Ahora que el fin de semana se encuentra en plena ebullición, una agradable preocupación invade nuestra mente: ¿qué planes tenemos para esta noche? ¿Y para esta tarde? Para reivindicar la importancia del “Saturday Evening Life” y su mejor aliada, la pre-fiesta, hemos elaborado una breve lista de preceptos sobre ese fenómeno tan apetecible que es la víspera a un fiestón.

– Una fiesta no es tan fiesta sin pre-fiesta (ni post-fiesta).
Hace ya años que una creencia popular comenzó a hacer mella en gran cantidad de fiesteros: si la noche del sábado no es seguida de un domingo de afonía y dolor de cabeza, es que no te lo has pasado demasiado bien. ¡Error! Fruto de esto, surge una especie de contracorriente con tantos seguidores como detractores que aboga por dar un nuevo significado al momento post-fiesta: el after. Pero, si hay algo realmente aclamado por la mayoría, es el a veces olvidado momento pre-fiesta. Párate a pensarlo: ¿acaso no es el calentamiento que precede al ejercicio físico igual de importante que el mismo? Hasta el pre-calentamiento, puestos a hablar de previos, cumple una función fundamental. Esta notable necesidad ligada al prefijo “pre” es, evidentemente, totalmente extrapolable a la pre-fiesta.

– A grandes pre-fiestas, mejores fiestas.
Si algo tiene la pre-fiesta, es ese halo idílico que rodea la mayoría de actividades enfocadas a calentar motores para una noche inolvidable: invitar a amigos a casa, poner algo de música (y aquí un consejo: pasar del playlist de tu smartphone y pinchar “a la analógica” dará a tu momento pre-fiesta un plus de sensualidad), picoteo, unos botellines de Desperados (siempre con control, que aún queda mucho sábado), debatir sobre el portador del mejor outfit, últimos retoques de chapa y pintura… Entramos en un estado mental en el que las expectativas sobre las próximas horas se disparan. Porque puede haber fiestas que fracasen, pero todas ellas fueron siempre grandes fiestas durante su pre-fiesta. Muestra de ello es la sobre-positividad que de siempre ha caracterizado a esos grandes himnos pop (del Voy a pasármelo bien al I gotta feeling) que musicalizaron las primeras pre-fiestas de un puñado de generaciones. Las pre-fiestas alimentan a las fiestas generando esa expectación, combustible de todo lo vivido durante esas noches legendarias.

– La fiesta es para muchos, la prefiesta para unos pocos.
Toca reflexionar sobre la idiosincrasia VIP de la pre-fiesta. En ella, no hay más invitados que aquellos que son para ti Very Important Persons. Aquellos que, empezada la fiesta, quizás queden relevados por una marabunta de gente, pero también aquellos a los que llamarás al día siguiente para intercambiar opiniones. Y aquellos con los que comenzarás a planear la siguiente fiesta (con su correspondiente pre-fiesta). ¿Será la pre-fiesta un elemento afianzador de la amistad?

– Siempre nos quedará la pre-fiesta.
A raíz de los tres puntos anteriores podemos extraer una conclusión: no hay fiesta sin pre-fiesta. Pero, ¿hay pre-fiesta sin fiesta? Seguramente no te resulte difícil dar respuesta a esta pregunta si te remontas a algunas de esas noches en las que -consecuencia del apalancamiento o de, simplemente, estar inmejorablemente satisfecho con el ambiente que se cuece en tu propio salón- la pre-fiesta ha desbordado sus confines convirtiéndose ella misma en la fiesta, cambiando el volumen y los focos por carcajadas interminables y dando un giro inesperado a la noche de ese sábado.

Además, Desperados se ha propuesto garantizar el éxito de tus próximas pre-fiestas. Utilizando el hashtag #DSPega, podrás entrar en el sorteo de cajas de Desperados todas las semanas. Y recordándonos lo más importante: las normas de la pre-fiesta las marcamos nosotros mismos. 😉

Disfruta de un consumo responsable.

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