Sete González en su estudio junto a algunos de sus trabajos más recientes 

LO QUE CAMARÓN, DALÍ Y UN SKATER TIENEN EN COMÚN Y NO SABE

Advertencia: puede que tu percepción del surrealismo cambie después de leer esta entrevista. Que la imagen de un skater arrancándose entre quejíos por Camarón en lugar de vocear letras de rap pase a ser concebida por tu mente como algo de lo más racional. O que descubras que ya no hay genios ni artistas como los de antes a pesar de que muchos de los de ahora, en cuestiones de ego y megalomanía, superan al portador del bigote surrealista más parodiado de todos los tiempos. Es todo un placer entrar en el peculiar universo de Sete González, ilustrador polifacético y, sobre todo, apasionado de sus pasiones (he aquí el factor común entre los tres –con sete, cuatro- sujetos del subtítulo). Un mundo en el que el flamenco, el skate y la pintura confluyen dando lugar a un único concepto: arte.

“No me considero un artista. Me considero un obrero del lápiz”

Ilustres Quijotadas es un proyecto personal de Sete en el que ilustra los doce mejores pasajes de Don Quijote de la Mancha en un estilo surrealista y fantástico que realza la personalidad delirante, psicópata y caballeresca del protagonista.

 

Todo comenzó en la plaza de Colón. “Empecé a patinar con doce años y ahora llevo casi treinta. Si soy lo que soy es gracias al skate”, asegura Sete. Su segunda filia, el flamenco, viene también de su infancia. “En mi casa siempre se ha escuchado canto flamenco”, confiesa. De ahí que comprarse un cajón, dar clases y empezar a tocar con sus amigos después de las sesiones de patinaje, fuese algo casi inevitable. Lo suyo con el dibujo vino algo más tarde, consecuencia de cambiar el bullicio madrileño por una casita gaditana. El resto de la historia, nos la cuenta él mismo:

¿Qué te llevó a cambiar tu casa en la capital por una al sur de España?
Mi chica y yo ya teníamos ganas de un cambio, siempre íbamos a Cádiz de veraneo y decidimos irnos para allá. Yo no sabía lo que me iba a encontrar allí y finalmente me cambió la vida. De hecho me dedico a la ilustración por eso. Allí tenía yo una cabañita, y tenía tanto tiempo libre y tanta vida contemplativa que me dio por pintar mis propias locuras autodidactas. Un amigo mío vio un anuncio en un periódico local sobre un concurso de carteles de carnavales. Me trajo un lienzo, un caballete, unos acrílicos y me dijo que me apuntara. Total, que quedé segundo. Después llegó otro amigo mío, Julián Lorenzo, que es cantaor, skater e ilustrador -está igual de loco que yo (Risas)-, y me recomendó que saliera de allí y me formara como ilustrador. Y eso hice, volví a Madrid y me metí en la escuela.

¿Hasta qué punto es importante la formación en tu profesión?
Hay mucho debate en torno a esto, pero yo creo que formarte en una escuela es muy importante. Hoy en día hay muchos tutoriales y cosas en redes e Internet, pero necesitas una escuela. Ya no sólo por lo que te enseñan sino por ese ambiente, esa disciplina, eso de tener que entregar tus trabajos, tener tu carpeta…

¿Y cuál es la diferencia entre arte e ilustración?
Hace ya tiempo que yo me he rendido al arte, porque directamente no lo entiendo. Voy a una exposición de estas tipo Arco y no sé… Quizás el arte es más conceptual, cada uno puede ver una obra con los ojos que la quiera ver y sacar diferentes conclusiones. En cambio, una ilustración te tiene que dar rápidamente una idea de lo que estás viendo.

Describes tu estilo más personal como “surrealismo fantástico”…
Es una pintura realista a la vez que imaginaria, una mezcla entre realismo y cómic. Es lo más personal que hay en mi trabajo, mi estilo más “daliniano”. Para mí, igual que la música es Camarón, la pintura es Dalí. Creo que era una persona que reunía todos los requisitos para ser quien fue. Dibujaba a la perfección, modelaba las formas, tenía una técnica impecable de la luz y de la sombra… Era un genio y, para los que nos gusta, un artista inalcanzable a día de hoy.

¿Ya no hay artistas como los de antes?
Yo creo que los artistas de antes eran unos pedazo de artistas. Yo no me considero un artista, me considero un obrero del lápiz. Ahora muchos se consideran artistas por cualquier mínima cosa que hagan. El egocentrismo está a la orden del día. Yo simplemente soy un currante.

¿Favorecen las redes sociales ese egocentrismo?
Ahora mismo, tantos me gustas tienes, tanto vales. Es algo que nos está tocando mucho la fibra tanto a mí como a compañeros míos de profesión. También en vuestro campo, el periodismo, el rollo blogger está haciendo mucho daño. No puedo entender que a una persona que escribe en un blog le paguen seis mil euros por ir a un desfile cuando hay escritores a patadas que tienen sus libros en un cajón y nadie se los publica.

Lo más surrealista de tu vida…
Yo mismo. Y de lo que me rodea, todo el tiempo en el que vivimos. Todo el querer ser algo que no eres, todo el rollo de las etiquetas, del personaje que se crea cada uno… Todo eso me parece súper surrealista.

Siendo otra parte de tu estilo muy cercana al street art, ¿nunca te ha dado por el grafiti?
La verdad que no. Tengo amigos grafiteros, pero no es algo que me haya llamado la atención. Lo que sí me gusta es el hecho de ilustrar haciendo grafiti, plasmando en un muro lo mismo que puedes hacer en un lienzo o una pantalla. Soy más de esa gente, como por ejemplo Belin, un artista hiperrealista que hace maravillas.

Permítenos un tópico: grafiti, ¿arte o vandalismo?
Si lo que se hace es algo bonito y gustoso, creo que hasta de primeras te lo van a respetar más en la calle. Lo que no entiendo es eso de pintar un tren lleno de filigranas y de firmas. Para mi gusto, visualmente es feo, aunque respeto todas las disciplinas.

“La parte de mi obra a la que llamo surrealismo fantástico es mi estilo más daliniano.
Para mí, igual que la música es Camarón, la pintura es Dalí”

En la ilustración de moda, bastante diferente a tu estilo, también te desenvuelves estupendamente…
Mi chica es estilista, así que siempre he visto muy de cerca todo este rollo de las modelos, las pasarelas, las it girls… Este tipo de ilustración, aunque es algo más comercial, me gusta, disfruto haciéndola e intento llevármela siempre un poco a mi terreno, dándole ese toque más “comikero”. Sobre todo la hago por que me llena, y si de paso le puedo dar una pequeña patada a la moda, pues también se la doy.  

Eso mismo haces en tu línea de camisetas What The Fuck is Fashion? Háblanos de este proyecto.
Su propio nombre lo dice, ¿qué coño es moda? Hoy en día todo es un poco abstracto en este aspecto. Todo parece muy bonito, muy guay, pero hay mucho narcisismo y mucho postureo. Hasta iconos como Kate Moss tienen sus depresiones, sus terapias, sus problemas con sustancias ilegales… De ahí surge un poco el concepto. Las colecciones constan de diferentes personajes famosos: modelos, it girls, fotógrafos, diseñadores… Trato de llevármelos a mi terreno más caricaturesco, acompañados de mensajes con doble sentido que dan un poco de caña al mundo de la moda.

En cuanto al humor y el sarcasmo en las viñetas… Realmente, ¿es fácil hacer reír con un dibujo?
Si tú, como autor del dibujo, mientras estás trabajándolo ya te despierta una risa, quien lo vea es muy posible que lo vaya a entender y se vaya a partir el culo. Por ejemplo, (señala una ilustración colgada en la pared) esa de John Galliano en la que sale haciendo un gesto nazi y diciendo: Hi Hitgirl! (Risas). No es fácil, las ideas vienen y van, pero si estoy en la cama y me viene una idea buena no dudo en levantarme para escribir o hacer un boceto rápido.

Y el estilo de ilustración más erótico o pin-up, ¿por qué te decantas por él?
Más que pin-up, lo llamo “chicas frescas” (Risas). Decido acercarme a él porque me flipa dibujar la anatomía, tanto la masculina como la femenina, pero sí es verdad que la femenina me encanta, como hombre y como dibujante. Somos un poco como cirujanos del dibujo. Le puedo poner lo que quiera, quitarle lo que quiera… y es bastante divertido.

La ilustración en España…
Está bastante limitada con el tema de la crisis. Yo siempre digo que igual que nosotros necesitamos a las editoriales, a las marcas o a las agencias de publicidad, ellas también nos necesitan a nosotros. Lo que pasa es que muchas veces no está valorado nuestro trabajo. Aquí hay tres o cuatro referentes que son los que más curran. También te puedo hablar de algo que ya he asumido pero que me ha tocado bastante la fibra, y es el bombo que se le da a ciertos ilustradores y dibujantes sin formación que, con todo este rollo moderno/hipster, hacen cuatro garabatos y están en lo más alto, menospreciando y dejando a un lado a personas que realmente son la hostia. Intento no fijarme mucho en esto e ir un poco a mi bola. Para mí, el mayor referente a nivel nacional es Fernando Vicente. Él sí que está posicionado y le han dado lo que merece porque realmente lo vale.

Entrar en el circuito expositivo: ¿fácil, difícil, imposible…?
Hoy en día eres un artista autodidacta, pintas cuatro tablas, tienes un amigo que tiene un bar y ya puedes hacer una exposición. Es bastante relativo todo esto. Lo que es difícil es exponer en una buena galería de arte, que es lo que yo quiero conseguir. Porque sí que me han llamado de tiendas y bares, y yo sinceramente no quiero exponer en estos sitios. Busco llegar a otro tipo de público, no busco la expo con la post party, ni al dj pinchando.

Digital vs. papel…
Siempre, para empezar, utilizo lápiz y papel, independientemente de la técnica que vaya a utilizar después. Sí es verdad que lo digital abrevia los tiempos. Ahora mismo, en esta profesión tienes que controlar todo tipo de técnicas. Eso sí, si tengo que quedarme con algo, me quedo con el lápiz seguro.

¿Y qué hay de dibujar con un briefing? ¿Cómo es trabajar para marcas?
En mi caso, en casi todos los trabajos para los que me han contratado me han pedido que mantenga mi estilo. En ese sentido tengo suerte, pero el briefing está ahí y te tienes que adaptar a él. También creo que, como dibujante, no te puedes encasillar sólo en una cosa. Necesitas tener cierta versatilidad a la hora de adaptarte a diferentes tipos de encargos.

Y ser freelance es…
Muy sencillo: si curras, ganas; y si no… (Risas). De momento lo llevo bien. Trabajo en mi casa, que es un gusto. Me pongo mis tiempos, mis plazos, mis descansos… De momento no me veo en una oficina bocetando sólo para una marca, una editorial o una agencia de publicidad. Prefiero andar un poco a mi bola e ir trabajando en todo tipo de propuestas.

¿Escuchas música mientras dibujas?
Me encanta el flamenco, pero quizás para enfrentarme a un folio en blanco prefiero el jazz, me relaja más y no me hace tener que dar una palma (Risas). En cuanto a artistas, me gusta John Coltrane, Charlie Parker o latin-jazz como Michel Camilo o Paquito D’Rivera. Y de flamenco, desde Paco de Lucía hasta Camarón o Enrique Morente.

Próximos proyectos…
Por un lado, mi próxima colección de What the Fuck Is Fashion?, que es algo bastante atemporal. Por otro lado, Ilustres Quijotadas, un proyecto personal sobre el famoso Don Quijote de la Mancha, un libro ilustrado dirigido a un público juvenil-adulto. Pero lo que más me pone y a lo que tengo más ganas de darle caña es una expo de Camarón, más que como mito o artista, como persona, sobre cómo era José Monje. Es un recorrido visual de quince piezas que trata eso: cómo se sentaba en la silla para cantar, cómo vestía, sus gestos al fumar… Y al que pretendo añadir una pincelada de flamenco en directo.

“Lo más surrealista de mi vida soy yo mismo, además del tiempo en el que vivimos.
Todo el querer ser algo que no eres, las etiquetas y el personaje que se crea cada uno”

Sobre estas líneas, una de las obras para la exposición de Camarón,
sinergia entre dos de las pasiones artísticas de Sete: la pintura y el flamenco.
Trabajada en técnica mixta sobre soporte de madera.

En exclusiva para TENMAG, este regalazo de Sete. Ilustración trabajada en técnica mixta
con acuarela líquida, tintas, acrílico y lápiz. Inspirada en algunas de nuestras portadas más recientes.

 

Acerca de SETE GONZÁLEZ

Dibujante, músico y skater. Incluso hizo también sus pinitos como empresario al convertirse hace años en socio fundador de Cabra Skateboard, la primera marca de ropa de skate hecha por madrileños y que, aún hoy, muchos recuerdan. Actualmente, vive en Madrid y compagina sus trabajos como ilustrador con el resto de sus aficiones. Su obra, irónica, sarcástica y dividida en diferentes estilos, tiene un marcado carácter personal. Si lo buscas, encuentras un pedacito de Sete en cada una de sus obras.

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