It follows (It follows ). David Robert Mitchell. USA, 2014. Terror
Estreno el 29 de mayo

SEXO, FANTASMAS E INFECCIONES EN SERIE

En Scream (1996), Wes Craven ponía en boca del personaje interpretado por Jamie Kennedy la transcripción de uno de los códigos clave de la propia condición de slasher del film: “El sexo es malo, el sexo es muerte, el que folla la palma”. David Robert Mitchell parte de este postulado en esta su segunda película, a propósito de una extraña fuerza sobrenatural, encarnada en múltiples seres fallecidos, que sus víctimas atraen involuntariamente al practicar sexo y que las persigue hasta asesinarlas si antes no se la transmiten a un tercero en un nuevo encuentro sexual. No es, pues, lo único que Mitchell toma prestado del disco duro del cine de género: el desenlace de The Ring (Hideo Nakata, 1998) manifestaba el idéntico carácter de relevo de la maldición, ese infeccioso brote epidémico al que uno sólo podía poner freno en sí mismo endiñándoselo a otro. Pese a estas y otras referencias que revelan su profundo conocimiento del medio (la sobrecogedora inmensidad espacial de Carpenter, el plano subjetivo que nos sumerge en la piel de la protagonista, el fuera de campo como generador de tensión y anticipo del peligro), Mitchell tiene una voz propia y perfectamente audible que embiste contra el extendido prejuicio que considera al fantástico como cine de segunda y lo reivindica como terreno propio del cine de autor (a la sazón, él firma tanto el guión como la dirección de este y su anterior film), haciéndose acreedor no sólo de una estética propia (la apariencia analógica del conjunto, el travelling limpio en la puesta en escena, la música como baza modernil), sino de una inusitada profundidad emocional, con su forma más explícita en charlas íntimas y recuerdos compartidos, que escenifica su propia alquimia del angst contemporáneo. Tal y como muestra la usurpación de la concepción judeocristiana del sexo como origen de todos los males (muy popular, por otra parte, en el terror teen de los 80), la película arroja, en una explicitud pareja a la de Craven referida en el primer párrafo, distintas reflexiones metafísicas, antropológicas e incluso sociológicas, como el miedo innato a la muerte o el apartheid socioeconómico marcado por los límites periféricos urbanos. Una conjunción sobresaliente de continente y contenido con tan alto listón que, muy probablemente, no la veremos convertirse en blockbuster.

Quién: David Robert Mitchell, joven cineasta que en sus tres trabajos (un corto y dos largos) puede presumir de la denominación un film de con la que la Nouvelle Vague comenzó a marcar la conjunción unipersonal de los roles de dirección y guión del cine de autor. Maika Monroe, un diamante en bruto que debuta como heroína del slasher más íntimo y personal.
Qué: Tras un accidentado encuentro sexual, una adolescente apoyada por sus amigos trata de dar esquinazo a un espíritu polimorfo que la persigue para acabar con su vida.
Cuándo: Contemporaneidad superlativa.
Dónde: En una pequeña ciudad de provincias estadounidense.
Por qué: Por su eficaz equilibrio entre intimidad y suspense.

 

TRÁILER

Posología: Jóvenes enamoradizos, almas platónicas y aficionados al terror con chicha.
Contraindicaciones: Palomiteros de centro comercial y aquellos para quienes la calidad del cine de terror es directamente proporcional a la hemoglobina vertida en pantalla.
Efectos secundarios: Paranoia y manía persecutoria.
Véase también: Halloween, de John Carpenter, una obra maestra de innato la que se evoca aquí su terrorífica belleza.
Pedigrí: Sección oficial de la Semana de la Crítica en Cannes y del Festival de Sitges.

 

BANDA SONORA ORIGINAL

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