Definitivamente, aquella tarde no había en toda la Gran Manzana mejor lugar para refugiarse. Alejarse de la arquitectura mastodóntica para perderse entre cada mechón platino del pelo de Lucky Blue Smith, o descansar la vista de las luces de neón para observar la destreza con la que Justin Gossman inmortaliza su peinado a golpe de selfie. Y qué decir de Piero Méndez (ni los más de mil pies del Chrysler serían capaces de hacerle sombra). Las gracias hay que dárselas a John Varvatos, que hizo vibrar a la NYFW a ritmo de rock and roll. California, años 70 y reminiscencias Mick (bien Jagger, bien Fleetwood) estuvieron presentes en cada centímetro de las siluetas skinny que el diseñador propone para la estación entrante. Para Nueva York alternativo, el de este backstage del que jamás hubiéramos querido salir.

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