Nick Cave
Nick Cave

Que la vida de Nick Cave sea objeto de una biografía dentro del formato de la novela gráfica no debería sorprender. Protagonista de unas memorias cuajadas entre mares de excesos, violencia y redención, las páginas que las vertebran servirán para ratificar el tremendo atractivo de un francotirador de la emoción del que nunca está de más reconocer sus logros musicales más granados. O lo que es lo mismo: la banda sonora perfecta para todo el que se haga con Nick Cave: Mercy on Me

 

FROM HERE TO ETERNITY (1984)

Portada de "From her to eternity" de Nick Cage
Portada de “From her to eternity”

Tras alumbrar los designios del post-punk gótico al frente de The Birthday Party, un enarbolado Cave se alía con una banda de apóstoles de la intensidad suprema comandada por Blixa Bargeld, el genial cabecilla del combo industrial germano Eintürzende Neubaten. El resultado destila peligro por los cuatro costados. No hay respiro en esta trepanación experimental blues parida desde las entrañas de un animal rabioso. Como si Johnny Cash y Leonard Cohen se estuvieran consumiendo en las brasas del Infierno de Dante. Literalmente.

 

KICKING AGAINST THE PRICKS (1986)

Portada de "Kicking Against the Pricks"
Portada de “Kicking Against the Pricks”

Tras dar plena continuidad a su primer trabajo con “Tupelo”, llega el momento de la reflexión. En 1986, publica sus dos obras más impactantes, la primera de ellas, uno de los grandes discos de versiones que se hayan grabado jamás. Entre cada resurrección, planteada en modo lobotomía, se suceden los fantasmas de John Lee Hooker, Jimmy Webb y Mickey Newbury, entre tantos otros. Cave se aplica en la vampirización del repertorio ajeno, desdoblándose siempre como el ladrón que ha venido a reclamar un surtido de canciones que parecen haber nacido para ser escupidas y atropelladas por él mismo.

 

YOUR FUNERAL… MY TRIAL (1986)

Portada de "Your Funeral... My Trial"
Portada de “Your Funeral… My Trial”

Si un esfuerzo tan descomunal como “Kicking Against the Pricks” habría sido más que suficiente para sellar un 1986 glorioso, el aussie no espera más que unos meses para gestar la que se erige como pináculo de toda su producción. Arropado por una banda en estado de gracia, el margen de libertad dejado para el rotundo Mick Harvey, el cinematográfico Barry Adamson y el heterodoxo Bargeld florece en un cosmos sonoro de monumentos elegíacos, como la inmensa Sad Waters o The Carny, traslacción en formato cabaretero del clásico de Todd Browning, Freaks. La parada de los monstruos. El resto de compañeras de viaje no le van a la zaga a esta obra de arte, donde cascadas de belleza sepulcral se desploman sobre retazos de irrefrenable violencia avant-garde.

 

LET LOVE IN (1994)

Portada de Let Love in
Portada de Let Love in

Tras rebajar proverbialmente su dieta heroinómana y encomendarse a Dios en “The Good Son”, Cave retoma el camino de la excelencia=peligro en esta obra parida entre cinemascopes sonoros dignos de Ennio Morricone, así como en Do You Love Me?, y viñetas aceleradas del salvaje Oeste, como en la asfixiante Jangling Jack. Para el recuerdo, tampoco deberíamos olvidar el derroche de emoción barroco-fronteriza que inunda la titular del disco y los brotes de electricidad tormentosa vomitados en Loverman. Una vez más, en la búsqueda de un equilibrio entre expulsar sus demonios internos y anestesiarlos, Cave encuentra el canal expresivo que más le favorece.

 

SKELETON TREE

Portada de Skeleton Tree
Portada de Skeleton Tree

Después de haber dejado para el recuerdo obras con la entidad de “The Boatman’s Call” y “Abattoir Blues/The Lyre of Orpheus”, pero también alguna que otra fotocopia venida a menos de su pasado, un Cave ya con Warren Ellis siendo la mano derecha que antes había sido anteriormente Bargeld recupera el pulso a un siglo XXI con una obra nacida del dolor más intenso: la muerte de un hijo. El australiano le canta a Dios, le desafía y deja que sus palabras se impregnen en la atmósfera con cincel y martillo. No podía ser de otra manera ante los tan trabajados como sutiles ropajes sonoros hilados por unos Bad Seeds que encuentran en las sombras del segundo plano el espacio idóneo para crear una red salvavidas de percusiones minimalistas, juegos sutiles de distorsiones y un intricado juego de texturas hecho a la medida del verbo afligido expuesto en todo momento. Mucho más que un disco sobre la pérdida.

 

Portada de Nick Cave: Mercy On Me, obra de Reinhard Kleist.
Portada de Nick Cave: Mercy On Me, obra de Reinhard Kleist.

El 7 de septiembre se publica la novela gráfica Nick Cave: Mercy On Me, obra de Reinhard Kleist.

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