SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES Y PALABRAS SINCERAS

Quim Gutiérrez fotografiado por Darío Vázquez
Estilismo César del Olmo. Maquillaje y peluquería Jen Barreiro para I.C.O.N.
Asistentes de fotografía Javier de Frutos Blanco y Andrea da Selva
Asistente de estilismo Jesús J. Cabrera

En un Madrid mágico, escenario de una historia de amor escrita por Ernesto Alterio, nos encontramos un Quim ficticio que no cree en los finales felices. En nuestro Madrid real, aquel chico que hace años portaba con admirable naturalidad la percha de “promesa de la interpretación” es hoy un “propósito cumplido”. Con la misma capacidad de sorpresa pero con una mayor tolerancia al fracaso, Quim vuelve a la gran pantalla para protagonizar Sexo fácil, películas tristes, la comedia romántica con la que volveremos a creer en perdices y lovestories. Con un espectacular ratio de palabras pronunciadas por segundo –y a cada segundo, aumentan nuestras ganas de permanecer para siempre bajo el hechizo de su encantadora verborrea–, argumentos implacables y una seguridad que quita el hipo, descubrimos a un Quim sincero, conforme con su pasado y expectante hacia el futuro.

Cuando hablamos con él por primera vez en 2006, acababa de dar el salto a la gran pantalla con Azuloscurocasinegro. Hoy, casi una década después, aquel chico de mirada profunda y sonrisa inconfundible –más por la sinceridad que desprende que por haber elevado el diastema a la categoría de irresistible– que nos robó el corazón a base de hieratismo en el primer filme de Raúl Sánchez Arévalo (eso a los que no había conquistado ya en Poblenou), desprende madurez en cada sílaba. Las cosas claras, los objetivos fijos, y su sonrisa igual de encantadora. Nos ponemos al día de sus logros, sus metas y sus pasiones.

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Tras un Goya, trabajos en el extranjero y una carrera como actor más que consolidada… ¿Qué ha cambiado desde 2006?
En realidad, no tengo la sensación de haber llegado a un sitio estable, y creo que esto es buenísimo. Creo que esto es lo que me salva. No sé de qué, quizás de un aburrimiento o de un cierto estancamiento vital. Pienso que si eres inquieto no llegas nunca a un sitio en el que estés tranquilo, pero imagino que es porque le sigues pidiendo mucho a tu profesión y a la vida en general. Piensas, “¿me seguirán ofreciendo algo que me interese?” También tus expectativas son mayores, por lo cual la incertidumbre sigue estando allí. Si uno quiere trabajar fuera en pelis o productos visuales interesantes, se enfrenta a un reto más difícil.

¿Qué tiene el Quim de ahora que no tuviera el de antes?
Estoy más sereno, más tranquilo ante los contratiempos… Pero creo que eso es algo que te da la edad, para todo, no sólo para el trabajo. Sí que tengo una situación de trabajo más abundante que entonces, pero no te creas que tampoco tanto. Yo también soy muy exigente con el trabajo que hago. Esto hace que tampoco esté rodando constantemente, partiendo de la idea privilegiada de que tengo ofertas de cosas distintas y el gran lujo de poder decir “esto sí, esto no…” También soy más maduro, en el buen sentido. Yo entiendo por madurez una mayor tolerancia al fracaso y al contratiempo. De alguna forma, a pesar de que las cosas no salen como uno quiere, hay una intangible estabilidad de fondo que se mantiene mucho más inalterable que antes.

¿En algún momento imaginaste todo esto? ¿Pensabas que llegarías a donde estás?
Lo mágico y lo fantástico de esto es que yo creo que siempre he tenido muy buen balance entre aquello que yo soñaba con hacer y la capacidad de sorprenderme cuando he ido alcanzando estos objetivos, por muy deseados que estos fueran o por muy seguro que estuviera de mis capacidades para llegar a ellos. Y yo creo que esto es fundamental, la capacidad de sorprenderse y de disfrutar profunda y conscientemente de las cosas buenas que te ocurren.

¿Qué pasaría si en algún momento dejases de sorprenderte?
Eso es para mí el inicio de la decadencia emocional, profesional, y vital en definitiva. En el momento en que uno deja de sentir que tiene cosas por hacer, que tiene sentido seguir leyendo, comprando libros, viendo pelis y escuchando música para activarse emocionalmente, para nutrirse de estímulos distintos… En ese momento corres el grave riesgo de envejecer en el peor de los sentidos. Aunque tengas 30 años, ese envejecimiento es implacable.

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Ahora volvemos a verte en Sexo fácil, películas tristes. Por esa regla de tres, ¿cómo debe ser el sexo en esta ecuación para que su resultado sea “películas alegres”?
¿Sexo difícil? ¿Qué es el sexo difícil? (Risas). Creo que tiene que ver con la dificultad del proceso para llegar a ese sexo. Creo que Alejo, con esta facilidad de sexo se refiere al sexo que no entraña ni responsabilidad, ni dolor, ni demasiado placer. Un sexo que también es fácil de conseguir. Hay sexo fácil de conseguir maravilloso ¿eh? Pero para el personaje, ese sexo fácil es el que provoca un vacío posterior inmediato que hay que llenar con películas tristes. Las películas tristes son aquellas que te ayudan a reponerte, a exorcizar el dolor de una ruptura. Digamos que es como llenar vacíos. Llenas el vacío de una relación de pareja con sexo fácil, y lo llenas también con películas tristes.

En Sexo fácil, películas tristes, Marta Etura es por tercera vez tu compañera sentimental en la gran pantalla. Después de vuestros vis a vis en el drama agridulce Azuloscurocasinegro y de intentar sobrevivir al fin de la humanidad en el thriller apocalíptico Los últimos días, por fin vuestra relación se consolida cinematográficamente hablando. Víctor y Marina (vuestros personajes en la película) se enfrentan a problemas más habituales en las relaciones de pareja. ¿Cómo ha sido esto?
¡La mujer de mi vida! (Risas). Sí, es la fase más normal de la relación entre Marta y yo. La verdad es que siempre hemos tenido historias de amor muy bonitas de contar, hemos tenido mucha suerte en ese sentido. Y si es verdad que probablemente es la historia más normal, pero no por ello menos intensa. A nivel personal, nosotros hemos cambiado y nuestra relación también se ha modificado. A mí me encantaría seguir rodando con Marta, porque creo que cada cosa que hacemos añade algo de convivencia, de poso entre dos personas. Y creo que en el resultado final de una película, no es súper determinante, pero sí que añade algo distinto.

Como espectador, ¿te gustan las comedias románticas?
Sí, muchísimo. Recientemente he vuelto a ver Cuando menos te los esperas, con Diane Keaton y Jack Nicholson. ¡Me flipa esa comedia romántica! Y de hecho me recuerda a uno de los objetivos que me propuso Alejo cuando hablamos de este guión: que Sexo fácil, películas tristes sea aquella película a la que recurrimos cuando hay una ruptura amorosa, para sentirnos acompañados en el dolor que conlleva la pérdida de una relación, y para recuperar la esperanza de que con coraje y empeño, uno puede conseguir una relación que le plazca y que le satisfaga.

¿Qué ingredientes deben tener para hacerte reír… o llorar?
Yo creo que lo básico es la empatía. Al final, estas películas nos hacen reconocernos de la forma que sea en aquello que vemos. Además es guay, porque muchas veces forzamos ese reconocimiento. Escuchando una canción pensamos “es que la letra dice tal”, y luego te enteras de que hablaba de su madre, y no de su amor. Pero da igual, lo maravilloso de una peli o una canción es que tú puedas apropiarte. Y en este caso, Sexo fácil, películas tristes nos lo pone muy fácil para apropiarnos de la idea de creer en el amor.

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Trabajaste con Daniel Sánchez Arévalo en su ópera prima y repetiste con él en Primos y La gran familia española. Ahora has trabajado con Alejo Flah, quien también debuta como director de cine con Sexo fácil, películas tristes. ¿Qué encanto tiene trabajar con directores noveles?
Creo que tanto en el caso de Daniel como en el caso de Alejo hay una combinación que a mí me seduce fácilmente: ciertos niveles de timidez o de vulnerabilidad mezclados con seguridad, inteligencia y determinación. No es necesario imponerse… Pienso que es compatible una cosa con la otra. Pero no creo que tenga que ver con ser novel o no. Daniel es un eje determinante en mi vida, y Alejo probablemente acabe convirtiéndose en otro, porque es un ser encantador (y digo ser porque va más allá de persona). Al principio, yo tenía ciertos problemas con el guión porque el tipo de personaje de comedia romántica que había interpretado yo era un poco distinto. Debo decir que, en un principio, a mí me cayó muy mal Víctor. Pero, curiosamente, Alejo tenía clarísimo que esto tenía que ser así, y supo argumentarme el por qué y llevarme a su terreno, ¡cosa que no es fácil! A ver, mi trabajo es adecuar mis herramientas a la voluntad de un director, y eso es impepinable, pero soy jodido (Risas). Le doy muchas vueltas, y si hay algo que no me convence, le machaco a preguntas hasta conseguir entender. Alejo fue muy paciente y me lo contó muy bien. Y me convenció, yo creo que para bien, porque me hizo hacer un tipo de personaje de comedia que yo no había trabajado antes. Los personajes de comedia que había hecho yo, eran tíos probablemente más en contacto con sus emociones. A mí me gusta definirlo como “galán loser”. Un perdedor “simpaticote”, que a pesar de ello tiene cierto encanto. En cambio, Víctor es un tío que es un loser pero de un modo realista. Un loser porque ha optado por vivir el lado gris, el lado neutro de la vida. Es un descreído y además hace teorías sobre su descreimiento. Yo no dejaba de acordarme de Woody Allen porque creo que hay algo muy parecido entre ellos: todo un cuerpo retórico en el que apoyar sus neurosis.

Háblanos de otra de tus pasiones, una de las que quizás más nos inquieta a los que vemos en ella todo un mundo más allá de su faceta puramente utilitarista: la moda.
Yo recuerdo que al principio sentía como que debía justificarme un poco más por gustarme. Ahora está mucho más entendido. Probablemente porque comercialmente ha interesado más y las marcas han potenciado la ropa en el sector masculino, que ahora da mucho dinero y se ha normalizado mucho más. Pero al principio tenía una cierta necesidad de justificarme. Ahora creo que no tiene mucho sentido teorizar sobre ello. Simplemente es algo que me gusta, me divierte y punto. En cuanto a su origen, creo que de la misma forma que hay gente que hace unos años era capaz de ir a los Goya con un jersey raído y unos vaqueros, hay gente que se ponía un esmoquin. Creo que el origen tiene que ver con algo de personalidad. Yo creo que he llegado a inventarme orígenes más épicos precisamente para justificar, pero es que no es cierto. Es algo que a uno le gusta o no le gusta, y ya está.

¿Qué cara se te queda cuando te dicen que eres un it boy?
¡Me da mucha risa! Entiendo que este tipo de apelativos llenan determinados contenidos, pero me da risa, creo que perder el tiempo pensando en estas cosas es lo menos interesante que puedo hacer. Simplemente, sonrío.

En estos últimos años también te hemos visto haciendo pinitos como fotógrafo. No como actor que hace fotos, sino como fotógrafo profesional con todo lo que ello implica ¿Qué tiene de especial para ti estar al otro lado de la cámara?
El estímulo artístico. Es un terreno al que me siento vinculado por mi voracidad estética. Es algo que me gusta, pero que no necesariamente por el hecho de gustarme me tiene que salir bien. Esto me permite superar los miedos al fracaso y probar. Me resulta muy estimulante porque es una disciplina artística que depende totalmente de mí. Con conseguir que alguien venga a mi casa y con una cámara que funcione más o menos, puedo tirar fotos. Es una disciplina artística que puedo generar yo, en contraposición a la de actor, que depende de que alguien te pida que interpretes para él, interpreto las fotos cuando quiero.

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Y lo de ser guionista o director de cine… ¿te lo has planteado alguna vez?
Escribir historias, puede que sí. Director te aseguro que no. Sobre todo porque he visto mucho lo que es ser director y me parece una labor para la cual yo ahora mismo no tendría paciencia. No tengo paciencia para abarcar tanto, y sobre todo para la cantidad de sacrificio que requiere. Cuando realizas un trabajo que aglutina más sectores distintos, más vas a sacrificar. Esto me delata un cierto individualismo. Pero es verdad que, por ejemplo, con las fotos me gusta decidir el estilismo, el maquillaje, la luz, interaccionar muchísimo con el modelo… Y como director tienes que delegar muchísimas cosas. Y vas a sacrificar, siempre sacrificas.

En tu blog juntas estas dos aficiones, moda y fotografía. Ahora lo tienes un poco abandonado pero, ¿por qué decidiste iniciar esta aventura en la blogosfera?
Lo inicié como una forma de exponerme. Que a uno le guste mucho la fotografía no significa que tenga que hacer buenas fotos, pero si no las expones para que alguien las vea, es difícil que puedas tener un feedback suficiente para valorar si seguir o no seguir. Ahora lo tengo muy olvidado… Me ha servido para muchas cosas, primero para darme cuenta de que mi incompetencia o mi lucha con los ordenadores no ha acabado, a pesar de saber manejarme con Capsule y con Photoshop… También fue darme cuenta de que no quería ponerme más horarios. El mundo de Internet funciona con regularidad, y eso a mí me cuesta mucho. Con otras cosas como el deporte no, pero con cosas que no me flipan soy incapaz. Y me di cuenta de que se me oscurecía el humor de pensar “ostras, es miércoles, todavía no he posteado…” No quería otro problema en mi vida. Lo tengo aparcado voluntariamente porque no me satisface.

En redes sociales sí tienes una periodicidad, eres activo…
Sí, pero tengo mucho conflicto. Porque creo que en todas las redes sociales hay un momento de auge y de enamoramiento con cada una de las nuevas cosas que salen, hay como un pico… Cuando nos abrimos un perfil de Facebook pensábamos que eso iba a estar ahí para siempre, pero ¿qué hay más coñazo ahora mismo que entrar en Facebook y ver lo poco especializada que es como red social, la cantidad de cotilleo que hay y lo poco interesante que resulta? A mí me aburre muchísimo. Luego vino Twitter, y parecía maravilloso, porque además te obligaba a escribir en caracteres limitados, y te estrujabas la cabeza por escribir cosas ocurrentes y que tuvieran un cierto sentido social, crítico, comprometido… Ahora me parece aburridísimo Twitter y su compromiso constante, y como pongas algo que no tenga un cierto tufo crítico–social–político, eres alguien banal… ¡Dejémonos de intensidades! Sobre todo esa obligación de ser intenso es lo que me cansa.

¿Crees que las redes sociales son un reflejo transparente de la personalidad de los usuarios, o hay mucho postureo?
Sin duda lo hay. Yo sé de gente cuyas fotos he visto en Instagram y parecía que tenían la relación más maravillosa del mundo, que incluso daba envidia. Y luego conoces el caso desde dentro y descubres otra cosa totalmente diferente. Pero no está mal, creo que las redes sociales están ahí para eso. Son la versión de la verdad que nosotros queremos hacer. Creo que es problema del que cree que eso que ve es la única verdad. También creo que de alguna forma buscamos la estabilidad en todo aquello que hacemos. Y las redes sociales nos sirven un poco para lo mismo. Creo sin duda que la herramienta de futuro es la capacidad de cambio. Las leyes o las normas propias están para ser creadas y desvanecerse a la misma velocidad que aparecen y desaparecen redes sociales nuevas. Entonces, que uno se aburra de Facebook y tenga su cuenta abandonada no es ni mejor ni peor, creo que es cambio. Y que de repente te apasione buscar fotos en Instagram y mostrarte a través de imágenes, únicamente con pequeños comentarios o con hashtags –más o menos graciosos– y simplemente eso, pues no significa que seas menos comprometido que antes. O sí, pero en cualquier caso no es malo. Creo sinceramente en ensalzar el cambio como herramienta de vida. Entender el cambio como algo positivo, no como “chaqueterismo” o inconsistencia. Al revés, creo que es inevitable, es bueno cambiar, evolucionar y permitirlo en los demás.

Próximos proyectos…
Me he sometido a la difícil tarea de intentar hacer cosas fuera sin renunciar a hacer cosas aquí. Creo que es perfectamente compatible, y que no por el hecho de querer cosas fuera traicionas o menosprecias lo que tienes. Creo en pensar en grande, en seguir poniéndome retos. Con humildad y con conciencia de la posición en que uno está, que es el anonimato fuera de las fronteras de España. Pero poniendo empeño, horas de trabajo y consistencia. La cosa pinta bien, me siento muy afortunado por las oportunidades que tengo. Perspectivas positivas y muy ilusionantes, estoy contento del proceso que estoy viviendo.

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En Sexo fácil, películas tristes, ópera prima del director Alejo Flah, Marina (Marta Etura) y Víctor (Quim Gutiérrez) lo tienen todo para vivir una historia de amor envidiable. Su relación comienza viento en popa, pero hay un problema: Víctor y Marina son, en realidad, personajes de ficción creados por Pablo (Ernesto Alterio), un guionista en plena crisis sentimental al que han encargado escribir una comedia romántica. La cuestión es, ¿puede todo el mundo escribir una historia de amor? ¿Podrá hacerlo Pablo cuando su amor ya es historia?

Sexo fácil, películas tristes se estrena en salas de España el 24 de abril

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