“PHILOMENA”,  Stephen Frears
Drama humano con niños robados y monjas malvadas, “buddy movie” de detectives
98 min. Reino Unido
Estreno 28 de febrero

 La(s) mano(s) que mece(n) la cuna

Con la abadía hemos topado… En 1952, Philomena Lee fue abandonada por su familia (irlandesa y muy católica) por quedarse embarazada tras una aventura amorosa. La adolescente fue enviada a un convento en Roscrea, una pequeña ciudad en el condado de Tipperay (Irlanda) en donde convivió con otras muchachas tachadas de “indignas” por quedarse embarazadas fuera del matrimonio. En contraprestación por atender su parto y cuidar de su hijo (un varón bautizado como Anthony), Philomena tendría que trabajar en la lavandería del convento y solo se le permitiría ver a su hijo una hora al día. Cuando el vástago cumplió cuatro años, las monjas decidieron venderlo a una familia americana separándolo para siempre de su madre. Philomena Lee mantuvo el secreto durante muchos años hasta que un día, coincidiendo con el 50 cumpleaños de su hijo perdido, decidió empezar a hablar…

Y es con esta confesión como se inaugura “Philomena” del británico Stephen Frears: adaptación para la gran pantalla del libro del ex corresponsal de la BBC y ex asesor de Tony Blair, Martin Sixsmith, interpretado por Steve Coogan en la película y personaje al que recurre de Judi Dench, como Philomena, para investigar el paradero de su particular “niño robado” (cada uno con sus propios intereses a la hora de encontrar respuestas). La protagonista comienza a contar una historia con palabras para crear una nueva historia a través de lo contado.

Philomena” es un “Quién-sabe dónde” a la irlandesa, una crónica sobre niños robados con elementos de “road-trip movie”, con ese viaje como metáfora del viaje interior y cambio que experimentan los pasajeros: un itinerario por las pocas pistas y pesquisas que llevan al rincón de la tierra donde podría esconderse Anthony. Entre parada y descanso, la protagonista buscará la expiación de sus pecados y sanar su conciencia, vía flashbacks y un par de secuencias en Súper 8 para elevar el tono nostálgico y tirar de ese condicional abstracto (“y si…”) que nos martillea la cabeza en nuestro presente. Quizá la película peca (al igual que su protagonista) de una excesiva ligereza y un tono light para lo que a todas luces es un auténtico drama, pero también esa es su principal virtud. Su director prefiere marcar tonos con la oposición de caracteres de la pareja de detectives, con sus diferencias ideológicas, con Philomena sin perder su fe a pesar de lo vivido, y con el periodista, anclado entre el cinismo y el pensamiento puramente racional (que se encuentra con limitaciones para entender determinadas cosas que solo entienden la fe): ella, devota de la fe Católica; él, percibiéndola como una mujer de poco entendimiento pero poco a poco apreciando y abriéndose a la generosidad y actitud comprensiva de la ultrajada madre. Frears dosifica con serena brillantez las cantidades justas de indignación, rabia, lágrimas e incluso sonrisas para el equilibro dramático perfecto entre realidad y ficción.

 

¿Mamá? La sangre llama a la sangre y es a través del personaje de Philomena Lee como Stephen Frears ha decidido proclamar y defender los derechos y obligaciones tan divinos como inquebrantables de la maternidad, así como su tan difícil, ilustre y honorable ejercicio sobre la faz de la Tierra: vía el “I will follow him (wherever He may go)” que toda madre viviente experimentaría si unas manos ajenas se llevaran a su hijo tanto por las buenas como por las malas. Al igual que “Philomena” es el elemento central de la película (más allá del qué ha pasado con ese hijo extraviado), Judi Dench es sin duda lo mejor del film: con sus siete nominaciones a los Oscar y vencedora en 1999 como Mejor Actriz de reparto por su pequeño papel como la Reina Isabel I en “Shakespeare in love”… Un primer Oscar con el que además “M” (para todos los fans de la saga James Bond) se inscribió en el Libro Guinness de los Records al hacerse con el premio con una interpretación de solo ocho minutos y cuatro escenas contadas… Judi Dench no hay más que una.

Martin Sixsmith (el de carne y hueso) adapta su novela “El último hijo de Philomena Lee” (“The lost child of Philomena Lee”) para la gran pantalla, un trabajo por el que está nominado al Oscar, habiendo logrado ya el Bafta en la misma categoría. Curioso es que en un primer momento el periodista británico  guardara un sentimiento de rechazo a la hora de ponerse a trabajar en el caso de “Philomena” al considerarla una historia, según sus palabras, “demasiado humana”. Tan humana, cierto, que es universal y entre otros muchos casos nos retrotrae a nuestra Sor María (Gómez Valbuena) particular que tantos testigos, acusaciones, declaraciones y titulares ha despertado en la prensa española.  

¿Y acaso hay algo más humano que poder, querer y saber perdonar? Algo de lo que entiende, y mucho, la auténtica y real Philomena Lee, que a sus 80 años acaba de protagonizar una verdadera escena de reconciliación (dando ejemplo, y acompañada por el actor Steve Coogan) con su encuentro con el Papa Francisco en el Vaticano, prolongando así la ficción de Frears y poniendo el epílogo a su historia basada en hechos demasiados reales. Además, en la actualidad Philomena se ocupa de “Philomena Project” ayudando a otras madres a encontrar a sus hijos e intentando que el gobierno irlandés promulgue una ley que permia consultar los libros de niños adoptados. Lo que se dice, renovarse y hacerse a uno mismo. Más allá de la ficción, y siendo un ejemplo claro de ese cine que respira más allá de la pantalla, Frears ha mostrado su interés en que el Papa vea la película, sin embargo, por lo que parece, un portavoz del Vaticano ha informado de que el Papa no ve películas… Sin entrar en juicios divinos, no hace falta radicalizarse ni sentirse extremo para observar y poder afirmar que nos encontramos ante un nuevo ejemplo del “voto de silencio” de la Iglesia a la hora de defenderse ante sus trending topics de escándalos… ¿Hará falta que pasen cincuenta años para que “ellos” también empiecen a hablar? Y… ¿seremos nosotros capaces, como espectadores, de disculpar todos sus pecados, como supuestos “antagonistas”? Comprueba tus límites y habilidades para el indulto (para perdonar, ¡e incluso olvidar!) con “Philomena”: la madre misericordiosa.

MUST WATCH

Ideal para: Descubrir que una premisa trágica-dramática no tiene por qué dar lugar a un culebrón desaforado y sensacionalista.. Para darse cuenta de que mejor tarde (o por los pelos) que nunca… Se el primero en perdonar(te), y serás perdonado. Para aprovechar la coyuntura y confesar algún secreto oculto. Para todos aquellos que crean que el cine es algo que va más allá de ver (quietos y sentados) una película.

Llévate a: Muchos irán solos ya que probablemente sea uno de los títulos con más “boca a boca” de la temporada, pero siempre puedes llevarte a todo el que diga que “Philomena” es un rollo tirando a dramón… solo para verles rectificar a la salida del cine, ya les gustaría a muchas pelis “de entretenimiento” marcarse el ritmo que luce la cinta. A todo el que crea que el género “niños robados” implica un exceso de sentimentalismo plano y acartonado.

Te gustará si: Te relames de gusto con todo lo que lleve el lazo de “basado en hechos reales” y disfrutas replanteándotelo todo (lo mundano y lo divino) constantemente. Si Judi Dench te recuerda a tu abuela (así como Sally Field a tu madre), y si guardas un mal recuerdo de tu infancia y/o adolescencia en el colegio de monjas o curas, de las clases de catequesis o de alguna “Sor” en particular.

Videoteca de parecidos razonables: En el nombre de la madre (coraje) y de la actriz (de renombre): “El intercambio” del hijo de Angelina Jolie, “En lo profundo del océano” con Michelle Pfeiffer redescubriendo a su hijo, Sally Field y su “No sin mi hija”, Meryl Streep lanzando “Un grito en la oscuridad” ante el secuestro de su bebé ¿por un dingo?, Cate Blanchett y las “Desapariciones” de varias jóvenes a manos de un chamán indio… A la inversa, el genovés Marco buscando a su mamá con la ayuda de su mono Amelio. Dentro del (tan disfrutable) subgénero de monjas malvadas: “Las hermanas de la Magdalena” (de Peter Mullan) más malas que el Diablo, “La peligrosa vida de los Altar Boys” (con Jodie Foster como monja coja y hasta animada), o, de nuevo Meryl Streep, esta vez como la estricta y chismosa (a partes iguales) Aloysius Beauvier en “La duda”. Saliéndonos del convento cinematográfico: las hermanas Jude (Jessica Lange) y Mary Eunice (Lily Rabe) de la serie “AHS: Asylum”, o Blanca Portillo en la miniserie “Niños robados”. Y pasándonos de la raya, y volviendo de nuevo al claustro peliculero: “El convento del diablo” con el colegio femenino St. Francis y sus satánicas hermanas o, Lindsay Lohan con disfraz de novicia lamiendo una pistola en el cartel promocional de su personaje (April) para “Machete”. En el lado opuesto, el bueno, siempre: Whoopi Goldberg como la hermana Mary Clarence en las dos entregas de “Sister Act”.

Filmografía selecta de Stephen Frears: El drama homosexual Mi hermosa lavandería”, con Daniel Day-Lewis; “Las amistades peligrosas”, con el triunvirato de seductores y seducidos  Glen Close, John Malkovich y Michelle Pfeiffer, la noventera “Héroe por accidente” con Dustin Hoffman, Geena Davis y Andy Garcia; el “Café irlandés” que se le atraganta a una familia numerosa ante la noticia del embarazo sorpresa de la hija soltera; “Mary Reilly” (Julia Roberts “meets” Jekyll/Hyde); “Alta fidelidad” (adaptación de la novela de Nick Hornby); y “The Queen” (o la Reina Isabel II AKA Helen Mirren), entre otras. Entre otros méritos, fue Frears quien otorgó el primer papel en Hollywood a Penélope Cruz con el drama-western “The Hi-Lo Country”.

MUST: Por el buen hacer de Stephen Frears, Steve Coogan, y en especial, Judi Dench: con su “Philomena” piadosa, compasiva e ingenua a la que en apenas unos minutos ya le tenemos cariño. Por el pulso tragicómico entre Dench y Coogan. Y por volver a disfrutar de la actriz, eterna-secundaria, Mare Winningham (no te esfuerces, probablemente no caigas por el nombre). Por reconciliarnos con el género del drama humano, por su denuncia al fanatismo religioso y a las prácticas poco éticas de la Iglesia, por ser una sensata y pausada reflexión sobre el poder, las clases sociales, y la política estadounidense de los años 80 y su doble moral con la homosexualidad y el VIH. Y todo eso con una narración fluida, huyendo de sentimentalismos y radicalismos facilones, sin tener que poner el grito en el cielo… Por su buen gusto a la hora de saber emocionarnos, llorar un poco y con gusto, no pica (o no debería).

¿Y si mi hijo es un drogadicto?… ¿Y si murió en Vietnam?… ¿Y si es obeso?”
Philomena Lee – Judi Dench (conjeturando)

 

Banda Sonora NO Original

 

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