sacó una versión alucinógena y bizarra de “Alicia en el País de las Maravillas” con “Tideland”. En “El Imaginario del Doctor Parnassus” volvió a contar con Heath Ledger, pero tras el repentino fallecimiento del actor en el 2008, terminó recurriendo a la colaboración desinteresada de Jude Law, Colin Farrel, y Johnny Depp para completar el personaje de Tony. El director estadounidense tiene que estar encantado porque a sus 73 años por fin parece que va a poder culminar su enquistada película sobre el héroe de Cervantes cuyo rodaje se frustró hace casi década y media. “The man who killed Don Quixote” iba para película maldita, perdida, de culto pero finalmente va a ver la luz con John Hurt y Jack O’Connell.

MUST: Porque en sus mejores momentos nos recuerda a esa deliciosa sátira futurista sobre el totalitarismo, “Brazil”, con Jonathan Pryce y cameo de Robert De Niro. Por Christoph Waltz, Matt Damon, Tilda Swinton, Mélanie Thierry, Peter Stormare y Ben Whishaw. Por su atractiva imaginería visual: con el barroquismo desquiciado de Gilliam, su fijación por el detalle, su tratamiento de la imagen. Porque convierte su exceso en virtud. Por la mente efervescente y caótica del realizador de cerebro hiperactivo: entre el surrealismo, la ciencia ficción más lisérgica, y el delirium tremens… Porque sigue siendo único en su especie y con un universo paralelo: rara avis altamente recomendable de un cine que siempre marca la diferencia.

 

 

 

 

TRAILER OFICIAL EN V.O.

 

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