1ECLIPSE

– Ey, tú. Sí, tú. El de los ojos cerrados.

Inspiras. Expiras, seguramente con el fin de que siga pensando que duermes aunque sea mentira. Me río, y cubro con tu sudadera un poco más mis rodillas inquietas. No dices nada, pero sé que no tardarás en arrepentirte de ello. Así que espero un poco. E intento perderme durante un rato más, entre las estrellas que hoy no se han encendido en este cielo lúgubre de un octubre todavía evasivo y desdibujado.

– Estoy dormido, respondes, aún con los párpados sellados.
– No mientas.
– No miento.
– ¿Eres sonámbulo y no me había dado cuenta? -me apoyo sobre tu pecho, todavía inmóvil, y me resisto a enredarme a su supuesta y deseable somnolencia- ¿O te has tomado muy enserio eso de que la vida es más fácil con los ojos cerrados?

Tus mejillas se encienden en alerta.

– Puede -contestas-.
– ¿A cuál de mis dos preguntas?

Entrecierras los ojos, todavía meditando quizás el absurdo al que hemos llegado. Y por fin los abres del todo, abanicando todos esos segundos acechantes que aún nos quedan en vela.

– A las dos. O a ninguna, quién sabe. ¿Qué hora es? ¿Ha empezado ya el eclipse? -te incorporas, y arqueas tus hombros. Tu clavícula se expone al brillo que trae consigo esa luna imprecisa que, como guardianes sin demora, llevamos vigilando horas. Y yo bostezo sutilmente, dándome un instante de más para enterrar mi mirada entre tu cuerpo, sin que puedas darte cuenta-.
– Pero ya debería quedar muy poco.
– ¿Estás segura? -acaricias con tu dedo índice las puntas de mis rizos deshechos- A ver si la que mientes eres tú, y me has traído hasta aquí con una excusa barata.
– ¿Y te quejas? Seguro que no necesito una excusa barata para que vengas.
– Mira, qué chula. ¿A qué me marcho y paso de tu eclipse inventado?

Me río, y siento cómo se enredan a mi abdomen tus brazos, como las raíces a la tierra. La verdad es que el eclipse no me importa demasiado. Al menos no hoy. Suspiro. Y me encojo un poco más entre el silencio que se ha aprisionado ahora entre nuestros cuerpos cálidos. Inspira. Y expira. Y entrecierro un poco los párpados.

– ¡Eh, eh! ¡No te duermas tú ahora! Fotos: Paula Méndez

2ECLIPSE

Coméntalo

comentarios