Siempre hubo un sentimiento en ti, un sentimiento que te indicaba que eras distinto, un sentimiento que no podías canalizar porque, de algún modo, tampoco lo acababas de comprender. Al nacer, los rostros presentes y los que posteriormente te acompañaron dibujaron lo que podías hacer o no, además de lo que debía definir tu carácter: fuerza, rebeldía o sumisión programada. El problema vino más tarde cuando, al interactuar fuera del hogar, notabas que existían ideas sobre ti que ni tú mismo conocías, rasgos, expresiones, olores, gustos… y no sólo estaban ahí, se proyectaban en las pantallas de cine, se emitían en las de televisión… Mientras tú, mientras Dana Michel, almacenaba todo en su cabeza y alimentaba ese sentimiento que cada vez aprisionaba su pecho, más y más, más y más. Fotografías de Camille McOuat.

La presión aumentó y finalmente explotó en movimiento. Movimiento de su cuerpo, baile, dance que se reproducía en sus brazos, rostro, piernas. Le puso nombre, Mercurial George, así era más fácil poder recurrir a él cuando lo que llevaba dentro le dijera: “It’s the time”. Ahí es cuando podría volver a sus raíces en una única bolsa de equipaje para ella. No para almacenar, no para guardar, sino para esconder entre tela negra su carne, su cuerpo y volver tal y como vino. Volver a ser una sorpresa, una niña cuyo destino era una vida mejor que sus padres no tuvieron. Un destino que haría de sí misma puro arte.

A continuación, puedes poner voz y palabras a su movimiento.

La performance Mercurial George, de Dana Michel, se representa este sábado 11 de junio en la sala Hiroshima (Calle Vilà i Vilà, 67) en Barcelona. Consigue aquí tus entradas.

Coméntalo

comentarios