De las jóvenes canteras de nuestro país salen especímenes creativos que, cruzando nuestras fronteras, hacen de su talento algo indudablemente universal.
Viendo la obra de la fotógrafa de origen barcelonés Pia Riverola, no cabe duda de que más allá de ser bueno en lo que uno hace, la experiencia es siempre algo que determina la calidad de cualquier imagen.

Pia Riverola ha convertido su cámara en el testigo silencioso de su propia experiencia vital. Como si de un diario se tratase, el documento que supone su obra se amontona en una deliciosa visión de la vida misma. Una visión marcada por los bastos paisajes de Norteamérica y ese aire idealista que impregna cada fotografía. Nómada empedernida, sus viajes se han convertido en los protagonistas de un trabajo tan conmovedor como los áridos horizontes de Wenders, aquellos que marcaron hace alguna que otra década las vidas de miles de adolescentes y amantes del cine. Y con ese mismo espíritu delicado pero irreverente Pia captura con sus cámaras analógicas esa esencia que sólo a través de sus ojos puede explicarse.
De los infinitos paisajes a los más recónditos detalles de la vida cotidiana, esta talentosa fotógrafa nos presenta un mundo cercano, casi tangible, donde la belleza existe no sólo en una imagen, sino también en la experiencia.

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