Francis Ford Coppola y parte del casting de El Padrino (James Caan, Marlon Brando, Al Pacino y John Cazale).
Francis Ford Coppola y el casting de El Padrino (James Caan, Marlon Brando, Al Pacino y John Cazale)

El pasado sábado, en el Music Radio City Hall de Nueva York, se asistió al reencuentro de todo el elenco de El Padrino: Al Pacino, Robert De Niro, Robert Duvall, James Caan, Diane Keaton y Talia Shire y el director Francis Ford Coppola no faltaron a la cita que conmemoraba el 45 aniversario de la primera parte. Un evento seguido por más de dos millones de personas por las redes sociales y que sirvió de colofón soñado para la última edición del Tribeca Film Festival. Además de anotarse un tanto con una repercusión global recogida por los medios internacionales más prestigiosos, también sirvió para poner de manifiesto el crecimiento exponencial y transversal del certamen más notorio que aloja la ciudad que nunca duerme.

Porque la oferta dispensada en sus nueve días de recorrido no quedó circunscrita al marco de la sala de cine. Sus programadores apostaron por atraer a grandes figuras del séptimo arte y el mundo del entretenimiento como gancho para los Talks y las retrospectivas, así como otorgar un espacio importante a la ficción televisiva con más de quince shows en la programación y cinco premieres mundiales, organizar varios conciertos, apostar por la realidad virtual a través del Immersions (una exposición de experiencias virtuales ubicada en la sede del festival, el Spring Studios), así como multitud de actos paralelos, charlas, Q&A y hasta el levantamiento de la primera edición de un festival paralelo dedicado a los videojuegos, que no hace más que ampliar la experiencia del cinéfilo, espectador o curioso que se acerca a un festival de cine que conversa con el futuro.

Con esta agenda repleta de marcas en rojo resulta difícil, a priori, lanzar algún reproche a la organización y a sus programadores. Sin embargo, la exposición que consigue este festival atrayendo a las grandes estrellas, sigue manteniendo un acusado desequilibrio en comparación con la calidad de las películas presentadas. Un año más, encontrar alguna obra sugerente y de largo recorrido entre la sección cinematográfica no fue una tarea fácil. Mayor interés se volvió a reservar para sí la parcela documental, pero Tribeca sigue cotizando alto por sus actos paralelos y galas especiales más que por la mera programación en sí. Estas son algunas de las claves de su última edición.

 

LA COMEDIA SE IMPONE AL DRAMA

Los títulos más reconfortantes y aplaudidos de lo visto durante los nueve días pertenecen a la comedia. El festival brindó al menos tres jornadas de altura alrededor de este género. Dos cómicos compitiendo en comicidad, un viaje por la España recóndita y manjares de nuestra gastronomía son ingredientes más que suficientes para que Michael Winterbottom cocine una de las películas más desternillantes de la temporada. The Trip to Spain amplia los resortes de la saga protagonizada por Steve Coogan y Rob Brydon hasta dejarlos en cotas de hilaridad difíciles de igualar. Se queda cerca el francés Guillaume Canet con Rock’n Roll, un inspirado ejercicio de autoparodia en el que el actor y director francés encarna una versión de sí mismo entrando en una crisis de la mediana edad de consecuencias inesperadas. Una divertida obra sobre el peso de la fama, el drama de envejecer entre los que viven de su rostro y cuerpo, con un acertado cambio de roles entre hombre y mujer sobre el lugar al que puede conducir la locura del envejecimiento.

Guillaume Canet y Marion Cotillard en un fotograma de ROCK'N ROLL © Jean Claude Lother
Guillaume Canet y Marion Cotillard en un fotograma de ROCK’N ROLL © Jean Claude Lother

Sin la misma repercusión de 24 carcajas por segundo que las dos citadas, el cineasta independiente Azazel Jacobs se apunta un notable triunfo con The Lovers, una comedia romántica madura alrededor de una pareja que tras diez años de matrimonio vive en la más absoluta apatía, a la que intentan poner distancia con sendas aventuras sexuales con sus amantes. Un tono agridulce, una puesta en escena sobria y clásica, un verismo que aflora desde las miradas, los silencios y los diálogos, y la excelente química entre la pareja protagonista (interpretada por Debra Winger y Tracy Letts) son los elementos que dotan de consistencia este adorable film cuyo visionado se disfruta como un buen vino de múltiples capas de sabor.

En territorio dramático aportaron cierto nivel Thirst Street (un thriller pasional inspirado en los thrillers eróticos europeos), el giallo y el cine de Polanski y Fassbinder. El filme pone el foco en la relación obsesiva de una azafata de vuelo norteamericana instalada en París con un camarero que conoce una noche en un cabaret. También despertó sentimientos, siempre oscilando entre el asombro, la perplejidad y la incomprensión, la estrafalaria November, un relato folclórico ambientado en la Estonia del siglo XIX. Rainer Sarnet bascula entre la fantasía y el humor para encuadrar unas imágenes vibrantes y estimulantes, entre la animación surrealista de Jan Svankmajer y las atmósferas densas y sucias en blanco y negro de Hard to be a God del ruso Aleksei Yuryevich German.

Lindsay Burdge como Gina en Thirst Street © Sean Price Williams
Lindsay Burdge como Gina en Thirst Street © Sean Price Williams

 

LA AMÉRICA DE TRUMP

Pese a que Donald Trump cumplió justo sus primeros cien días en la posición política más poderosa del planeta el pasado sábado, siendo aún pronto para cerciorar lo marcado de su sombra en la cultura del presente, el Festival de Tribeca empezó a dibujar las primeras líneas, tanto en ficción como en documental, sobre el peso y la influencia de la era Trump. Por ejemplo, su presencia (en campaña electoral) se masca –explícitamente- como un elemento incipiente en el viaje hacia la locura del personaje central de Tilt, un filme sobre el despertar maníaco de un joven de clase media viviendo en LA. Aunque más abundantes han resultado los diferentes retratos de la América que auspició la elección del actual mandatario. Por ejemplo, en el documental No Man’s Land, de David Byars, se explora el enfrentamiento que tuvo lugar en Oregón el pasado año entre milicias y simpatizantes del alt-right contrarios al establishment, los residentes cercanos a esa reserva federal tomada por estos individuos armados hasta las cejas y las fuerzas del orden encabezadas por el FBI. Un angustioso recorrido por esas tensas horas entre bandos enfrentados en un territorio sin ley, a la usanza del período en que se cimentó parte de la identidad del país del dólar. En una esfera parecida a la de esos personajes que abogan por suprimir las instituciones estatales y gubernamentales, se encuentra el personaje sobre el que gira el documental A Gray State, un ex militar casado y con una hija, volcado en la dirección de un largometraje que plantea una revolución civil en los Estados Unidos. Un proyecto truncado por el espeluznante asesinato de su artífice y su familia bajo extrañas circunstancias. Otro macabro suceso en la América profunda que pone de manifiesto las fragilidades mentales de muchos combatientes en las últimas guerras en las que ha participado el país de las barras y estrellas. O directamente el trazo paralelo que los directores Sierra Pettengill y Pacho Velez, mediante horas en los archivos de vídeo, construyen entre la administración de Ronald Reagan y la actual en The Reagan Show. Trabajo que pone el acento en las prioridades del antiguo mandatario, sus devastadoras políticas camufladas por risas e interpretaciones propias de un actor convertido en político, así como la tensión con Rusia y su relación con Gorbachov.

Joseph Cross como Joe Burns en un fotograma de Tilt © Alexander Alexandrov
Joseph Cross como Joe Burns en un fotograma de Tilt © Alexander Alexandrov

 

SIRIA, ISIS Y RODNEY KING

La parcela documental ha sido la que ha provocado una cascada de sinapsis durante las pasadas jornadas. Las temáticas más recurrentes han incidido donde se pone el foco mediático del presente. Dos documentales, Hell on Earth: The Fall of Syria and the rise of ISIS, de Sebastian Junger y Nick Quested; y City of Ghosts, de Matthew Heineman, han abordado las masacres del ISIS en territorios bajo su influencia. Otro tema de rabiosa actualidad durante los días de festival fue el 25 aniversario de los escalofriantes disturbios de Los Ángeles tras la paliza impune a Rodney King. Una escalada de violencia y tensión que los directores Dan Lindsay y TJ Marin recogen en la desgarradora y contundente LA 92, una de las múltiples obras por llegar alrededor de esos hechos que sacudieron la ciudad californiana.

 

CHARLAS Y ENCUENTROS DE PESO

Como se apunta en la introducción, lo más impagable e inspirador que deja este festival de cine son las charlas y galas especiales. A la mencionada de El Padrino se sumó la de los supervivientes de Reservoir Dogs 25 años después de su estreno. Tarantino, Tim Roth, Michael Madsen, Steve Buscemi y Harvey Keitel repasaron la preparación y gestación de esta película clave de los 90, así como la construcción de sus icónicos personajes, dejando interesantes anécdotas como cuando Tarantino indicó que Wes Craven fue una de las cinco personas que abandonó la sala durante la proyección de su ópera prima en el Festival de Sitges, o que Tom Waits asistió a una de las audiciones para uno de los papeles. Las charlas posibilitaron simbiosis inesperadas: Bruce Springsteen con Tom Hanks, Barbra Streisand con Robert Rodríguez, o Iñárritu con Marina Abrámovic, pero servidor se queda con el que tuvo el placer de poder asistir: el del legendario Dustin Hoffman conversando con el director que lo ha dirigido recientemente, Noah Baumbach. Una cálida conversación a través del cine del segundo, su manera de trabajar, su exigencia por respetar al máximo el guion, todo ello condimentado con la presencia, el humor, la sabiduría y la humildad y agradecimiento sincero del de El graduado.

Fotograma de Reservoir Dogs
Fotograma de Reservoir Dogs

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