Con frecuencia oímos decir a los diseñadores de moda que su trabajo se sustenta en un cuidado patronaje y en la sastrería clásica. Y también prolifera en los últimos años el gusto minimalista por la pureza de líneas, por los colores sólidos, por la ausencia de ornamentación. Pero llega Emma Mulholland y decapita –sin premeditación ni alevosía– todos esos clichés, tendencias y vías comunes, haciendo las cosas a su manera, lo cual resulta ser “a contracorriente”. Ella misma reconoce que siempre le ha gustado la ropa con formas sencillas e incluso desgarbadas, pero con un interesante estampado o con un color potente.

Y así son sus creaciones, con cortes muy simples y con todo el peso recayendo en la parte gráfica, saturada de color y de prints supervitaminados. Al final, todo eso le otorga a esta australiana de veinticinco años una de las cualidades más deseables en el mundo de la moda: poseer una estética única y reconocible, que le ha valido oír las alabanzas de style.com, ver sus prendas sobre los cuerpos estelares de Kanye West, Azelaia Banks, Grimes, M.I.A. o Kimbra y agotar existencias en cuarenta y cinco minutos de su colaboración con la firma francesa Jennyfer.                 

DE DÓNDE VIENE: Nació en Ulladulla, en la South Coast australiana. EN QUÉ SE INSPIRA: En la colorista ropa de los surferos de esa zona en los ‘90. SUS COMIENZOS EN MODA: Estudió en la escuela TAFE de East Sydney, y fue seleccionada para presentar su colección fin de grado en la Australian Fashion Week. EL SALTO: Creó su propia marca inmediatamente después, en 2011. LO MÁS DIFICIL: Labrarse un camino en la industria de la moda de su país. DÓNDE VENDE: En tiendas de Australia y EE.UU y online en shopbop.com.

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