La ironía del vacío, la ausencia de humanidad en un entorno básicamente humano es la obsesión que persigue el fotógrafo Gerry Johansson en sus instantáneas. Su excepcional archivo, inmortalizado en una serie de libros de magnífica edición, es el retrato de una belleza atípica que se pierde entre el asfalto y el cemento. Los espacios que Johansson ve a través de su cámara se convierten en algo inerte que parece detenerse en el tiempo. La humanidad plasmada mediante la mera presencia de su huella, sujeto omnisciente de cada imagen, nos sumerge en una experiencia cálida pero inquietante. Ese juego donde la ausencia y el silencio parecen cobrar vida se estructura en fotografías de composiciones limpias pero primordialmente honestas. Ya sea con una Rolleiflex o una Hasselblad su óptica de 80mm sabe como pocas desnudar cada paisaje para ver las emociones tras los ladrillos y cruzando el horizonte. Con el espíritu de genios como Robert Frank, Johansson nos acerca a la gente pero, esta vez, prescindiendo de ella.

Las excelentes series que nos sumergen en sus viajes por el mundo, décadas recorriendo las calles neoyorquinas y los campos suecos, son un documento único que ya se ha visto expuesto en algunas de las más importantes salas del panorama artístico, véase la prestigiosa Hasselblad Foundation, por ejemplo, o el Museo de Arte Contemporáneo de Estocolmo. La extrema sensibilidad de Gerry Johansson para detener en su trabajo la belleza y, además, hacerlo desde la  sobria sinceridad que le caracteriza nos cautiva y emociona. Si como nosotros ya te has dejado fascinar por la solitaria belleza de una calle desierta, no olvides hacerte con alguno de sus libros de edición limitada a precios bastante asequibles.

 

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