PORTADA

La reflexión autorreferencial ha estado ahí desde que el cine es cine: del bloqueo creativo en 8 1/2 o El ladrón de orquídeas al falso making of de Tristram Shandy e Irma Vep o los biopics-homenaje, con mayor o menor suerte y acierto, como Ed Wood o la deplorable Hitchcock. Pero, sin duda, el filón más explotado es el de la mirada escrutadora a la oscura trastienda de Hollywood, el antagonismo entre la fábrica de sueños y las magulladas almas reales que la mantienen en marcha. Un asunto al que cineastas como Robert Altman (El juego de Hollywood), Woody Allen (Celebrity) y, muy recientemente, Iñárritu (Birdman) han sabido sacar rédito. David Cronenberg aporta ahora su propia versión del asunto, y lo hace desde una mirada cínica y satírica, alimentando deliberadamente el mito de la podredumbre personal de las grandes estrellas, la competencia feroz que convierte las desgracias ajenas en oportunidades propias y la extorsión (o poco menos) que aquellos que aparentemente lo tienen todo sufren a cargo de los impíos magnates de la industria.

El epicentro de esta tragicómica antesala del infierno es el personaje de Julianne Moore (Mejor Actriz en Cannes y Sitges por este papel), que interpreta a una vieja gloria de capa caída cuyos altibajos emocionales tienen su raíz en el fantasma del éxito de su madre (también actriz), que continúa viva en su memoria y encabeza sus tormentos en su doble condición de referente inalcanzable e incestuosa maltratadora infantil. Un preadolescente insolente cuya sitcom sustenta la economía doméstica, una veinteañera recién salida del psiquiátrico y repudiada por su acomodaticia familia, un productor sin escrúpulos y un arribista conductor de limusinas ponen cara a una jauría humana en la que la enclenque línea divisoria entre depredadores y víctimas y la perenne amenaza de un intercambio de roles mantiene a los peones en guardia hasta que todos sacan los dientes. Un ¿delirante? aquelarre bañado en valiums y sesiones de botox en el que la flaqueza y la perversidad son las dos caras de la misma moneda.

Maps-To-The-Stars-2

Maps-To-The-Stars-3

Maps-To-The-Stars-4

Maps-To-The-Stars-5

Maps-To-The-Stars-6

Maps-To-The-Stars-7

Maps-To-The-Stars-9

Maps-To-The-Stars-10

Quién: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack y Evan Bird (un diamante en bruto) bajo la batuta del David Cronenberg más sarcástico.
Qué: Ataques de ira, egolatría, trastornos mentales, traumas infantiles y escabrosas exclusivas en prime time en el recurrente perro come perro de la industria del cine.
Cuándo: Desde que el cine es cine.
Dónde: Hollywood y alrededores.
Por qué: Por su grotesco paroxismo y su intrigante ambivalencia.

 

TRÁILER

Posología: Cínicos empedernidos, actores en paro y aquellos que disfruten burlándose de la gente (en serio o en broma).
Contraindicaciones: Estudiantes de interpretación, realizadores en ciernes y antihéroes que necesiten ídolos para dar sentido a su vida.
Efectos secundarios: Deseo irrefrenable de volver a meterse en la caverna. Platón, ¿por qué has tenido que hacernos esto?
Véase también: El juego de Hollywood y State and Main, la fatuidad estelar hecha comedia. Si hay ganas de algo más íntimo y evocador, Irma Vep, maravilloso anagrama vampírico de un Assayas rendido al encanto entre bastidores.
Pedigrí: Premio a la Mejor Actriz (Julianne Moore) en los festivales de Cannes y Sitges.

 

Coméntalo

comentarios