La historia de Marie Heurtin (Marie Heurtin). Jean-Pierre Améris. Francia, 2014. Drama.
Estreno 1 de abril.

La distinción entre el ser en acto (lo que uno es y hace) y el ser en potencia (lo que uno puede llegar a ser o hacer) en la metafísica aristotélica, separados generalmente por el factor tiempo, es una retórica frecuente a la hora de intentar definir algo tan inasible e intangible como la condición humana, por lo general haciendo prevalecer al ser en acto para la adquisición de derechos legítimos. En contraste, la historia de Marie Heurtin (la real, así, sin cursiva) localiza la identidad humana en el ser en potencia, esta vez a partir de una adolescente sordociega y la cualidad de capaz que hizo posible su extraordinaria evolución desde una limitadísima interacción cognitiva y afectiva hasta la plena asunción, con la única guía del sentido del tacto, de los imperativos de la convivencia y los usos sociales más básicos y su plena integración comunicativa e incluso intelectual en el convento que la ha acogido. Una progresión casi milagrosa en la que la pedagogía del refuerzo positivo brilla con todo su esplendor, con un hito determinante como punto de inflexión: la comprensión de la niña de la noción del lenguaje, o más exactamente, de la palabra, antropológicamente considerada como el principal rasgo distintivo del ser humano y triunfal puerta de entrada a la expresión de los propios pensamientos y deseos y la comprensión de los ajenos. Apostando por la transparencia técnica en pos de la intimidad del relato, el veterano director Jean-Pierre Améris recurre a una fotografía luminosa y naturalista y la profusión de planos cortos (esas manos entrelazadas, esas sonrisas que encogen el alma) que enfatizan las laboriosas conquistas de Marie y la gratificante (y extenuante) devoción de la hermana Marguerite, su entregada y paciente pedagoga. Porque el mérito es compartido, y si el aprendizaje es excepcional, no lo es menos la generosa instrucción por parte de esta monja, que convierte la felicidad de la pequeña en la misión de su vida, apuntando por el camino, más allá de cilicios y rituales improductivos, la verdadera noción de sacrificio: la renuncia a parte del bienestar propio en beneficio del ajeno. Una película tan conmovedora como edificante que tal vez no despierte la fe en Dios, pero sí en el ser humano. 

Quién: Isabelle Carré como la hermana Marguerite y la debutante Ariana Rivoire, a la sazón sordomuda y excelsa en la piel de Marie Heurtin, la niña sordociega a quien la religiosa ayudó a salir del ostracismo cognitivo y social. El curtido Jean-Pierre Améris, habitual de festivales como Cannes, San Sebastián o la Seminci y uno de los directores más humanistas del cine francés.
Qué: La evolución cognitiva y comunicativa de una niña sordociega, desde su adquisición de hábitos básicos como la higiene, la vestimenta o el uso de los cubiertos hasta el aprendizaje de un código lingüístico exclusivo para la interacción comunicativa y el desarrollo de habilidades intelectuales como el dominó o la lectura Braille, todo ello gracias a la entrega incondicional de una altruista monja. Más tarde, la aprendiz se convertiría en instructora de otras niñas sordociegas. Ojo al dato: la historia es 100% real.
Dónde: En el Instituto Larnay, un convento cerca de Poitiers, Francia.
Cuándo: Finales del siglo XIX.
Por qué: Por el admirable espíritu de las dos personas implicadas: Marie desde la superación, Marguerite desde la generosidad y ambas desde la lucha. Y por su efecto dominó, vivo ejemplo de que el amor es de las pocas cosas que crecen cuando se reparten.

 

TRÁILER

Posología: Voluntarios de ONG’s, pedagogos, asistentes sociales y cualquier persona (creyente, católica, musulmana, budista, agnóstica o atea) que celebre la (merecida) felicidad ajena.
Contraindicaciones: Fundamentalistas anticlericales y personas que juzguen a curas y monjas por los hábitos que visten, en lugar de por los de su conducta.
Efectos secundarios: Se han observado reacciones opuestas, desde la euforia y las ganas de cambiar el mundo hasta la potencial sensación de fracaso por los objetivos no alcanzados. Relájense, no todos podemos ser héroes.
Véase también: “El milagro de Anne Sullivan”, clásico de Arthur Penn también basado en una historia real y referencia ineludible en cuanto al alcance de la superación y la educación. En este caso, el “milagro” es triple: la superación de Anne de las barreras derivadas de su propia ceguera, la educación de la pequeña sordociega Hellen Keller.
Pedigrí: Nominada a la Espiga de Oro en la pasada Seminci.

 

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