La belleza y la originalidad en el mundo del arte son características atemporales que sólo las grandes obras de arte tienen (y mantienen) a lo largo del tiempo. Aunque en el mundo y el arte contemporáneos distinguir y discernir qué es bonito y no, qué es apto y qué no, para los ojos comunes (es decir, todos nosotros), en realidad, lo que más buscamos, queremos y anhelamos son aquellas piezas que nos evadan, nos muestren realidades diferentes y nos transporten a otras dimensiones, claro está, siempre dentro de nuestra propia realidad. Pues bien, la obra del británico Petros Chrisostomou reúne casi todas las características que buscamos: arte original, rebuscado, que transforma nuestra propia realidad con objetos cotidianos y comunes y nos saca un ¡aahh qué gracia! Nacido en el año 1981, graduado por la Saint Martins de Londres y afincado en Nueva York, sus fotografías de still lifes, naturalezas muertas o bodegones, muestran su visión a través de estas ilusiones ópticas. Aunque puedan parecer esculturas a tamaño real, en realidad son juegos ópticos realizados por el propio artista, en donde plasma el objeto cotidiano que ha convertido en escultura para después superponer en espacios corrientes y conseguir convertir los objetos en obras desmesuradas. Si bien sus fotografías datan desde los años 2006 y 2008, son completamente atemporales y, sobre todo, muy originales por su sobriedad kitsch casi pop.

Coméntalo

comentarios