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La palabra amigurumi viene del japonés y se podría traducir como peluche tejido. Esta moda de realizar muñecos cuquis mediante técnicas como el croché o el ganchillo es una tendencia muy habitual en el país nipón, aunque a día de hoy se ha extendido a lo largo y ancho del planeta con un gran número de fieles seguidores. Un fenómeno que ha ido creciendo desde que en 1960 la cultura japonesa se volcara con la aparición de los primeros juguetes en forma de animales de peluche de aspecto kawaii. El objetivo de estas pequeñas creaciones no es otro que sacar el niño que llevamos dentro, a través de formas adorables para adultos que no quieren crecer. Nicole Gastonguay no es japonesa, pero aún así es una toda experta en hacer encantadores amigurumis. A pesar de trabajar sin un patrón, sus piezas son de tamaño casi perfecto. Entre sus divertidas creaciones podemos ver un rollo Kodak, una Polaroid, un bote de pepinillos, un cubo de rubic e incluso una tostadora, todas ellos caracterizadas con un par de ojos saltones. Gastonguay siempre había tenido claro que lo suyo era hacer muñecos tridimensionales con lana, así que un día compró el libro “Crocheting for Dummies” y se puso manos a la obra. Aunque en un principio intentó seguir los patrones del amigurumi, inspirándose en las criaturas de fantasía de Jess Hutchs, más tarde decidió que quería que sus pequeñas obras tejidas fueran únicas y distintas, usando únicamente su intuición y sentido común (y Adobe Illustrator). En sus trabajos combina la tapicería tridimensional y el ganchillo, dando como resultado divertidos muñequitos que seguro, os sacarán más de una sonrisa.

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