El Tribeca Film Festival ha concluido con un balance desajustado en cuanto a la programación ofrecida pero con óptimos resultados si se valora la asistencia y las cifras globales. Una catorceava edición que dio cabida a más de 138.000 asistentes a lo largo de 12 días, algo más de 467.000 si sumamos los paneles, charlas y exposiciones organizadas durante las distintas jornadas. Sin embargo el sabor no fue del todo satisfactorio con lo dispuesto en sus proyecciones. Una modesta sección de ficción, especialmente en lo que concierne a las películas en competición donde se impuso Men go to battle, y que de algún modo lastraron las gratas sensaciones deparadas por el lote de los documentales. De todo lo visto, lo que sigue es lo más preciado que un servidor pudo llevarse a las retinas.

 

HYENA >> GERARD JOHNSON

El segundo largometraje de Gerard Johnson supone un viaje al infierno que yace bajo las grandes ciudades guiado por un alma nihilista que se debate constantemente entre el bien y el mal. Un relato negro, negrísimo, alrededor de comisarias infestadas de corrupción y violentas mafias del este que arraigan por el noroeste de Londres. El pulso que imprime Johnson en la dirección es furibundo, crudo, sin concesiones, con un detalle por la violencia explícita que marea y provoca náuseas. Una de esas películas, con una atmósfera asfixiante, con personajes abocados a un precipicio de drogas y violencia, y una historia que transcurre por pantalla a un ritmo avasallador, dejan al espectador sin aire, como si le hubiera golpeado con una barra de hierro en todo el estómago. Pensad en Promesas del Este y Teniente corrupto, y decidid si estáis dispuestos a dar ese tour por el Londres menos turístico.

 

TRANSFATTY LIVES >> PATRICK SEAN O’BRIEN

El autorretrato es una modalidad del documental que se ha explorado con cierta frecuencia en los últimos años, especialmente en producciones más modestas. Sin embargo, el que sirve Patrick Sean O’brien para narrar el vía crucis por el que pasa desde que le diagnostican Esclerosis Lateral Amiotrófica se encuentra entre los más emotivos e inspiradores. Lejos de encerrarse en el drama alrededor de todo el deterioro físico, la obra de O’brien, impulsada por su vitalista, descarada y, hasta cierto punto, canallesca y gamberra, se erige como un canto optimista, a ratos incluso disparatado y repleto de humor, el que logra sonsacar O’brien de las penurias, y con el que suaviza los clímax dramáticos propios de las diferentes fases de la enfermedad. Una actitud inusual y regeneradora que contagia al espectador sin remisión.

 

THE OVERNIGHT >> PATRICK BRICE

La comedia fue el baluarte más fiable durante el transcurso del certamen. Una de las piezas más desternillantes fue esta obra proyectada previamente en el Festival de Sundance que tiene lugar prácticamente en un solo escenario, durante una sola noche, alrededor de las enrevesadas relaciones de cuatro personajes. Dos parejas, una de ellas recién mudada a LA, que pasan una velada en la lujosa casa de la otra pareja hasta que las cosas se empiezan a ir de madre a medida que el alcohol y la marihuana avanzan, momento en que los anfitriones empiezan a tensar la cuerda de la confianza con sus huéspedes. Más allá de la perfecta química existente entre el combo protagonista, la película de Patrick Brice destaca por el descaro con el que aborda ciertos tabúes sexuales rígidos dentro del esquema de la comedia norteamericana –incluso la indie–, jugando con ellos y moviendo sus límites hasta alcanzar una mezcla que resulta hilarante, divertida, insolente y atrevida.

 

COCODRILE GRENNADIY >> STEVE HOOVER

El nuevo trabajo del realizador Steve Hoover es de los que quitan el aliento y no resulta fácil luego recomponerse del impacto. Una convulsión que llega de primeras de la mano de este singular y carismático personaje que sigue la cámara: un cura fornido con aspecto de militar que se dedica a erradicar la lacra de la droga en las calles de Mariupol, presionando a los camellos y sacando a los drogadictos de ese ambiente para internarlos en su centro de acogida de menores. Pese a sus métodos poco ortodoxos, la misión de este cura es recuperar el lado amable de la vida para estos adolescentes golpeados por la vida. A través de estos somos testigos de los dramas humanos detrás de unos rostros que no pueden ocultar una alma despedazada. Pero la historia avanza, y ante el devenir inesperado de las circunstancias, el relato cobra un rumbo inesperado con el estallido de los últimos acontecimientos que han marcado Ucrania, así como el posterior conflicto con el gigante vecino. Una pieza demoledora, contundente, en la que Hoover se contagia del ambiente irrespirable y tóxico de la ciudad ucraniana y se lo traspasa al espectador en un trance que no va a resultar digerible para el estómago sensible.

 

HUNGRY HEARTS >> SAVERIO COSTANZO

Imposible de entrever los caminos que recorrerá el largometraje del italiano Saverio Costanzo cuando decide arrancar con una desternillante secuencia en la que sitúa a los dos protagonistas en una incómoda situación en el baño de un restaurante chino. Un encuentro que dará pie a un romance, una boda y, ya meses después, un primer retoño. La llegada que provocará un giro rotundo a sus vidas, especialmente la de una madre que se vuelve obsesiva hasta lo irracional con la salud de su hijo, hasta poner a este en una situación de peligro. El trabajo será del padre para hacer recapacitar a una mujer que cambia el carácter prácticamente de la noche al día tras dar a luz. Y con ello, el relato muta de género, convirtiéndose en una pesadilla real, en un turbulento episodio de terror psicológico donde el mal habita en la mente de esta madre abnegada por el cuidado extremo. Costanzo cambia los raíles de manera ejemplar, con una ejecución modélica del formato, las lentes, la fotografía y especialmente impulsado por el mayúsculo trabajo de él, Adam Driver, como especialmente de ella, Alba Rohrwatcher, ambos premiados en Venecia por sus interpretaciones. Hungry Hearts puede entenderse como La semilla del diablo del S. XXI y sin necesidad de introducir ningún elemento fantástico o paranormal, todo mediante un terror real que invade de angustia y escalofríos la hora y media de visionado.

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