Irene Escolar: “Ser actor es un oficio, como el de un carpintero que va todos los días al taller. Yo no soy actriz para estar en alfombras rojas ni hacerme fotos, principalmente porque tampoco estoy muy cómoda en ese ambiente”.

Fotografía JORGE PUENTE
Estilismo PATTY CEREIJO
Maquillaje y peluquería MARA FERVI (N.Y.C.)
con productos Art Lab-Aveda
Asistente de estilismo CAROLINA RUIZ

Sincera, cercana y encantadoramente agitada. Así recibía Irene Escolar la ansiada estatuilla la noche del sábado, convirtiéndose en la ganadora del premio a Actriz revelación en la 30 edición de los Goya. Revelación, quizás, para aquellos que hayan descubierto su talento en el film de Lara Izaguirre (o para quien diera por primera vez con su nombre a raíz de convertirse en trending topic por unas sonadísimas declaraciones hace algunas semanas). Para nosotros, Irene es ya mucho más que una promesa. Tras un tiempo siguiendo sus pasos, tuvimos el placer de conversar con ella durante la entrevista de nuestro número de noviembre por su papel en la película que la ha elevado al estrellato. Un otoño sin Berlín que dejó nuestro otoño inevitablemente marcado por Irene y su sonrisa. La misma que iluminó su cara durante un discurso en el que hasta el taxista que la llevó de la estación a la gala recibió reconocimiento. Imposible de olvidar. Rememoramos nuestra charla previa a su triunfo con la entrevista al completo. ¡Que la disfrutes!

Irene Escolar recibiendo el Goya a Actriz Revelación

En Un otoño sin Berlín, vuestros personajes (Diego y June) hablan poco pero expresan mucho ¿Cuál ha sido la mayor dificultad de esto?
Ha sido complejo porque es una historia en la que no hay demasiada acción ni tampoco nada muy verbalizado. Yo desde que leí el guión sabía que no iba a ser un reto fácil. El público tenía que entenderme y para eso yo también tenía que entender al personaje. Para mí fue muy importante todo el proceso de ensayos que hicimos, que duró casi dos meses y en el que analizamos todo el guión de arriba a abajo. Después de eso, el trabajo en el rodaje se facilita bastante. Como se suele decir: “hagamos ensayos arriesgados para poder hacer representaciones seguras”.

La película no está tan focalizada en la trama o en una consecución de hechos, sino en transmitir una sensación concreta muy frecuente hoy en día entre los jóvenes pertenecientes a esa “generación perdida”. Háblanos de esa sensación…
Es esa sensación de melancolía, de soledad y de angustia de esos jóvenes que están un poco perdidos. No sé si realmente hay un punto en el que a todo el mundo le pasa esto, que a cierta edad te empiezas a replantear la vida. La verdad es que la experiencia fue muy bonita porque Lara (la directora), Tamar y yo casi tenemos la misma edad, y supongo que mientras hacíamos esta película también nos estábamos cuestionando a nosotros mismos como seres humanos.

¿Crees que los espectadores más jóvenes se sentirán identificados con vuestros personajes?
La verdad es que se trata de personajes complejos, que están emocionalmente bloqueados y con los que a veces cuesta empatizar. Pero eso me parece lo más interesante. No debes empatizar todo el rato con lo que les está ocurriendo. Tampoco se trata de salvar el personaje o de querer caerle bien siempre al espectador. June es como es, y esa es la historia que estamos contando. Y me parece que todo eso les hace más humanos. No son personajes perfectos ni idealizados, son de carne y hueso como todos nosotros. Simplemente intentan sobrevivir. A mí esas son las películas que me gustan y los personajes que me interesan. En este caso concreto, al igual que muchas personas en la actualidad, los personajes no tienen demasiadas expectativas, y las que tienen se las tienen que construir a base de sueños. Berlín es un sueño, es una metáfora de la vida que June quiere vivir. En ese sentido, sí creo que puede haber cierta identificación.

Uno de los nexos comunes entre Tamar y tú es que en vuestra filmografía encontramos proyectos muy interesantes, quizás más “profundos” que los trabajos que abundan en los currículos de otros actores de vuestra misma generación…
¿Sí? Pues la verdad es que si te soy sincera y pienso en mi filmografía, hay películas que me hacen pensar “pero, ¿por qué he hecho yo esto?”. Pues uno las hace porque necesita comer. Están las películas que te dan de comer y las películas que haces por placer, por querer contar esa historia. Y tienes que intentar ir poco a poco pudiendo vivir de esta profesión, pero también siendo honesto. Para mí, ser actor siempre ha sido, en cierto modo, intentar cambiar a la gente, provocar algo en ellos. Me parece que la labor del actor no es sólo entretener -que también-, sino muchas otras cosas. Hay que intentar encontrar el equilibro, porque no es una profesión nada fácil ni en la que se pueda elegir, aunque también es cuestión de suerte…

Ya que te has puesto, ¿podrías desmitificar un poco la profesión de actor?
Ser actor es un oficio, como el de un carpintero que va todos los días al taller. O por lo menos, yo siempre me lo he tomado así. Para mí, el éxito es un accidente, no un valor, como decía Roberto Bolaño. El éxito, las alfombras rojas y todo eso, son accidentes. Pero yo no soy actriz para estar en alfombras rojas ni hacerme fotos, principalmente porque tampoco estoy muy cómoda en ese ambiente. Al final, eso de que te pongan guapa y te dejen un vestido es sólo un pequeño regalo que te da esta profesión. Y que evidentemente está bien disfrutar de ello, pero ese no es el fondo de nuestro trabajo ni muchísimo menos.

Hablemos ahora de algo que posiblemente inquiete a mucha gente. No tienes Instagram y, aunque sí tienes Twitter, tampoco tienes una gran actividad en redes. Y esto te lleva a pensar… ¿La rara eres tú o es el mundo el que es últimamente algo extraño?
Para mí es muy buena esta dicotomía. Me parece que uno no puede aislarse del mundo. Uno debe de ser consciente del mundo en el que vive y de cómo están cambiando las cosas, y mantenerse al margen de eso me parece poco inteligente. Por eso tengo Twitter y por eso tengo Facebook. Pero ya me parecía que Instagram era demasiado. Todo el mundo me dice que debo abrirme un Instagram. Yo sinceramente pienso que si me llaman por tener muchos seguidores en Instagram para trabajar, igual es a mí a la que no le interesa trabajar en ese proyecto. Yo quiero que me llamen porque me valoran como actriz. También pienso, ¿y a la gente qué le importa lo que yo esté haciendo? No me doy ese valor, la verdad. Además, una de las cosas que a mí más me gusta cuando veo a las actrices que admiro es imaginarme sus vidas, que haya un cierto misterio a su alrededor. No quiero saber más de ellas, porque yo lo que quiero es que, cuando vea a Julianne Moore en la pantalla, ver cada vez a una persona distinta. No quiero estar pensando en la foto que se ha hecho en la piscina el otro día, porque no me la voy a creer haciendo de Juana la Loca. Hace poco experimenté algo que tenía mucho que ver con esto. Fui a ver una función de Otelo a Londres, y me quedé asombrada con la actriz que hacía de Desdémona, que era de mi edad. Me pareció tan espectacular que la busqué en Twitter. “¡Tendrá muchos seguidores –pensé-, porque es muy buena!”. Tenía trescientos. ¡Y qué más da! Ese teatro estaba lleno y el trabajo que hacía esa mujer era inconmensurable. Yo aspiro a eso. Porque tampoco el hecho de tener muchos seguidores en Twitter implica que tu película vaya a ser un éxito.

Hija de productor y nieta de actriz. ¿Influyó de alguna manera tu familia en tu decisión de dedicarte a este mundo? ¿Hasta qué punto crees que eso puede haberte beneficiado?
Mentiría si te digo que no. De hecho, a veces mi historia me parece un poco aburrida, porque toda mi familia se dedica a esto, ¿qué iba a hacer yo? Podía haber hecho otra cosa, pero desde que era muy pequeña sentía esa vocación. No recuerdo ni el momento en el que dije que quería ser actriz. Me parece que era algo que me venía innato y que hacía sin apenas darme cuenta y de todas las formas posibles: montaba funciones en el colegio, me disfrazaba de todo lo que veía, iba a ver a mi abuela al teatro… La actuación siempre ha estado latente, ha estado ahí, y no sé que hubiera sido de mi vida si no hubiera tenido esta familia. El mayor beneficio que le encuentro a esto es que yo, al contrario que muchos de mis compañeros, no tuve que dar explicaciones en mi casa. En este sentido me siento muy afortunada porque nadie me juzgó por hacer este trabajo, algo que no pasa en otras familias en las que no se respeta demasiado esta profesión.

Porque tú estudiaste una carrera, pero intuimos que por voluntad propia y no porque tu familia te exigiera tener “un plan b”…
Pues sí. El otro día un taxista me dijo que su hijo no sabía que hacer con su vida y que él había pensado que fuera actor. Y yo pensé… ¡Qué sabrá lo que cuesta! ¿Alguien se podría imaginar el trabajo que hay detrás de un actor? No de alguien que tiene uno o dos éxitos, sino de alguien que se dedica setenta años a esto.

Y a día de hoy sigues invirtiendo tiempo y esfuerzo en tu formación, y no sólo como actriz, sino que también has estudiado Filología Inglesa y danza. ¿Dejamos alguna vez de formarnos?
No, yo creo que siempre estás en constante aprendizaje. Lo más interesante de este camino es estar en constante búsqueda y tener muy activa la imaginación. Y para mí, la imaginación se activa descubriendo cosas nuevas. Estar encerrado en casa no te activa la imaginación y no te enfrenta contigo mismo, con tus miedos y con todas las cosas que nos quedan por superar.

Además has hecho talleres con Thomas Ostermeier, Claudio Tolcachir y Kevin Spacey, entre otros. ¿Si le preguntamos por tu nombre a alguno de estos grandes, sabría decirnos quién es Irene Escolar?
¡Espero! No sé si por mi nombre, pero como muchos de estos talleres los he hecho fuera, en la Bienal de Teatro de Venecia, y suelo ser la única española, seguro que si les dices “the spanish actress” sí sabrán quien soy. (Risas)

“Si me llaman por tener muchos seguidores en Instagram para trabajar, igual es a mí a la que no le interesa trabajar en ese proyecto. Yo quiero que me llamen porque me valoran como actriz”.

 

IRENE ESCOLAR

Nació en… Madrid, el 19 de octubre de 1988. Desde pequeña… tenía claro que no quería ser otra cosa que no fuera actriz. Estudió… en la escuela Cristina Rota, pero sigue formándose y estudiando una carrera a distancia. La has visto en… Las ovejas no pierden el tren (2014), Gente en sitios (2013) o Los girasoles ciegos (2008). En su armario abundan… las deportivas. Un sueño cumplido… Vivir de su trabajo. Una fantasía profesional… Dirigir un teatro.

 

SOBRE UN OTOÑO SIN BERLÍN

June (Irene Escolar) es una joven que vuelve por sorpresa a su pueblo natal (Amorebieta, Vizcaya) después de un tiempo en el extranjero. Allí se reencuentra con Diego (Tamar Novas), un escritor muy poco social y un antiguo amor un tanto especial. Juntos se enfrentarán al desencanto y a la falta de expectativas en sus vidas, e intentarán retomar su sueño de juventud de ir juntos a Berlín.

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