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(Hace frío.

Las paredes lloran

sin ti.

Todavía

No

Te

olvido.)

 

Se llamaba Eiden.

Y el frío cubrió

mis hombros con su ausencia

blanquecina y etérea.

 

Había nieve en

La habitación. Y

recuerdos agrestes

surcando mis sábanas

deshechas.

Mi piel azulada

se acunaba impávida entre su risa, y

los recuerdos de un

mundo que prometía

ser gris con

esos ojos cristalinos

tan lejos.

 

Y quise llorar.

Pero las lágrimas

se hicieron de hielo

y volví a enterrarme

entre la calidez

de sus brazos

fingiendo que

sólo ella

podría deshacerlas.

 

Y aunque

la nieve ya no

pesa sobre mis manos,

sigo escuchando su voz.

Diciéndome que nos vamos.

Juntos.

Nos vamos.

A deshacer promesas

Y a olvidar que

las hicimos.

A sucumbir a los días.

A abandonar este cuarto marchito.

A agrietar de nuevo

mi corazón frío,

vacío,

desvencijado,

si no está

ella para llenarlo

de vida.

Fotos: Paula Méndez.

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