Dentro del mundo de las artes, el metal había sido considerado como un material de segunda clase hasta que, en la Primera Revolución Industrial en el siglo XVIII, Abraham Darby utilizó coque para producir hierro y, en el s.XIX, el proceso de Bessemer, hizo posible la producción masiva de acero.

Dejando a un lado su historia y sus orígenes, sí que es cierto que en el arte contemporáneo el metal, el acero y sus variantes han sido vistos con cierta reticencia y ojos suspicaces, quizás por ser un material muy frío o quizás por ser un material que, a priori, no sonsaque ninguna empatía ni  transmita ninguna calidez.
Por todo ello siempre es bonito, bueno y agradable que alguien rompa nuestros esquemas preestablecidos y nos haga replantearnos lo que nos rodea. Este es el caso del artista coreano Seung Mo Park.
Las esculturas y retratos de Seung Mo Park, realizadas completamente en acero, materializan y representan a la perfección la idea de que un material frío y secundario como puede ser el acero, es capaz de transmitir cercanía y algo tan humano (y alejado del mundo maleable y dúctil) como son los sentimientos.

Sus esculturas realizadas en fibra de vidrio, que después cubre con capas de acero, son una preciosa y delicada oda al hiperrealismo más vanguardista y contemporáneo. Sin embargo, su representación de la realidad no se queda sólo en el mundo figurativo de las esculturas sino que sus cuadros, en los que no utiliza ni un solo pincel, son realizados por la superposición de capas de mallas de acero.

Aunque en un primer momento visualizar la idea de que una malla gris inerte pueda representar cualquier tipo de realidad es algo casi impensable, cuando se echa un vistazo a todo su imaginario queda más que demostrado que la sensibilidad, si realmente se tiene, puede ser transmitida y expresada de una forma única con cualquier material que se tenga a mano.

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