Pese a que sus últimos títulos transitan por vías más ortodoxas que sus predecesores, no deja de ser insólito que Claire Denis, una de las voces más libres del cine francés contemporáneo, abrace con tanta viveza un género, el neo-noir, cuyas reglas, y no digamos sus referentes, resultan más que unívocos y precisos. La trama de “Los canallas” no puede resultar más chabroliana: el capitán de un petrolero corre al amparo de su hermana, cuyo marido acaba de suicidarse, decidido a vengar la muerte de éste seduciendo a la amante del magnate causante de su desgracia. La familia burguesa como fuente de secretos y pactos de sangre, santo y seña del llamado Hitchcock francés, se declina aquí con los lugares comunes a la filmografía de la autora: personajes lacónicos y herméticos y una narración articulada a base de miradas y silencios, con un crescendo dramático inexorablemente abocado a la tragedia.

Con Los canallas duermen en paz, de Akira Kurosawa, como punto de partida, Denis articula un thriller psicológico cuya fuerza radica en la aguda disquisición de las pasiones de sus personajes, encarnados por un reparto en estado de gracia encabezado por Vincent Lindon, en el que brillan con luz propia Chiara Mastroianni y la joven Lola Créton, la ahijada cinematográfica de Olivier Assayas y Mia Hansen-Løve. Mención especial merece la banda sonora de Tindersticks, cuya electrónica chill-out subraya el hipnotismo del relato.

 

Coméntalo

comentarios