Robert Smith, cantante, guitarrista y líder de The Cure
Robert Smith, cantante, guitarrista y líder de The Cure

Siempre a la sombra del imperial “Disintegration”, el peso real de una obra tan ambiciosa como “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me” pocas veces ha sido valorado en su medida real, una de perfiles tan contrastados y exóticos como pasionales. El rostro de The Cure contemplado desde una habitación de espejos rotos, dentro de la gran matrioshka que es este doble LP, podemos encontrar todas las facetas del grupo, excepto la synth. Nunca antes habían sonado tan panorámicos y, al mismo tiempo, recogidos. De explosiones eléctricas dignas de un volcán noise a disparos de pop celestial, como Just Like Heaven, Robert Smith y los suyos encontraron el ansiado equilibrio entre libertad creativa y habilidad para engarzar hits tan redondos como Why Can’t I Be You o la deliciosa Catch. De las celebraciones pop funk para las masas a melodías susurradas al oído para masticar de forma personal, pocas obras han sido tan bipolares en la historia del pop, tanto como los vídeos realizados para la ocasión, punto de inflexión inequívoco de los seis años sembrados que vivieron hasta 1993. Precisamente, de entre toda esta época, escogemos cinco joyas del videoclip, arte del que no ha habido banda pop más sembrada que este grupo de góticos tan coloristas.

El ojo de “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”
El ojo de “Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me”

 

CLOSE TO ME

Poco antes de saborear las mieles del éxito mundial, Tim Pope proseguía con su alianza audiovisual al lado de la banda de Robert Smith, regalándoles uno de sus clásicos. Nunca antes un grupo había roto de tal manera la escenificación habitual de una actuación musical. En este caso, dentro de una armario arrojado desde una cascada hasta el fondo del mar. La estética incluso añade un perfil más desconcertante, al ser a plena luz del día, en un juego de imágenes que parecen haber sido filmadas por el genio del stop-motion, Jan Svankmajer.

 

JUST LIKE HEAVEN

La misma cascada que en Close To Me. Sin Embargo, esta vez es de noche. Robert Smith baila al borde del precipicio. La magia de este vídeo, quizá menos original y desconcertante que otros, es el de encontrar la escena exacta de la magia desprendida por la canción. Seguramente, una de las cinco demostraciones más brillantes de la historia del pop. El aura es idílica, capta la sensación de duermevela al dedillo, hasta el punto de no saber si has visto el vídeo o lo has soñado. Magia.

 

LULLABY

Y de la magia a los horrores del gótico siniestro. El juego con los extremos alcanza el súmmum en esta obra de arte, en la que se confunden los imaginarios del Luis Buñuel de cine mudo, la Hammer de los años 60 y la misma habilidad de Tim Pope para dotar al conjunto de una serie de escenas tan icónicas que traspasaron la red pop para ser vitales en su influencia dentro del séptimo arte. Y ya no hablemos del look de Robert Smith. Definitivamente, sin su imagen gótico-enmarañada jamás habría existido el entrañable Eduardo Manostijeras.

 

NEVER ENOUGH

Para esta ocasión, Pope convierte al grupo en una atracción de feria. De nuevo, el gusto por los espacios ridículos. Así, si en Close to Me interpretaban la canción dentro de un armario, esta vez lo hacen dentro de un escenario para representaciones de guiñol. A lo largo de la actuación, van desfilando escenas propias de una versión a lo John Waters de Freaks. La parada de los monstruos: de las hermanas siamesas a la mujer barbuda, pasando por una señora-montaña de la burguesía de la época. El juego de los disfraces es incluso más acentuado que en Why Can’t I Be You, resultando en otra pieza de impacto perenne en la franja más excéntrica de nuestros recuerdos.

 

HIGH

Retorna la magia de Just Like Heaven. Estamos ante otro hit atrapa-sueños. Su única posible representación es sobre ese gigantesco globo barroco desde el que el quinteto interpreta la canción mientras surcan el mismo cielo que el de películas como las de El Barón de Munchausen. El granulado brillante de la textura visual destila una poderosa sensación onírica, hasta que Robert Smith aparece desde el lado “real” de la imagen, elevándose ensartado en una cometa gigante. Sin palabras.

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