The Smiths
The Smiths

A treinta años de su disolución, resulta verdaderamente excepcional que, en estos tiempos de frenética reevaluación, sea la primera vez que un disco de The Smiths sea objeto de una reedición con extras y material inédito. Si, aún por encima, el disco señalado para vivir dicha resurrección resulta que es “The Queen Is Dead”, las ansias por revivir la senda de los Johnny Marr y compañía se hace todavía más irresistible. No olvidemos que, discusiones aparte, nos encontramos ante la cima creativa de la banda pop más relevante de los 80.

De debuts como “The Smiths”, tan abiertos a romper con la progresiva degradación del stadium pop promulgado por Simple Minds o Tears For Fears, a una obra de rutilante experimentación como lo es “Strangeways, Here We Come”, su canto del cisne, el lustro de creatividad perenne vivido por los cuatro de Mánchester sigue refulgiendo como el más exultante y revelador que se recuerda desde los años de gloria de los Beatles en la segunda mitad de los sesenta. Al igual que ha sucedido con los hijos pródigos de Liverpool, el grueso de su influencia (casi) siempre ha caído dentro de los cauces más obvios: los limitados a los recursos melódicos. En el caso de los Smiths, dentro de una patente jangle pop certificada en la parcela anorak pop del C86, y en todas sus subsiguientes ramificaciones: del noise-pop rabioso de The Wedding Present a los caramelos endulzados por La Buena Vida en sus comienzos. Por supuesto, estos son únicamente dos ejemplos de una influencia que, a mediados de los 80, ya era viral. Como es de suponer, nunca jamás ninguno de los abstraídos hacia sus habilidades pudo hacer frente o mirar de tú a tú al legado sembrado por los Smiths.

Portada del disco "The Queen Is Dead" de The Smiths
Portada del disco “The Queen Is Dead” de The Smiths

Más allá de resultar una tarea abocada al fracaso intentar alcanzar la brutal ironía de letras como Heaven Knows I’m Miserable Now o igualar los efectos epidérmicos de la guitarra de Johnny Marr en The Boy With the Thorn in his Side, lo que la mayoría siempre ha pasado por alto es que, detrás de tan majestuoso surtido de estribillos atrapa-corazones y melodías para toda la vida, se escondía un brutal trabajo de fondo en cada canción. Pura espeleología como lo de casar bases hip hop y sample a lo Creedence Clearwater Revival en How Soon Is Now o en la base marcial disco sobre la que fueron alambicadas cortes como Barbarism Begins at Home y The Queen Is Dead. Adentrarse en cada una de las creaciones que habitan el universo Smith es hacerlo dentro de una monumental reescritura de la historia del pop. Un gran meridiano desde el que el british folk es capaz de bailar sobre el groove funk heredado de Nile Rogers y el exabrupto punk explotar en un estallido rockabilly de magnética intensidad armónica.

Portada del single The Queen Is Dead de The Smiths
Portada del single The Queen Is Dead de The Smiths

De tan profusa, y milimétrica confusión, se nutre su majestuoso crisol de esfuerzos melódicos. Unos tan memorables que siempre han dejado en segundo, o tercer plano, cualquiera de sus filigranas integradoras. Dicha exaltación de sus poderes primarios y no tan visibles son los que hacen de “The Queen Is Dead” un reflejo elocuente de lo que veinte años antes significaron el “Revolver” de los Beatles y el “Pet Sounds” de los Beach Boys: artilugios de lustre y resonante expresividad pop, construidos sobre una red de descubrimientos tan brillante y sutil que parecían haberse adelantado un par de décadas a su fecha original. El rastro postergado por ambas ruedas en la evolución del pop fue el punto desde el que, a su inconfundible manera, los mancunianos llegaron incluso más lejos que sus referentes de los sesenta. Quizá porque su campo de acción resultaba más amplio -con veinte años más de historia pop de los que echar mano- o porque canciones como Frankly, Mr. Shankly o la titular del álbum siguen albergando más ideas y soluciones que el 99% de las trayectorias de los primeros espadas de las ligas regias del pop. Por ello y por la posibilidad de conocer un poco más del proceso creativo del que sigue siendo piedra roseta en la evolución de la música popular a lo largo de estas tres últimas décadas, dejar pasar la oportunidad de (re)descubrir sus valores jamás se podría entender como una opción viable.

El 20 de octubre Warner publica la reedición de “The Queen Is Dead”.

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