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¿Hay alguien que, de verdad, no haya visto la primera temporada de Stranger Things? Sinceramente, por momentos, se hace difícil calibrar las razones por las que un producto tan enfocado en una estética concreta pueda haber tenido tanto éxito; en el caso de la primera temporada, una enfatizada por sus recurrentes conexiones a 1982, el año del “Thriller” de Michael Jackson, pero también de E.T., el extraterrestre, película con la que las semejanzas se hacen tan evidentes como las que, en su momento, tuvo Súper 8 de J.J. Abrams, una especie de borrador de lo que luego sería esta serie.

Guiño a Los cazafantasmas en la próxima temporada de Stranger Things
Guiño a Los cazafantasmas en la próxima temporada de Stranger Things

La obsesión con todas aquellas películas teenagers de aventuras, como también lo fueron Los Goonies -cuyo protagonista, Sean Austin, aparecerá en esta segunda temporada- se ha convertido en el gancho más lucrativo de estos días: la nostalgia de todos los que hemos vivido nuestra infancia y adolescencia en los 80. Ya se sabe, perfil de 35 a 50 años, una generación propensa al consumo de todo lo que le siga reconectando sus años de experiencias primerizas con la que, sin lugar a dudas, es la década más entrañable (y lucrativa) del siglo pasado.

Para seguir exprimiendo el filón, no podían faltar nuevos anzuelos que reafirmen el salto temporal ideado, como lo será la entrada en escena de Los Cazafantasmas; sin duda, la película más icónica de 1984, año en el que comienzan la nueva remesa de episodios. Ya no es sólo la estética perfectamente diseñada de aquellos primeros 80 -esas bicis gigantescas, los guiños a peli de instituto, con su estrella y el chico acomplejado del que todos se ríen y que también está enamorado de la chica del rey del instituto-. Stranger Things es un gran tobogán hacia esa infancia olvidada, esa inocencia, pero también el efecto contraste entre nuestra generación aislacionista de internet y aquellos arcades y juegos de mesa tan típicos para sacar la excusa con la que poder ir a jugar a casa del vecino, al que le compraron el barco pirata de Playmobil que no te regalaron por Navidad.

De vuelta a E.T., el extraterrestre
De vuelta a E.T., el extraterrestre

El arsenal de anzuelos para trasladar al público a la ficción de aquellos años es tan poderoso como perfectamente maquinado. No es casualidad que el juego de rol al que dedican sus horas de ocio sea Dungeons & Dragons ni que existan multitud de guiños a El señor de los anillos. Detalles como estos son elocuentes a la hora de determinar las intenciones de una serie que, en realidad, funciona como un gran mapamundi donde todas las localizaciones nos transportan a momentos pasados tallados a piedra en nuestra memoria evasiva, como La cosa, Alien: el octavo pasajero o Poltergeist -por cierto, todas películas de 1982-, a ritmo de score totalmente influenciado por las bandas sonoras synth minimalistas que John Carpenter compone para sus películas. Y ahora, que tire la primera piedra quien pueda desengancharse de semejante aluvión de invitaciones a rememorar sus meriendas con Bollycaos y Tangs naranja. Yo no, por lo menos.

La segunda temporada de Stranger Things llegará el 31 de octubre
a través de Netflix.

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