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¿Conoces a Flavita Banana? El humor y el amor en la era digital se han transformado en algo completamente distinto a lo que conocíamos hasta ahora. Este cambio, no sólo generacional sino también conceptual, ha sabido captarlo a la perfección esta ilustradora que copa las redes sociales. Lo más probable es que te hayas encontrado alguna de sus viñetas en algún Instagram, Facebook o Twitter. Y, lo más seguro, es que te hayas reído, llorado o te haya dado un escalofrío al leer la crudeza con la que refleja nuestro entorno. Hemos hablado con Flavia Álvarez-Pedrosa para conocer mejor este nuevo tipo de humor, sencillo, efectivo y punzante que está convirtiéndola en la reina de las redes sociales.

Ivan-MonteroFlavita Banana. Fotografía de Iván Montero

“Empecé a mezclar escritura y dibujos sencillos que no empañasen la idea, y abrí la página de Facebook. Y evidentemente, explotó. Eso sólo ocurre cuando haces las cosas de corazón. No puedes mentirte eternamente”.

¿De dónde viene el nombre de Flavita Banana?
Una amiga con la que viví me llamaba así, y se les pegó a los demás. Sonaba bien, y mi nombre real es muy largo (si lo encontráis por ahí, veréis que no suelen ponerlo completo).

¿Cómo has comenzado a dibujar? ¿Y cuándo?
Como todo el mundo, desde niña, pero yo seguí. Había libros de Quino o Sempé por casa, además de las tiras cómicas de los periódicos, y quería ser como ellos. Los leía y pensaba “eso es un trabajo, hay gente que realmente hace eso todo el día”.  Quizá durante temporadas dibujaba menos, pero a partir de los dieciocho estudié Artes y Diseño y después Ilustración, y ya si que se convirtió en algo diario.

Además de a la ilustración ¿a qué te dedicas?
Desde junio me dedico sólo a esto. Evidentemente funciona de otra manera, no puedes asignarte horas diarias estáticas para hacer viñetas, las ideas vienen cuando quieren. Nunca vi la vida como algo donde el trabajo ocupara la mayor parte del día, y las cosas agradables sólo el “tiempo libre”. Tuve que doblegarme ante el sistema laboral durante muchos años, como todos, y te prometo que era infeliz al sonar la alarma cada día para irme a una oficina a regalar mi tiempo a la idea de otra persona. ¿Te suena? Es lo normal. Pero siempre tuve claro que pararía, sólo necesitaba ahorrar y esperar el momento adecuado. Creo que las cosas tienen que ocurrir cuando ocurren con facilidad.  Le he dado la vuelta, ningún día es igual que el anterior, no tengo horarios ni ingresos fijos. Por ejemplo, te estoy respondiendo un sábado por la noche, cuando los currantes intentan alejarse al máximo del trabajo. En mi nueva vida, si las cosas van mal o bien es únicamente mi culpa. Soy feliz en este caos 🙂

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¿En qué momento decidiste dar el salto hacia las ilustraciones por las que eres conocida?
Lo mismo, la cosas pasan solas. Siempre dibujé, pero en el verano de 2014 estaba perdidísima a nivel creativo (la gente creativa sabrá que eso te hace rozar la depresión): me empeñaba en tratar de tener un estilo semejante a lo que ya funcionaba (cuervos, ciervos, cosas serias, gilipolleces) y claro, hay gente que ya hace esas gilipolleces muy bien y porque creen en ello. Creo. Me mandaron a trabajar a Toulouse, no conocía a nadie allí, estaba cada día sola, sin la influencia (mala) creativa de Barcelona. Y pensé, para ya. ¿Qué te gusta dibujar, de verdad? Humor. Ideas. Historias cortas. Si no dibujara, escribiría. Así que empecé a mezclar escritura y dibujos sencillos que no empañen la idea, y abrí la página de Facebook. Y evidentemente, explotó. Eso solo ocurre cuando haces las cosas de corazón. No puedes mentirte eternamente.

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¿Por qué el tema amor/redes sociales?
Porque está en todas partes. No me invento nada, mira y escucha, las ideas están allí, a tu alrededor. Soy una romántica extrema, leo desde que tengo memoria y me caló mucho el concepto de amor. Hay quien cree que las historias de amor de manual son las de las películas, pero entonces no han leído el amor. Y no hablo de novela romántica: hasta en un libro de Eduardo Mendoza puedes leer algo de amor. Tanto ha calado que tengo un lío enorme en la cabeza respecto a eso. En su día un amor me dejó con los brazos caídos, como diría Miguel Hernández, y podía seguir centrifugando esas ideas en mi cabeza o hacerlas públicas para quitarles intimidad. Es muy terapéutico.

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“En su día un amor me dejó con los brazos caídos, como diría Miguel Hernández, y podía seguir centrifugando esas ideas en mi cabeza o hacerlas públicas para quitarles intimidad. Es muy terapéutico”.

Tus ilustraciones son únicas, sencillas pero efectivas y abrumadoras, dan en el clavo de las relaciones personales. ¿Cómo lo consigues?
A veces me escribe gente que empieza y quiere consejo. Les digo que vivan. Si quieres dibujar palomas tienes que salir a la calle a mirarlas. Si las dibujas mirando documentales o fotos, tus palomas son feas y falsas. Yo cuento lo que vivo, quizá mi cabeza funciona de otra manera y eso me permite concentrar un sentimiento o idea en una sola frase, pero la base es la vivencia. Con eso también quiero decir lo contrario: vive, no estés pensando en el trabajo, producción o resultado mientras te documentas. Vamos, que no trates de pensar en una viñeta mientras besas al amor de tu vida. O el de tu semana.

¿Crees que tratas el feminismo de una forma subyacente?
Eso parece, nunca fue intencionado. No digo que no haya que luchar por ello, pero creo que en lugar de hablarlo a la mesa hay que vivirlo y dar ejemplo. Me educaron en la igualdad máxima, mi entorno no es sexista, un comentario o actitud machista canta como una almeja entre mis amigos. O uno hembrista. La vida es demasiado corta para ponerte a odiar, y demasiado bella para que no te permitan vivirla como quieras por tener tetas. Si en las viñetas salen mujeres casi siempre es porque soy mujer. Esas mujeres están haciendo de todo, no pintándose las uñas y hablando del pelo únicamente. Mi parte subyacente quizá consiste en pretender que aunque el sujeto sea femenino, hombres y mujeres puedan identificarse. Parece que funciona. Algunos siguen negándose a identificarse si el sujeto no es el eterno neutral: el hombre. Pero oye, no puedo elegir mi audiencia.

ricardo

¿Cuáles son tus grandes influencias artísticas? ¿Y virtuales?
Lo dicho, Quino, Sempé, Serge Bloch, Jean Bosc, Chaval, Claire Bretecher, el Roto. Virtuales nada.

Si no existiese Instagram, ¿cómo hubieses dado a conocer tu obra?
Tendríamos que poder visitar universos paralelos para saberlo. No tengo ni idea, en mi caso Internet ha sido el canal para todo.

manuel

¿Quién es Flavita Banana? (es decir, cómo la definirías para alguien que no te conoce)
Es súper difícil responder a esto. Lo intento, pero inténtalo tú también y a ver si no suenas pedante y grandilocuente hablando de ti en tercera persona (Risas). A ver… para hacerlo sencillo, digamos que soy una viñetista que documenta las relaciones amorosas en un tono tragicómico, crítico y cínico. Alguien lo llamó humor triste, y me gusta mucho. 

Tus planes a corto/largo plazo.
A corto plazo voy a bajar a por una pizza y veré una peli con mi compañero de piso, aún no sabemos cuál. A largo plazo, saco libro en febrero con Lumen. Y esto no lo he dicho antes 🙂

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