Podría parecer osado afirmar que, si de hiperrealismo hablamos, el debutante Jacinto de Manuel es a la pintura lo que Ron Mueck a la escultura. Pero si añadimos que ha sido pupilo del mismísimo Antonio López, la afirmación ya no parece tan descabellada. Y es que la juventud de este licenciado en Bellas Artes no ha sido óbice para atesorar una producción que, al igual que la del titán australiano, tiene a la figura humana como epicentro de su universo creativo. En consonancia con ella, las declinaciones más reseñables de De Manuel son aquellas que se alinean con los arquetipos propios del veinteañero urbanita contemporáneo, frecuentemente en una actitud místico-contemplativa que denota su vocación de infinitud, con una fidelidad tal que en un primer vistazo podrían ser confundidas con una campaña publicitaria de G-Star o un editorial casual-cool de una revista de moda.

La galería madrileña Cuatro Paredes Blancas acoge ahora su exposición “Atemporal”, que recoge sus obras más populares en óleo y grafito, así como sus incursiones en la escultura, donde prima la recreación de objetos cotidianos. Una reivindicación de la vanguardia perenne del dibujo y la pintura, presentados en su vis más actual.

“Atemporal”, de Jacinto de Manuel. Del 30 de enero al 16 de febrero
Galería Cuatro Paredes Blancas. San Lorenzo, 11. Madrid

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