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Una palabra tejida sobre una bufanda es la que da orden, cohesión y marca el tono de la colección de Lanvin FW17/18: Nothing, o lo que es lo mismo, “nada”.  Nada de influencias, nada de salirse de los cánones, nada de experimentos, nada de extravagancias, nada de anormalidades. Nada de nada. Simplemente una vuelta a los orígenes, a los básicos y a las formas y estructuras más ponibles. “Quería encontrarme en la esencia del diseño, la construcción y las proporciones”, explica el director creativo de la colección de hombre, Lucas Ossendrijver. “Esta temporada, aunque los diseños están muy cuidados, también son más fáciles, más arraigados a la realidad, donde nada es uniforme. En este sentido, quería que esta colección fuese un golpe en lugar de una caricia”, explica Ossendrijver. El mundo exterior y la vida cotidiana han servido de base a esta colección inspirada en la poesía de un detalle inesperado, la sutileza de un cambio o la humildad de un tejido. Entre sus colores “de siempre” siguen destacando los marinos, mostazas, grises y beiges, sin olvidarnos de los más retro y los más básicos de sus colecciones: los verdes y los morados. Los elementos más emblemáticos del vestuario masculino como las camisas, los chinos, o las trencas han sido reelaborados, enriquecidos y enaltecidos con los detalles que caracteriza a esta casa, porque aquí el lujo se mide por la sencillez de las prendas. Mientras que los jerséis, el calzado y los cortavientos mantienen sus principales esencias: el color, los cuadros y las rayas.

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“Esta temporada, aunque los diseños están muy cuidados, también son más fáciles, más arraigados a la realidad, donde nada es uniforme. En este sentido, quería que esta colección fuese un golpe en lugar de una caricia”. Lucas Ossendrijver.

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