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 “Torres Blancas” es tu tercer LP como Wild Honey. El proyecto crece y todo suena más compacto que nunca. ¿Cuál ha sido el cambio central en este álbum con respecto a los dos anteriores?
Sé que es todo un cliché y que va muy de la mano de la euforia de acabar un disco nuevo, pero tengo la sensación de que llevo años probando arreglos, aprendiendo técnicas de grabación en mi estudio casero o colaborando con otros músicos y productores para poder plasmar en este disco todas las ideas y sonidos que tenía en la cabeza. Es la colección de canciones de las que más orgulloso estoy con diferencia. El cambio de idioma me ha ayudado a que las canciones no sean meros homenajes a música que me gusta, pero también creo que ha sido clave llevar unos años haciendo bandas sonoras para darle más matices a la producción y tratar de no conformarme con los arreglos más obvios.

En el bandcamp de tu nuevo disco, el leitmotiv es el cambio y la búsqueda de lo excepcional entre lo cotidiano. ¿Cómo se logra llegar a este punto de intenciones?
La verdad es que no tenía esa idea en mente cuando me puse a escribir las canciones, es un leitmotiv que descubrí al tener acabado y secuenciado el disco ya que son temas que aparecen de manera recurrente. Me he dado cuenta de que hay un cambio importante en la vida que llevaba cuando tenía veintitantos años a ahora, que estoy en la treintena. Sobre todo me daba vértigo llevar mucho tiempo en un mismo trabajo, viviendo en la misma ciudad, con una misma pareja y un mismo grupo de amigos, o incluso tocando aún en grupos. Muchas de las canciones de “Torres Blancas” vienen de observar cómo es mi vida en este momento, del contraste con lo que imaginabas que iba a ser tu edad adulta, y tratar de buscar lo excepcional y la belleza en lo cotidiano.

Desde el mismo título de tus nuevas canciones, como un Ojo de cristal, o letras como las de El volcán de Montserrat, tu nuevo LP dispone de una geografía de gran poder visual, como si la música estuviera al servicio de los cuadros descritos. ¿En qué punto encuentras el equilibrio pictórico de tu música?
Me gusta pensar en las canciones como si fueran fotografías. Son disciplinas en las que tienes que contar historias en poco espacio de tiempo y donde el espectador o el oyente acaban completando lo que ocurre alrededor. Por eso me interesan las imágenes muy plásticas cuando escribo letras, sobre todo cuando hablo de temas más cotidianos, ya que lo último que me interesa es entrar en la minuciosidad de la rutina o caer en el tono de un diario íntimo. Así que, aunque en el fondo hablo de muchos temas de mi día a día, trato de hacerlo a través de imágenes que sean un poco más evocadoras.

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 A cada disco que pasa, tu fórmula musical está más condensada. Es como si los distintos perfiles que antes reflejabas entre diferentes canciones, ahora estuvieran concentrado en cada una de ellas. En este sentido, ¿el proceso compositivo ha sido más arduo para esta ocasión?
Hace dos años saqué un 10”, Medalla de plata, en el que traté de experimentar cantando en castellano en 4 canciones y siendo más barroco en el universo estético de Wild Honey. Me gustó mucho el resultado y, de hecho, veo ese disco como una especie de preámbulo a lo que es “Torres Blancas”. Una de las ideas que tenía en la cabeza era imaginarme cómo sonarían las canciones de The Carpenters, que son composiciones pluscuamperfectas, pero tocadas por Os Mutantes. Es solo una imagen, pero ha sido una especie de guía para mezclar géneros, arreglos y épocas de la música que me encantan. A nivel de letras, sí que le he dedicado mucho tiempo a darle vueltas a cada una de las canciones. Soy una persona que se aburre rápido y me gusta saltar de una cosa a otra, pero con las letras he intentado cambiar esa tendencia y he reescrito una y otra vez casi todas las canciones hasta que han quedado como aparecen en el disco.

La sensación que me provocan tus canciones es la de una nostalgia retrofuturista acorde a un punto intermedio entre la expresada por Stereolab y el pop barroco de los años sesenta. ¿En qué espacio temporal se encuentra Wild Honey?
No me interesa la nostalgia, ni recrear sonidos de una época concreta. Pero, si soy honesto, reconozco que hay estéticas musicales que me interesan más que otras y siempre hay un punto de partida que muchas veces puede ser el retrofuturismo o el pop barroco. Viene más bien de la fascinación hacia ciertos sonidos, o incluso contextos sociales en los que surgieron determinados estilos musicales. Stereolab me parecen el ejemplo perfecto de cómo mirar hacia atrás y utilizar la arqueología musical para crear un universo propio.

Precisamente, en este disco has contado con la participación del mismísimo Sean O’Hagan en los arreglos del disco. ¿Qué te ha aportado su colaboración al resultado final?
En las bandas sonoras que he grabado en los dos últimos años he tratado de trabajar mucho con cuerdas. Al no tener formación clásica, hago todos los arreglos de oído y el techo al que puedo llegar es muy claro. Me apetecía que el nuevo disco fuera más cinematográfico, que tuviera más peso de las cuerdas, y la primera persona en la que pensé es en Sean O’Hagan, a quien conocí a través de Tim Gane de Stereolab cuando grabé mi segundo disco. Además de todo lo que hace con High Llamas es uno de mis arreglistas contemporáneos favoritos, me alucina todo lo que ha hecho para Super Furry Animals, por ejemplo. Las cuatro canciones de “Torres Blancas” que ha arreglado las ha llevado, en mi opinión, a otro nivel, dándole unos matices súper interesantes.

¿Cómo se dio la posibilidad de trabajar con él?
Le escribí contándole el proyecto y enseguida me pidió las maquetas. En lugar de darle parámetros de qué quería hacer con las canciones, le mandé la lista de mis arreglistas favoritos: Jean Claude Vannier, Van Dyke Parks y Rogerio Duprat.

Asimismo, también cuentas con la producción de Frank Maston, todo un artesano del sunshine pop. ¿Qué influencia ha tenido Frank en la grabación?
Con Frank de Maston estuve trabajando sobre todo en procesar pistas y tratar de llevar el sonido del disco a un punto más extraño y no tan de pop directo, la parte más Os Mutantes de ese equilibrio entre soft pop y psicodelía al que quería llegar. Trabaja de una manera muy chula, quizás demasiado lo-fi para lo que me gusta a mí, pero de nuevo es alguien con quien comparto unas referencias muy claras y fue un gustazo pasar tiempo en su estudio de Ámsterdam pasando las pistas del disco por multitud de cacharros y efectos.

¿Dónde se encuentra el equilibrio entre recrear un sonido de otra época, en tu caso los sesenta, y sonar contemporáneo?
“Torres Blancas” no suenan ni de lejos a Kendrick Lamar o a Drake, música que me interesa mucho y que será la banda sonora de estos años cuando miremos hacia atrás. Pero sí me gustaría que “Torres Blancas”, a su manera, sonase a 2017. Más allá de que tenga más o menos fijación con ciertas estéticas, no me interesan los ejercicios de mera nostalgia.

Una elección: ¿Van Dyke Parks o David Axelrod? ¿Por qué?
Una de las cosas que más me gusta de hacer entrevistas es que acabo conociendo también música nueva. No conocía a David Axelrod y ¡me está encantando! Estoy leyendo que escribió canciones para los Electric Prunes, un grupo que me encanta. Eso sí, muy pronto para poder decir si me gusta aunque sea una fracción de lo que lo hace Van Dyke Parks, uno de mis músicos favoritos de la historia.

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Y otra: Sagittarius o The High Llamas? ¿Por qué?
Sagittarius y toda la saga de Gary Usher, Curt Boetcher y demás héroes B de la música californiana de los 60 me fascinan. Tanto Present Tense de Sagittarius como Begin de The Millenium son discos que he escuchado mil y unas veces.

¿Simon Reynolds o Bob Stanley?
Me iría antes a una pinchada de Bob Stanley, porque sé que va a poner canciones que me van a gustar más. Pero para leer un libro o un artículo prefiero a Simon Reynolds, me gusta cómo se cuestiona las creaciones de los cánones musicales, que son siempre convenciones, y siempre que leo cosas suyas me hace replantearme muchas cosas.

¿Cuáles serán los próximos pasos de Wild Honey?
El 28 de abril sale “Torres Blancas” y me apetece mucho tocar las canciones en directo. Seremos una banda de seis personas, así que será un desafío llevar todos los arreglos del disco al directo, pero creo que muchas de las canciones van a funcionar fenomenal tocadas también de manera más directa.

¿Y de Guillermo Farré?
Acabo de terminar la banda sonora de un documental para el Canal TCM sobre la última película de David Lean, que nunca llegó a rodar. Se titula Nosotromo: el sueño imposible de David Lean y está dirigido por Pedro González. La música la he grabado con algunos músicos de Melange o Forastero y con un cuarteto de cuerdas, creo que acompaña muy bien a la película. Antes de verse en el canal, imagino que hará el circuito de festivales.

Fever Productions publica mañana, 28 de abril, “Torres Blancas”.

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