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Kate Winslet nunca podría encabezar un titular que comience con “El regreso de…”. En los últimos meses, la estrella hollywoodiense nacida en Berkshire (Reino Unido) ha encadenado estrenos como La modista (The Dressmaker), Steve Jobs e Insurgente. Además, a pesar de no haber sido premiada por su nominación a mejor actriz de reparto por su papel de Joanna Hoffman en el acercamiento de Danny Boyle al papá de Apple, Kate ha sido el centro de atención de los Oscar por celebrar con el mismo ímpetu que todos nosotros el fin de la maldición estatuilla dorada de Leonardo DiCaprio. Súmale su emotivo discurso tras ganar el BAFTA (“Seguid creyendo en vosotras mismas, solo deberíais ir a por ello”) para que no nos quepa ninguna duda, ni siquiera a ese profesor al que hizo alusión en el speech recordando cómo la ninguneaba, de que a sus 40 años aún le queda estrella para rato.

Acaba de estrenar La modista (The Dressmaker): un romance a la australiana en la que se viste de una glamurosa diseñadora que aparca las casas de moda en París para volver a pisar, ahora con tacones, el lodazal de su pueblo, donde planea ejecutar una venganza de alta costura y acallar, de una vez por todas, los chismes del patio de vecinas. Además de desmelenarse por culpa de los abdominales rústicos de Liam Hemsworth, Kate luce palmito chic a medida: regresa ceñida de rojo, con taconazo y cigarrillo plus boquilla. Mientras el pueblo se adapta a su nueva imagen, nosotros nos volcamos con una regresión por sus looks (y personajes) más inspirados y recordados.

 

STEVE JOBS Y SAGA DIVERGENTE

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Para obtener el papel de Joanna Hoffman, la ex directora ejecutiva de Apple y confidente de Steve Jobs, Kate mandó a su actual esposo, Ned Rocknroll, a comprar una peluca corta y negra, también aniquiló cualquier rastro de maquillaje en su rostro y apoyó el postureo intelectual con unas gafas. Además, reconoce que, al ser tecnofóbica, tuvo que cargar su iPad, en estado avanzado de hibernación, para, antes que nada, poder leerse el guión de Aaron Sorkin. Entre lo nerd y geek: algo así como la versión más discreta y sofisticada de una Janine Melnitz promovida de su silla de secretaria de Los cazafantasmas. En Divergente e Insurgente es a la que mejor visten… De azul eléctrico y con pinta de ejecutiva agresiva, villana de la función distópica con un poco más de luz y color que esos adolescentes revolucionados aunque de aspecto gris grafito. También ha sabido sacar el máximo partido a esa estética workaholic en cintas como Contagio y La vida de David Gale.

  

EL LECTOR (THE READER) Y REVOLUTIONARY ROAD

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Tuvo que seducir a un adolescente y mimetizarse con el estilo de la SS de la Alemania nazi para empuñar su primer y único Oscar. En 2008, Stephen Daldry profundizó en el rictus amargo de la intérprete con el consiguiente premio de la Academia. Ese mismo año sería dirigida por el que, por aquel entonces, era su marido, Sam Mendes. En Revolutionary Road volvería a reencontrase con Leonardo DiCaprio, sin embargo, en esta ocasión su idilio no fue tan emocionante… Eso sí, acabó igual de hundido. Enclaustrada en la frustración por lo que iba a ser pero finalmente nunca fue, April Wheeler disimulaba su vacío existencial con vestidos ceñidos a la cintura y faldas por debajo de la rodilla. Lady años 50: sin duda, era la más atractiva de todo el vecindario pero con una fachada que se caía a trozos. ¡Lo que hubiera dado Rose por una vida conyugal con Jack en los suburbios del sueño americano!

 

JUEGOS SECRETOS (LITTLE CHILDREN) Y ¡OLVÍDATE DE MÍ! (ETERNAL SUNSHINE OF THE SPOTLESS MIND)

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En 2006, Todd Field nos mostró cómo habría lucido Winslet si se hubiera instalado en un suburbio de clase media-alta en Boston para ver la vida pasar, esperando que llegara el éxito en vez de salir a buscarlo. No es difícil adivinar lo que escondía su armario: aburrimiento y hasta un peto. Pero fue ponerse un traje de baño color rojo pasión y la monotonía tornó a un maratón de sexo con Patrick Wilson, el marido a Jennifer Connelly en la ficción. Ese giro de acontecimientos incluía testar lugares nuevos (como ese cuarto de la lavadora) para el revolcón. En ¡Olvídate de mí! quiso ser más original y se convirtió en la ex de cabellos naranjas, verdes y azules de un Jim Carrey lobotomizado por Michel Gondry. ¡Pero quién se va a olvidar tan fácilmente de la impulsiva Clementine Kruczynski con esos pelos! 

QUILLS Y HOLY SMOKE

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De la deseada lavandera del asilo mental de Charenton, en el que permanece preso el Marqués de Sade, a esa turista en busca del sentido de la vida a través de la India, y enganchada a la espiritualidad de Oriente vía secta. O lo que es lo mismo: de riguroso blanco ajado de tanto frotar y frotar, con pañoleta en la cabeza, en Quills, a decorar su frente con el bindi de la paz interior y simplificar su vestuario terrenal mostrando el ombligo, caminando descalza y transformando los pañuelos en faldas de corte hippy para el trip de Jane Campion.  

 

TITANIC

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Oscar al mejor vestuario para Deborah Lynn Scott en 1998. Un año antes, Rose DeWitt Bukater se hacía con una plaza de primera clase en el transatlántico más famoso de la ficción, junto con el Poseidón, y acababa enamorando a Jack Dawson, despertando una marea de odio contra su persona entre todas las adolescentes forra-carpetas. Se subió a bordo engalanada con un sombrero que no hubiera pasado por el marco de la puerta de los compartimentos destinados a la clase baja; agobiada por el compromiso, a punto estuvo de lanzarse directa al mar con un modelito rojo con sobrevestido en tul negro, escote imperio y con incrustaciones de pedrería; y sobrevivió al desastre, probablemente, gracias a un corsé salvavidas que, sin embargo, cerca estuvo de ahogarla entre banquete y parranda en pub irlandés. Aunque su modelito más recordado de esta pasarela high-class pasada por agua, se corresponde a ese momento a lo maja desnuda en que el colgante El corazón del mar hacía juego con sus pechos nobles.  

 

HAMLET Y JUDE

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Dos vestuarios tan opuestos como ese par de papelones que se marcó: Ofelia, enamorada del príncipe Hamlet, tiraba de un amplio armario para llenar los 242 minutos de película y saltar del acto tímido, al histérico, siguiéndole el más seductor y acabando en el rebelde vengador. La segunda, ya tenía bastante con enamorarse de su primo así que mejor no complicarse… Un recogido sencillo y aspecto rural impoluto para no llamar la atención, aunque con su interpretación noqueó hasta al último de la fila con esta adaptación cinematográfica de la novela de Thomas Hardy, Jude el oscuro, a manos de Winterbottom.

 

SENTIDO Y SENSIBILIDAD (SENSE AND SENSIBILITY)

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Vestidos de corte imperio (ideales para eventos campestres), colores claros y pálidos (por una imagen cándida) y, por supuesto, sombreros de época, de paja, adornados con lazos y flores (que explotan el decoro y evitan insolaciones). El estilo regencia diseñado en 1995 por Jenny Beavan, diseñadora de vestuario premiada por Mad Max: Fury Road, es ideal para enamorarse, seas de las que se deja llevar (Kate Winslet como Marianne Dashwood) o de esas que se lo guardan para adentro (Emma Thompson como Elinor). Si la misión romántica se nublaba, Kate/Marianne se pasaba al look “capa caída fango verdoso” para dejar más que claro su estado interior, calándose hasta los huesos de su propio dolor, y sin tener que preocuparse de que se le rizaran, más si cabe, esos caracolillos (la perdición de sus pretendientes). La pinta bucólica es uno de sus puntos fuertes: véase también su Sylvia Llewelyn Davies en Descubriendo Nunca Jamás.  

 

CRIATURAS CELESTIALES (HEAVENLY CREATURES)

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Para su debut cinematográfico en 1994, Peter Jackson la vistió con vestiditos en color pastel, trajes de baño de una pieza estilo años 50 y uniforme escolar de la marca católica. Aunque tras hora y media de fantasías, obsesión y genialidad incomprendida el outfit de su personaje Juliet Hulme acababa cubierto de sangre por un exceso de imaginación mal dirigido. Loca, sí… pero con estilo. 

 

¿Y MAÑANA QUÉ ME PONGO?

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Kate lo tiene claro: escotazo combinado con joyería de lujo, de oro rosa, blanco o amarillo de tantísimos quilates y platino 950 engastado con sus tropecientos diamantes talla brillante, reforzado con modelitos agresivos del rojo al negro y rematado por unas gafas de diseño y un pelazo que intimidan. El look idóneo y necesario para convertirse en Irina Vlaslov, matriarca de la mafia rusa entre el glamour y el exceso hortera en Triple 9, una de atracos, chantajes y policías corruptos con Casey Affleck y Chiwetel Ejiofor (12 años de esclavitud).

La modista (The Dressmaker) ya ha llegado a su polvoriento pueblo natal en lo profundo de Australia… 
y también a las salas de cine. El estreno de Triple 9 está previsto para el 6 de mayo.

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