Björk en la época de “Debut”.
Björk en la época de “Debut”.

No cabe duda de que Björk siempre ha sentido una conexión especial con la expresión orquestal. No hay más que adentrarse en su último disco, “Vulnicura”. En éste, la islandesa cura sus heridas amorosas entre mantos de cuerdas oceánicas y un gesto de autoafirmación atemporal que subraya la autonomía de un planeta sonoro, el suyo, que desde sus tiempos con Sugarcubes comenzó a avisar de estar en presencia de una personalidad llamada a ampliar los moldes de la comunión entre pop, dance y electrónica. Así ha sido desde su brillante colaboración en “Ex:el”, el tercer LP de 808 State, donde Björk se adentraba en una jungla de sintes mutantes, plantilla desde la que fue armado “Debut”; sin duda, una de las obras más importantes de los 90, que abrió un filón de excelencia hasta “Vespertine”. Entre medias, obras como “Post” y “Homogenic” definieron su obsesión por adelantarse un paso o más a las tendencias que estaban por llegar.

Portada de “34 Scores for Piano, Organ, Harpsichord and Celeste”.

Aliada con un surtido de vídeos imposibles y de imaginación hiperbólica, lumbreras del videoclip como Michel Gondry y Chris Cunningham se adaptaron a la sensibilidad marciana de Björk con algunas de las obras de arte más fascinantes dentro del clip musical. Venus as a Boy, Army of Me o All Is Full Is Love son algunos de los momentos más granados dentro de su repertorio visual, uno que no ha cejado en ampliar los contornos experimentales de su propuesta, ya sea por medio de diferentes exposiciones de arte o esfuerzos como el reciente vídeo realizado para Notget, unos de los pilares de “Vulnicura”. En el mismo, somos espectadores de una versión avatar de Björk, quizá la manera más objetiva de plantear un contacto visual con un ser que escapa de las consideraciones terrestres con la misma fuerza de su imaginación, repleta de mundos inventados, formas alienígenas multicolores y robots de humanidad tezukiana.

Björk en la actualidad.
Björk en la actualidad.

Más allá de su trabajo como actriz protagonista en Bailar en la oscuridad -una de las películas más celebradas del siempre controvertido Lars Von Trier-, toda la imaginería desprendida por su espectro responde la representación más genuinamente sci-fi que se ha dado en estos últimos 30 años. De haber nacido dos décadas antes, la islandesa habría sido una reina del glam; sin embargo, su contraste con la vuelta al realismo de los ‘90 choca con más fuerza todavía. En tiempos donde la normalización se impuso a través de la decadencia agnst de la generación X y la reivindicación del flequillo beatle del britpop, Björk abrió una veta de evasión futurista, por la que su reflejo estaba más cercano al de una proyección animada que a la de alguien de carne y hueso. Sus atuendos del siglo XXX y esos peluches gigantes también dieron forma tangible al mundo de los sueños infantiles.

Todas las vertientes del universo Björk reinciden en el concepto de atribuirle una dimensión cosmológica, jamás individual. La representación más sembrada y cercana del plano subjetivo para toda mente de ventanas abiertas hacia el plano onírico. O, haciendo uso del tópico, un sueño hecho realidad.

“34 Scores for Piano, Organ, Harpsichord and Celeste” se publica el 5 de junio.

Coméntalo

comentarios