Lazos de sangre (Blood Ties). Guillaume Canet. Francia, 2014. Drama/Thriller.
Estreno el 22 de mayo

 

ENEMIGOS ÍNTIMOS

La pregunta del millón: ¿en qué momento empezó a joderse todo? Frank (Billy Crudup) lo tiene muy claro: fue su cobardía la que, siendo niño, le impidió avisar a su hermano Chris (Clive Owen) de que venía la policía. Ese fue el punto de inflexión en dos caminos hasta entonces paralelos, el primer escalón en la tortuosa cuesta abajo que metería al rebelde y justiciero Chris entre rejas, mientras que, en el otro lado, la prudencia y ortodoxia de Frank le convertían en un reputado agente de la ley. Treinta años después de ese incidente y doce de su ingreso en prisión, Chris sale de la cárcel y, firme en su propósito de encontrar un empleo y emprender una nueva vida dentro de los cauces de la legalidad, es acogido en una pequeña habitación en casa de Frank. Con la palabra expresidiario escrita en la frente, cada día es más evidente que, cuando de reinserción hablamos, no bastan las buenas intenciones.

Englobada dentro del género thriller, pero con el factor humano como prioridad absoluta, la película se sustenta sobre la tensión de fuerzas entre extremos: lo justo frente a lo que conviene, la empatía frente a la supervivencia, el determinismo frente al libre albedrío. Las acciones de los personajes (excepcionales Clive Owen, Billy Crudup y las secundarias Mila Kunis y Marion Cotillard) se mueven en una cuerda floja definida por dichos extremos, cuyos vaivenes obedecen menos a su propia voluntad que a verse superados por sus respectivas circunstancias. Contrariamente a lo que sucede en el thriller clásico, el guión renuncia voluntariamente a los arquetipos de protagonista y antagonista, construyendo psicologías complejas definidas en una amplia gama de grises, en consonancia con la naturaleza dual del ser humano. Este enfoque evidencia en el film sus raíces francesas (novela, guión y dirección) en la línea de la introspección y la riqueza de matices característicos de la filmografía gala, lo que dará pie a la coexistencia de afectos tan arraigados como contradictorios y a una sempiterna alternancia de peleas y reconciliaciones, dejando a los personajes un mínimo margen de maniobra en un lienzo cuyo polivalente engranaje impide, con mucho tino, dictar sentencia firme al espectador. Sí son rotundos, en cambio, la concepción de una sociedad en la que la estigmatización no deja cabida a las segundas oportunidades y un demoledor desenlace que pone de relieve la imprevisibilidad y grandeza del ser humano.

Quién: Clive Owen y Billy Crudup como dos hermanos entre los que existe un afecto sincero, pero opuestos itinerarios vitales.
Qué: La adaptación de la novela “Deux frères, un flic, un truand” (“Dos hermanos, un poli y un truhán”), de los franceses Bruno y Michel Papet, una larga senda de intrincados vericuetos vitales bajo el yugo implacable de los prejuicios.
Cuándo: 1975.
Dónde: Brooklyn.
Por qué: Por su humanismo, su polivalencia y su calidez de fondo.

 

Posología: Relativistas y partidarios del perdón como vía para un mundo mejor.
Contraindicaciones: Mentes estrechas, talibanes de la moral y partidarios de la pena capital.
Efectos secundarios: Un lugar entre la compunción de ánimo, la gratitud y la fe en el ser humano.
Véase también: Pequeñas mentiras sin importancia, una pequeña maravilla con Cotillard y el excepcional Benoît Magimel que evidenciaba, una vez más, el talento y la anchura de miras del director, Gillaume Canet.
Pedigrí: Sección oficial en el Festival de Cine de Cannes.

 

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