Fotografía MARÍA DE MIGUEL ALTISENT Estilismo JORGE OLMEDO
Maquillaje y peluquería ANDREA VILLALOBOS MUÑOZ (Corta Cabeza Creative Team) con productos Sebastian y Mac SANTI MARÍN (Actor) representado por Kuranda

Uno más en la familia, pero no uno cualquiera. Santi Marín (Valladolid, 1983) es una de esas personas que, cuando llega, es para quedarse. Más de una década lleva persiguiendo sueños y cosechando logros sin dejar de tener los pies en la tierra. Entusiasmo, pasión por lo que hace y una buena dosis de “pico y pala” le han llevado a convertirse en una de las caras más familiares de la pequeña pantalla (ahora puedes verle cada martes en Olmos y Robles, la nueva apuesta de ficción en prime time de RTVE). Ya nos acompañó en 2010 como parte de uno de los reportajes de nuestro especial 15 aniversario. Cinco años después, seguimos creciendo con él. La familia es para siempre.

¿Podemos hacer una saltando?”, sugiere Santi ante la cámara. No le falta un pelo de razón cuando sentencia que no puede estarse quieto. Pero Santi es inquieto en la mejor acepción del término, aquella que incita a absorber retos y superar metas. Aquella que proyecta una sonrisa continua –y altamente contagiosa- en su cara. Una paradójica inquietud que provoca en los demás una calma casi adictiva. Mucho tiene que ver en esto esa cualidad que, al contrario que otras, menos se tiene cuanto más se ansía: la humildad. Él la conserva intacta a pesar de llevar años entre focos y alfombras rojas.

¡Hace cinco años celebramos contigo el 15 aniversario de TENMAG! Mucho ha llovido desde entonces… ¡Ponnos al día!
¡Cinco años dan para mucho, sí! He hecho la serie Imperium, he estado estudiando y trabajando en Buenos Aires, he hecho teatro aquí… Pero la verdad es que han pasado muy rápido. A nivel más personal, también ha cambiado mucho la percepción que tengo de esta profesión, lo que quiero y lo que espero de ella. Siempre he tenido claros los objetivos, pero estando fuera de España me he dado cuenta de que no puedes estar siempre esperando a que te llamen. Hay que estar siempre generando cosas. En Argentina descubrí otro mundo donde la gente se moviliza. La gente hace teatro porque tiene ganas de expresarse. Y eso es muy enriquecedor, porque te mueven otra serie de cosas, no sólo el poder llegar a fin de mes. Te mueven las historias y querer contar algo, que es por lo que al final te dedicas a esta profesión. Cuentas lo que quieres, y no lo que quieren que cuentes. Y eso también es muy bonito.

Chico de tele más que de cine. ¿Qué tiene la pequeña pantalla que no tenga la grande?
La tele tiene algo de inmediato, de vivo, de fresco. Por eso hay que tenerlo siempre todo muy preparado. A la hora de grabar una serie, por ejemplo, es posible que la segunda toma ya sea válida. Todo es mucho más rápido. En tele hay que poner siempre los cinco sentidos, y eso es bueno.

Últimamente en España se están haciendo grandes cosas para televisión…
Sí, en España hay mucho talento y muy buenos equipos. Además, hay muchos directores y realizadores de cine que están empezando a trabajar en televisión y en series. Y eso, sumado a un buen guión, favorece mucho y ayuda bastante a que la ficción española crezca. También es verdad que los presupuestos que hay en EEUU no son ni de coña los mismos que hay aquí. Aquí hay muy buenas ideas, pero no siempre se pueden llevar a cabo. Aunque creo que se está avanzando mucho, y yo estoy orgulloso de la ficción que se hace aquí. Por lo menos se apuesta, porque antes yo creo que se apostaba menos.

Ahora te podemos ver en TVE en Olmos y Robles… ¿Qué tiene de especial esta serie? ¿Y tu personaje, Lucky?
Creo que es una apuesta arriesgada porque combina muchas cosas: acción, comedia, algo de costumbrismo… Hay también muy buen equipo, buena fotografía, buenos directores y sobre todo muy buenos compañeros. Mi personaje llega al pueblo con muchas ganas. Y esas ganas muchas veces juegan en su contra, porque es algo inexperto y, evidentemente, la va a cagar muchas veces. Es un guardia civil que acaba de salir de la academia y que va a hacer las prácticas a Ezcaray, un pueblo muy tranquilo donde se encuentra con Robles (Rubén Cortada), que para él es todo un modelo a seguir. Conoce también a Nuria (Andrea Duro), que es la hija de su jefe (Enrique Villén), con quien tiene una relación que resulta un poco complicada.

Y si hablamos de cine, tu mayor fantasía profesional sería…
Siempre he querido trabajar con Almodóvar, prácticamente desde que tenía nueve años. Hace mucho que descubrí en él un mundo especial, tiene una forma de trabajar que no es la habitual y que retrata muy bien algo muy nuestro que no todos los directores saben captar. También me encantaría trabajar con Amenábar, con Jorge Torregrossa (con quien ya he trabajado en tele), o con Julio Medem.

Y en el campo de la actuación, ¿tienes algún referente?
Yo admiro a muchos actores y actrices. Además, lo que me ha solido pasar es que cuando les he conocido y he podido observar que son personas normales, que no van de estrellas por la vida, he pasado a admirarles todavía más. Algunos de ellos podrían ser Bárbara Lennie, con quien compartí pupitres y a quien admiro muchísimo, Miguel Ángel Solá, Carlos Hipólito, Carmen Machi… Con Carmen estoy trabajando ahora mismo, y hace que me dé cuenta de lo fácil que resulta todo con ella. Porque ellos entienden de qué va esto y siempre ponen una buena cara. Yo creo que eso es fundamental. Cada vez rechazo un poco más a la gente que va de estrella, porque este es un trabajo como otro cualquiera. No salvamos vidas, no somos cirujanos, simplemente intentamos hacer que la gente piense, que se divierta o que algo cambie en su interior después de ver una obra de teatro, una serie o una película.

Ahora que mencionas a Bárbara, hay que destacar uno de tus trabajos con ella en teatro: Breve ejercicio para sobrevivir, dirigida por Lautaro Perotti, en el que además hacías de tartamudo. Háblanos de esta experiencia.
Bárbara y yo nos conocemos desde la escuela, siempre nos ponían en clase juntos (risas). Una vez que terminamos hicimos una obra que se llamaba El Trío en mi bemol, y luego volvimos a trabajar en Breve ejercicio para sobrevivir. Y la verdad es que Bárbara es una actriz que la miras y ya está, no tienes que hacer más porque ella te lo da todo. Yo siempre pienso que uno es mejor actor dependiendo de la persona que tiene en frente. Si te dan el 90% de todo, como es su caso, hacer el resto del trabajo resulta muy sencillo. La verdad es que esta obra fue una de las experiencias más bonitas de mi vida. Interpretábamos a dos actores algo frustrados, cada uno a su manera. Era una historia muy triste pero muy bonita, y esas historias son las que a mí me gustan como actor y como espectador. Y creo que esa obra marcó en mí un antes y un después.

 ¿Cómo celebrasteis su Goya en esta última edición?
Yo estaba en la gala y creo que pegué un grito tan fuerte que se escuchó en la tele (risas). Yo tenía la intuición de que se lo iban a dar porque lo que hace en Magical Girl es impresionante. Y fue un subidón, la verdad. Estuvimos celebrándolo después con sus padres, con amigos… Todo fue muy rápido porque se la llevaron alrededor de dos horas para hacer ruedas de prensa. Cuando acabó, nos bebimos un par de gin tonics y nos fuimos al lío. Fue muy bonito, por lo típico de que en la escuela dices… “A esta chica le van a dar el Goya algún día”. Y es que es verdad, se veía venir. Se lo merece todo.

También has trabajado en Argentina en la serie Guapas. ¿Qué es lo primero que se te venía a la cabeza cuando te despertabas allí cada mañana?
Buenos Aires tiene algo cultural que yo nunca había visto. La calle es un teatro. Todo el mundo parece tener una parte de actor. No es como aquí, que la gente estudia teatro porque quiere ser actor. Allí la gente hace teatro porque, simplemente, eso les hace bien. Por eso en las clases te encuentras personas de todo tipo. Recuerdo a una mujer mayor que era médico y aprovechaba sus ratos libres para ir a clases. También es una ciudad que impone mucho, ¡es cuatro veces Madrid! Y hay algo en ella que te lleva, que te empuja… Es un no parar desde que te levantas hasta que te acuestas. Y esa inmensidad a veces también te hace sentir pequeño. Hay veces que te acuerdas de tu gente y es más duro. Pero voy a volver, estoy seguro, porque hay gente allí a la que quiero mucho.

Próximos proyectos…
Pues hemos estado en el Teatro Abadía con Antígona, dirigida por Miguel del Arco, y ahora nos faltan bolos por España hasta final de año. También estoy empezando los ensayos de otra obra de Lautaro Perotti, Siempre me resistí a que terminara el verano, en la que también tengo muy buenos compañeros y con la que estaremos en Madrid a partir de noviembre. También estamos terminando de rodar Olmos y Robles, y si todo va bien habrá una segunda temporada en enero o febrero del año que viene. Y estoy muy feliz, estoy a tope y deseando que salgan más cosas, aunque tampoco tengo mucho tiempo…

¿Qué haces cuando tienes un rato libre? ¿Tienes algún hobby?
Intento hacer deporte, voy a nadar… Aunque tampoco tengo demasiadas aficiones. A veces me pregunto, ¿a qué me habría dedicado si no fuera actor? ¡Y la verdad es que no lo tengo muy claro! Desde los siete u ocho añitos siempre he querido esto. Y no sé si se me da bien o mal, pero sé que es lo que mejor se me da hacer.

¿Cómo te ves dentro de cinco años?
Pues aquí otra vez, ¡haciéndome fotos para TENMAG! (Risas). Me gustaría seguir trabajando de esto, y quizás alcanzar una mayor estabilidad. Sin muchos lujos, simplemente llegar a fin de mes, rodeado de buena gente y viviendo de esto.

ABOUT

Un plan perfecto para el otoño… Una manta, un té y una película. Tu disfraz más loco de Halloween… ¡Odio disfrazarme! A no ser que sea por trabajo, claro. Tu mayor cambio de look… Fue para Cuéntame, me decoloraron la cabeza y me pusieron rubio platino, ¡casi me muero! La canción que más suena en tu playlist Cualquiera de Bebe. En tu armario abundan… Camisetas y vaqueros. Un libro que siempre recomiendas… Éramos unos niños, de Patti Smith. El último desfase… ¡Ahora estoy muy tranquilo, la verdad! Un vicio sano… El teatro, para mí es un vicio y es un veneno. Una manía confesable… Pongo cinco alarmas y las reviso veinte veces antes de acostarme. Un sueño cumplido… Vivir de lo que me gusta.

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