Imagen de la campaña de Vetements para la temporada SS18
Imagen de la campaña de Vetements para la temporada SS18

Que la obsesión por comunicar al mundo la procedencia de tu camiseta sin decir ni una sola palabra volviese a situarse en el candelero de tendencias era sólo cuestión de tiempo. Después de los 90, década que continúa haciendo maravillosos estragos estéticos en el mundo de la moda y derivados, llegan los early 2000; y con ellos, la logomanía en su estado más primigenio: que se vea y mucho. Y mucho ha llovido ya desde que Calvin Klein escandalizara al mundo con su logotipo en la cinturilla de sus calzoncillos. A excepción de Margiela y su “anti-logo” (cuya vocación de diferenciación en términos de marketing termina por ser francamente similar a la de las siglas más explícitas de otras casas), pocas marcas quedan ya que no hayan hecho buena caja a base de estampar, serigrafiar, bordar, grabar o enfundar en quilates su firma más personalísima. No cabe duda de que, además, el logo es el más fascinante mecanismo de diferenciación superficial en una sociedad que habla por sus gestos. Hay que acercarse un poco para apreciar si una camisa es de seda salvaje o 100% poliéster, pero hace falta bastante menos distancia para saber si esa camiseta blanca con letras cuesta treintaicinco o cuatrocientos euros.

Eso sí, casi dos décadas después, ya hay quien no se queda únicamente en la representación corporativa más manifiesta sino que juega con esta herramienta en pro de transmitir, transgredir y hasta satirizar. Aquí encontramos las colecciones de Jeremy Scott para Moschino, la ascensión del sportivo y sus marcas más reconocibles al séptimo cielo del “molar” y, más recientemente, los desvaríos de Demna Gvasalia en Vetements y hasta en Balenciaga. La logomanía ha penetrado hasta el punto de que ver un logotipo resulta tan frecuente en las pasarelas como si de un motivo random tipo estrellas, formas geométricas o corazones se tratase. ¿Cómo aplicamos la teoría al armario? A juzgar por el pulsómetro que mide impactos a pie de calle o timeline de Instagram, hacerse eco de la logomanía maridando con un look de aires normcore (“más” + “menos” = un coherente y apropiado equilibrio estético) es todo un acierto este verano. Eso sí, a no ser que su elevado precio justifique algún curioso sistema de auto limpieza, no está de más que respetes los ciclos convencionales de lavado, por mucho que te guste vestir esa camiseta de Gucci; tenlo también en cuenta a la hora de elegir parte de arriba para un selfie. En la variedad está el gusto 😉

Facetasm SS17
Facetasm SS17

Después de los 90, década que continúa haciendo maravillosos estragos estéticos en el mundo de la moda y derivados, llegan los early 2000; y con ellos, la logomanía en su estado más primigenio: que se vea y mucho.

Palm Angels SS17
Palm Angels SS17

A juzgar por el pulsómetro que mide impactos a pie de calle o timeline de Instagram, hacerse eco de la logomanía maridando con un look de aires normcore es todo un acierto este verano. 

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