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Fotografía ESMERALDA MARTÍN. Estilismo ANA CAPEL y ANTONIA PAYERAS Maquillaje y peluquería PEDRO CEDEÑO (Talents) con productos Chanel y Ghd. Asistente de fotografía ENRIQUE VILLALUENGA. Retoque digital Cuality Photo Studio (cualiti.es). Agradecimientos al Palacio Duarte Pinto Coelho (Madrid)

Ni la responsable del advenimiento del “choni power” en la década pasada, ni la nueva Penélope Cruz –medalla que ya lE han colgado algunos entendidos fuera de nuestras fronteras-. Verónica Echegui ha conseguido labrar su nombre y apellido en la gran pantalla, y en una “caja tonta” que, por suerte, parece volverse cada vez más lista. Versátil y camaleónica, pero conservando siempre esa naturalidad desbordante y una pizca de dulzura que convierte en algo imposible desengancharse un momento de sus ojos oscuros. Esto nos ha permitido apreciar que se mantienen igual de brillantes cuando habla de sus últimos proyectos que al confesarnos su preocupación con respecto al desgaste emocional provocado por las redes sociales. Al reflexionar sobre la situación de la cultura en nuestro país o al contarnos sus cambios de look más drásticos y sus mayores tesoros de mercadillo vintage. Prescribimos sus palabras para llenarte de calidez. Ella es Verónica.

Verónica llena la habitación desde el momento en el que pone un pie en ella. Saluda con una gran sonrisa a todo el equipo: algunos, grandes amigos; y a los que no tenemos la suerte de serlo, nos invade de lleno la extraña sensación de conocerla desde hace mucho tiempo –o al menos mucho más de cinco minutos-. Consecuencias de sentarse frente a alguien que, a pesar de sus logros y su innegable talento, resulta tan humilde y natural como aquel que acaba de empezar. Tan espontánea ella y tan llanas sus palabras, tanto antes como después de pulsar el botón de record. 

Te lo hemos visto pixie, a lo garçon, midi, súper largo y hasta teñido de rosa. ¿Te ciñes a exigencias de guión o sale de ti misma cambiar de look frecuentemente?
¡A mí me encanta! Me estaría cambiando el color y el corte cada dos por tres. Lo de rosa vino porque terminé de grabar una serie inglesa y me apeteció probar a ponerme de este color el pixie que llevaba. Lo que pasa es que después de la tercera decoloración el pelo se me empezó a partir mucho. Desde entonces me lo he dejado crecer y he tenido que aguantarme sin cortarlo por el trabajo, ¡aunque he tenido que llevarlo como una seta! (Risas) Lo odio, pero bueno, ahora ya estoy viendo la luz.

Muy lejos quedaron ya los tupés y moños poligoneros firma la Juani. Pero, ¿qué podemos ver aún de ella en ti?
En la pasión soy la misma. Eso además me alivia mucho porque si un día te acostumbras a esto o no vas con las mismas ganas… ¡Qué miedo! ¿No? Yo me sigo enamorando de cada trabajo que hago. Procuro elegir siempre mis trabajos por amor, me enamoro de lo que hago y voy con todas las ganas y con todo el arrojo. Lo que pasa es que muchas veces, si no se corresponde el amor, es duro. Creo que lo que me acerca a la Verónica de la Juani es eso. Y también el recuerdo de Bigas, siempre le tengo muy presente.

Nos quema la curiosidad, ¿cómo eras de adolescente?
¡Era una piñata! (Risas) En serio, ¡era un carnaval! Yo creo que probé de todo, supongo que por la vocación de actriz, que la sentía desde muy pequeña. En términos de tribus fui bakala, rapera, pija… Pija porque venía de un colegio de monjas donde se estilaba mucho el polito y las tenis blancas. Luego me fui del cole de monjas a un instituto público y me puse las pilas rápido. Empecé a comprarme chaquetas Harrington y a llevar botas de bakala… Luego me dio un poco por el punk y terminé con pinchos, me rapé la cabeza, me dejé una cresta, me puse el pelo amarillo, naranja, azul…

Has hecho de diva choni (Yo soy la Juani), de reclusa (El patio de mi cárcel), de invidente con el reloj biológico desatado (Seis puntos sobre Emma), de superheroína (Verbo), de maestra en Nepal (Katmandú, un espejo en el cielo)… ¿Qué te encantaría hacer que no hayas hecho?
Me gusta el papel que estoy haciendo ahora en Apaches, y también el que voy a hacer en una peli italiana que se llama Déjate llevar (Lasciati andare). Se trata de una tipa que es mentirosa compulsiva, como una especie de Mira Sorvino en Poderosa Afrodita de Woody Allen. Es una entrenadora personal que va de divina pero que está fatal de la cabeza. También me gustaría hacer pelis de época… Siglo XV, XVI, años 20… ¡O incluso de ciencia ficción!

Ahora estás trabajando en Apaches, una serie de Atresmedia basada en la novela homónima de Miguel Sáez Carral, ¿qué nos puedes contar de ella?
Es la historia de dos amigos muy peculiares que sucede en Tetuán en los 90 (con flash-backs en los 80). En esta época, el barrio tenía sus propias reglas que ellos aprenden desde pequeños. Son dos granujas, sólo que uno tiene más suerte que el otro. Tiene posibilidad de terminar estudiando y convertirse en periodista, mientras que el otro termina siendo un delincuente. Luego la vida les vuelve a juntar por circunstancias y el periodista tiene que volver al barrio para hacerse cargo de un problema familiar muy gordo. Allí vuelve a unirse al delincuente y se encuentra con mi personaje, Carol, con quien formaban un triángulo un poco curioso en la infancia. Toda esta historia va avanzando hacia algo muy fuerte y muy loco. Terminamos de grabar en octubre, y creo que el estreno no se hará esperar mucho…

¿Te gustan las series o eres más de pelis?
Me gustan las series porque creo que es la mejor combinación: el desarrollo largo de una serie más la calidad del cine, con buenos guiones y buenas historias. Soy de picotear mucho. Ahora estoy enganchada a la mía inglesa, Fortitude. También vi algo de Penny Dreadful y ahora voy a empezar a ver Borgen porque me han hablado muy bien de ella. Me gusta mucho Black Mirror, House of Cards, Hannibal, Mad Men… También me encantó Extras, una inglesa de hace años.

Últimamente te vemos bastante activa en Instagram. Háblanos de las ventajas e inconvenientes de las redes sociales. ¿Crees que existe algún tipo de límite? 
Bueno, yo creo que esa es la ventaja y el inconveniente, que el límite lo pone cada uno. Regulaciones debería haber, aunque más que nada para proteger. Lo que pasa es que esos límites son muy difusos porque… ¿Qué es protección y qué es manipulación? Pienso que lo que más deberíamos cuidar es a la infancia, pero más que nada por no contaminarles. Nunca he pensado que a los niños haya que tratarles como seres imbéciles. Creo que somos muy inteligentes cuando somos niños y tenemos mucho que aportar. No sé por qué nos llevamos las manos a la cabeza con cierto tipo de asuntos que consideramos violentos, pero luego un niño puede entrar en un ordenador y ver imágenes híper violentas en YouTube. Sí, hay unos ciertos controles parentales, pero pienso que no está suficientemente regulado y me preocupa. También la adicción a esto está modificando todo. Las relaciones sociales son cada vez más diferentes. Vivimos a través de una ventana que tiene cosas muy buenas y muy ventajosas, pero también otras muy negativas. Yo lo equiparo un poco al tema del alcohol: si se considera un vicio aceptado a nivel social, todas las consecuencias derivadas de su consumo no se van a considerar hasta que sean problemas realmente importantes. Y yo creo que tiene mucho peligro todo esto.

¿Crees que hay también demasiado “postureo”?
Hombre, es que es muy tentador, es muy jugoso… ¿Quién no quiere sentirse especial, reconocido, admirado? Esto retroalimenta el ego de una manera directa, rápida y a lo bestia, porque además hoy en día se empieza a venerar a personas que se hacen selfies a diario. Bueno, yo me incluyo, no me los hago a diario pero sí de vez en cuando. Yo creo que es algo divertido, el problema es que no hay educación al respecto. Pienso que cuando las bases están podridas, los problemas derivan por mil caminos. Si no hay una educación potente a nivel emocional y psicológico desde que somos pequeños, ¿cómo vamos a saber hacer uso de nada? Si no sabemos ni gestionar lo que nos pasa, ni las relaciones con los demás, y ahora encima tenemos unos aparatitos pegados todo el día a nosotros que nos dan la posibilidad de alimentarnos de algo que no es real, porque no lo es. Ese es el peligro que le veo, porque pienso que esto bien empleado es la bomba. Son herramientas maravillosas, pero para emplearlas bien habría que tener una cierta educación. Yo, por ejemplo, no la tengo. Hay momentos en los que digo… ¡Fuera! Y lo apago durante horas. No puede ser, ¡no puedes estar pegada a esta historia todo el día!

Y a nivel social o incluso ideológico, y sobre todo en esta época de cambios. ¿Crees que es importante que rostros conocidos como actores den su apoyo público a través de las redes sociales a algunas formaciones?
Yo personalmente no creo en el sistema político en absoluto. Creo que no puede funcionar bien. Pero no por eso no voy a colaborar o actuar. Eso sí, pienso que el arte cuanto más despolitizado, mejor. Y como ciudadana pienso que no sólo puedo, sino que debo actuar, colaborar y cooperar. Pero pienso que, nos guste o no, todos nos representamos a todos en este gremio. Y creo que hay que tener cuidado con lo que hacemos de cara al público, porque a mí al fin y al cabo los que me importan son los espectadores. Como actriz que soy, lo que más quiero es que gente de todo tipo y de toda ideología vaya a ver lo que hago y las películas o historias en las que estoy implicada. Quiero que la gente vaya al cine pero porque es nuestro. Y porque la relación con la cultura y el arte no está integrada en nosotros desde la infancia. No existe esa relación directa en este nuestro país. Y como ya no existe de entrada, si encima nos alejamos del público creo que estamos cometiendo un error. A nivel personal, a muerte, que cada uno colabore con quien quiera. Lo que pasa es que a veces los propios partidos políticos se aprovechan de estas imágenes para manipular, para ganar votos, para ganar simpatías, etc. Y yo no me voy a prestar a ese juego, eso sí lo tengo claro.

Además de ver series y subir algún que otro selfie a redes sociales… ¿qué otras aficiones tienes?
¡Pues he hecho un poco de todo! He dado clases de ballet, flamenco, danza contemporánea, jazz, hip hop… También patino, dibujo, leo, escribo historias… Y he dado clases de canto, de tenis, de esquí…

Y apelando a la moda y al shopping como otro de tus hobbies, ¿qué es lo más caro y lo más barato de tu armario?
Tengo unos zapatos de Moschino que me enamoraron y que costaron un dinerito. Y en cuanto a chollos, tengo un vestido negro largo de algodón con escote abierto que me lo pongo para todo. Me parece lo más y me costó diez euros en un mercadillo en Estados Unidos. También me gustan mucho los pañuelos y hacerme con ellos bandanas y turbantes. Tengo toda una colección de tiendas vintage de Inglaterra. 

Tras desbancarse entre un buen puñado de adolescentes ante los ojos de Bigas Luna y convertirse en su Juani (y en la de muchos de nosotros), Verónica no ha dejado de crecer. Mucho ha llovido desde su boom en 2006. Después de tres nominaciones a los Goya (Yo soy la Juani, El patio de mi cárcel y Katmandú, un espejo en el cielo), encontrar el amor en Seis puntos sobre Emma (2011) –y consolidarlo en Kamikaze (2014)-, dar el salto a Hollywood con La fría luz del día (2012), hacernos llorar de risa en La gran familia española (2013) y arrasar en la televisión británica con Fortitude (2015), ahora la veremos cada semana en Apaches, o levantando pasiones en Roma con su nuevo proyecto internacional: Lasciati andare, de Francesco Amato, que empezará a rodarse este año.

La serie Apaches terminará de rodarse en octubre y se emitirá próximamente en Antena 3.

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