Nosotros y yo (The We And The I), de Michel Gondry. Francia, 2012. Drama estudiantil
Estreno 3 de julio

 

ÍNTIMO Y GRUPAL

“Él no es así. Cambia cuando está con ellos”. Oída más de una vez a lo largo del film de Gondry, esta frase condensa la (ratificada) tesis que el director francés más internacional del panorama cinematográfico actual expone en el que ya es su antepenúltimo film: el abismo que media entre el comportamiento grupal y la intimidad del bis a bis. Apoyada en un elocuente simbolismo inicial (el autobús teledirigible que Gondry presenta en montaje paralelo al autobús real) que sugiere la automatización de los patrones de conducta en colectividad, la acción se desarrolla, pues, en un autobús urbano del Bronx, que lleva a un grupo de estudiantes a sus casas el último día del curso en su instituto.

La película arranca con un retrato grupal tan lamentable como reconocible: las tretas, desmanes, fanfarronerías y desvaríos con sus compañeros y demás transeúntes por parte de (no sólo) los gallitos de la clase, que fieles a esa ley no escrita en el ordenamiento jerárquico adolescente, ocupan los asientos traseros. Enmarcada en un bullicioso griterío y los compases bravucones de varios temas hip-hop, la narración se estructura en tres partes consecutivas y complementarias: Los Abusones, El Caos y El Yo, retratando en tiempo real la transición entre la rudeza chulesca del grupo, el limbo ambiguo entre lo comunal y lo personal y, por último, la autenticidad y sinceridad de la intimidad.

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Tras mostrar su personalísimo y onírico universo estético en un buen puñado de películas, Gondry deja la fantasía a un lado para encapsular la inmediatez del aquí y ahora en un formato con un semblante híbrido entre el documental y el cinéma vérité, un verdadero ensayo fílmico cuyo campo de pruebas, si bien acotado al Bronx neoyorkino, podría extrapolarse con un mínimo margen de error a cualquier instituto de clase media. En su catálogo de enfrentamientos, confesiones y tropelías, si por algo brilla la película es por su ejemplar disquisición de la celebérrima máxima rousseauniana: “El hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe”. Una darwinista jungla urbana en la que la diferencia se paga con la burla y el ostracismo, y donde nadie osa hacer caer las máscaras.

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Quién: Michel Gondry, el director francés más fantasioso e internacional, en su versión más prosaica y analítica.
Qué: Las pullas, parloteos y desavenencias de un grupo de estudiantes de instituto en su último día de curso.
Dónde: En un autobús urbano del Bronx.
Cuándo: Filmada en 2012, llegua a nuestras pantallas con tres años de retraso. Gajes de una industria consagrada a la evasión y la espectacularidad.
Por qué: Por su sinceridad y realismo.

 

TRÁILER

Posología: Filósofos en paro, mentes profundas y adeptos
Contraindicaciones: Bullies empedernidos, Ortega y Gasset y alérgicos a la guturalidad palurda de las masas.
Efectos secundarios: Una amplio espectro de emociones incontrolables, de la indignación a la empatía y la melancolía.
Véase también: La clase, similar experimento de Laurent Cantet que, como Gondry, toma como actores a verdaderos estudiantes que también conservan sus nombres, pero cambiando el escenario del autobús al aula.
Pedigrí: Premio de la Crítica en el Festival de Cine de Deauville.

 

BANDA SONORA ORIGINAL

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