Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road). George Miller. USA, 2014. Thriller
Estreno el 15 de mayo

 

LANZALLAMAS EN FEMENINO

Hace un par de semanas celebrábamos desde esta sección el reestreno de las dos primeras entregas de “Mad Max” (1979 y 1981), la saga con la que George Miller convirtió el polvo que levantaban una legión de carrocerías cochambrosas y neumáticos viejos en el no va más del thriller de acción, que sumaba además el improbable logro de conciliar las estéticas gayer y punk en un legado estético para la historia. En la víspera del estreno en nuestras pantallas de “Mad Max: Fury Road”, en la que el propio director recoge el testigo que dejara 30 años atrás, la pregunta clave es: ¿qué ha cambiado en este tiempo? ¿Qué espera el espectador tipo del thriller apocalíptico de pisada a fondo, y qué decisiones han tomado los productores para adaptar la película a las filias y exigencias contemporáneas?

Tal vez la diferencia más llamativa se encuentra en el protagonismo. En la nueva entrega, Charlize Theron ha asumido un papel tan prominente (en la película, en los trailers, en los carteles de cuatro pisos) como el supuesto héroe que da su nombre al film. Una entrega que es, básicamente, una hiperbólica persecución de coches, una película de acción seca donde los antagonistas son masculinos, y el objeto de persecución son cinco mujeres con vaporosos y virginales vestidos blancos. Pero ahí tenemos a una Charlize tan badass como pudo ser Mel Gibson, con sus armas, su gastado brazo robótico, sus miradas asesinas, su letal magnetismo sexual (cuya consumación está provocadoramente vetada bajo un insalvable cinturón de castidad) y el memorable nombre de Imperator Furiosa (el mejor nombre en un dramatis personae que incluye a Rictus Erectus o el Comedor de Personas). Una redefinición del papel femenino en la saga acorde al siglo XXI. No ha cambiado, por otro lado, el concepto básico: desierto y coches, mucha carrera, poco diálogo y poco drama, un popurrí estético donde los malos son infinitamente más icónicos y divertidos que los buenos. Fetichismo automovilístico llevado al paroxismo, convirtiendo el volante en un tótem. Una hipérbole en la acción que no conduce la película a la vía de la fantasmada, sino a la de la autoparodia, condensada en una imagen: una guitarra lanzallamas montada en un camión.

Se ha refinado la construcción visual de la película, por obra y gracia del presupuesto y la tecnología. El desgaste mugriento que caracteriza a las imágenes de las tres películas anteriores ha sido sustituido por una imagen limpia, de tonos tan básicos y vibrantes que aproximan la película a la pura abstracción: formas de color moviéndose muy rápido. Los trucos digitales permiten elevar el nivel de espectáculo y usar esas ideas que antes nunca hubieran sido factibles, pero ojo: el director afirma que el 90% de los efectos especiales son mecánicos, sin ordenador.
Pero nada ha cambiado más, en treinta años, que la relación entre las películas y sus espectadores. Unos trailers fueron lanzados casi con un año de adelanto y se abrieron las puertas del cielo: un diluvio de trailer reviews y engagement en las redes sociales, dibujantes haciendo carteles alternativos e ilustraciones basadas en los breves segundos de metraje disponible, instrucciones para maquillarte y disfrazarte de los nuevos personajes de una saga, repetimos, de hace tres décadas. ¿Realmente somos conscientes de que bajo esa cascada de hype hay una sencilla película de dos horas? Apenas. Pero ahora por fin podemos ir al cine y revivirlas.

Quién: Tom Hardy como un Mad Max que se empeña en recordar que él era el protagonista de las tres anteriores, pero que tiene a Charlize Theron para robarle escenas al por mayor.
Qué: Lo que pone la etiqueta: tribus futurístico-feudales zurrándose la badana mientras queman rueda en el desierto. Ni más ni menos.
Cuándo: En un extraño limbo donde se confunden el futuro post-apocalítptico, el presente del cine y la nostalgia por las pelis que ponían en la tele cuando teníamos diez años.
Dónde: Al estilo de los spaghetti-western rodados en Almería, pero esta vez en Australia y Namibia.
Por qué: Porque hay formas mucho peores de destrozar un recuerdo que entregárselo a su creador original y dejarle hacer el blockbuster de acción con mejor pinta en años.

 

TRÁILER

Posología: Conductores a los que les guste pisar a fondo, daltónicos y guitarristas fogosos.
Contraindicaciones: Budistas, reumáticos y personas en busca del sentido de la vida.
Efectos secundarios: Tendencia a salir zumbando en cuanto ves una rueda. Acopio frenético de comida, agua, gasolina y armas, por si acaso llega eso del apocalipsis.
Véase también: La otra saga de éxito de George Miller: Babe, el cerdito valiente. Va en serio.
Pedigrí: No pidan peras al olmo: esto es acción y adrenalina. Busquen la mención honoris causa en otro sitio.  

 

BANDA SONORA ORIGINAL

Coméntalo

comentarios