Lo imposible, lo inconsciente y lo onírico cobran vida en los collages de la artista turca Deger Bakir, una mente creativa en mayúsculas cuyo mundo interior nos adentra en la delicias de la poesía visual. Como bien hemos podido comprobar en los último años, el collage se ha extendido bastante en los circuitos del arte más hipster, sólo hay que ver la obra de artistas como Nicolas Santos o Damien Blottiere para darse cuenta de ello. La belleza decosntruída a partir de una concepción fragmentada de ella misma ha sido el leitmotiv para muchos artistas contemporáneos que han querido usar este medio para explicar sus inquietudes plásticas. El caso de Bakir es bien distinto, no es que tras él la belleza no sea un valor importante, pero en su obra ese concepto se traduce a través de algo más vinculado al humor visual que a lo contemplativo en si. El carácter irreverente de su obra, una que se extiende más allá de sus collages (algo que ella misma considera un hobby), nos sitúa en un contexto completamente surreal donde dar rienda suelta a la fantasía. La barrera entre lo cómico y lo inquietante se rompe generando escenas donde lo antropomórfico se funde con el paisaje y viceversa. Bakir huye del concepto artista y se considera a si misma un ser creativo al que le acompañan las alas del surrealismo. Esas alas, que le dan una visión casi mágica de la cultura visual contemporánea, le permiten jugar a su antojo con los referentes que componen el imaginario del que bebe su obra. La moda, la arquitectura, el diseño, lo vintage y muchas otras ideas se aglutinan en estas imágenes donde lo cierto no existe y cualquier objeto o persona es susceptible de convertirse en un juego. A todo ello debe sumarse la extrema delicadeza en sus trabajos, lo sutil como mayor baza para transmitirnos emociones de una manera directa y sincera a través de un discurso carente de prejuicios y repleto de poesía.

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