Regreso a Ítaca (Retour à Ithaque). Laurent Cantet. Francia, 2014. Drama político.
Estreno 17 de abril

En democracia (o lo que queda de ella), a priori, y al margen de los distintos efectos particulares de las decisiones de sus representantes, el gobierno de turno es un mero escenario, más o menos secundado y satisfactorio, en la vida de los ciudadanos. Por el contrario, en las dictaduras el régimen político es un actor (de hecho, un protagonista lúgubre) que impone sus postulados a las voluntades individuales, cercenando seriamente la libertad de acción, pensamiento y expresión, marcando el cauce de sus vivencias y estratificando a quienes viven en ellas en capas más o menos privilegiadas en función de su mayor o menor adhesión a la doctrina oficial.

Laurent Cantet, esmerado cronista de la incidencia en el ámbito íntimo de diferentes estructuras sociales y sus respectivas idiosincrasias (el asfixiante rol del cabeza de familia en El empleo del tiempo, el del pedagogo en un entorno marcado por la exclusión social y la multiculturalidad en La clase, los imperativos laborales y su colisión con los familiares en Recursos humanos), incorpora ahora a este compendio el factor político, posando su mirada sobre un grupo de amigos, veteranos sufridores, cada uno a su manera, de la dictadura castrista. Con el regreso al país de Amador, exiliado durante 16 años en España, como detonante del relato, los cinco personajes que ponen cara a este drama coral se sitúan en diferentes puntos de la cuerda que tensan el brazo del idealismo, en un extremo, y el del pragmatismo, en el otro: desde el eterno abogado del diablo por fidelidad ciega a sus (vapuleados) ideales de juventud hasta el acomodaticio dirigente a mejor servicio del régimen que se dice a sí mismo que puede que le hayan arrebatado los sueños, pero no la vida. Junto a ellos, una médico olvidada por sus hijos, a quienes prefirió educar en el imperialismo yanki en pos de un futuro mejor, un pintor boicoteado por los tentáculos de la clase dirigente y, por último, el objeto de la reunión de esa velada, un escritor frustrado que dejó la patria (y la inspiración) por los aires de libertad del Mediterráneo. Cantet desnuda a unos y otros desde el naturalismo que lo caracteriza, con preponderancia de los primeros planos, en un espacio-tiempo único y con un caudaloso torrente de testimonios cuya fluidez y autenticidad, como tantas veces, es fruto de un profuso guión (basado en La novela de mi vida, del lugareño Leonardo Padura, y escrito a cuatro manos entre éste y el director) y un minucioso trabajo actoral. Más, si cabe, cuando en esa noche de celebración la caja de los recuerdos marcará una senda de altibajos anímicos con las tensiones, los reproches, los veredictos, las disculpas, las confidencias y las verdades a gritos que sólo pueden decirse en los círculos íntimos, en los que la confianza es total y la aceptación incondicional. Un todo vibrante y elocuente en el que la censura, la privación y la opresión administrativa hilvanan los dilemas internos en los diferentes caminos de los sometidos al comunismo cubano, con el broche de oro de la lealtad inquebrantable inherente a la revelación final.

Quién: Laurent Cantet, director profundamente incisivo y humanista y autor de algunos de los títulos más meritorios del cine francés contemporáneo. A su lado, Leonardo Padura, coguionista y autor de la novela en la que se basa la película.
Qué: La reunión de un grupo de amigos con motivo del regreso del exilio de uno de ellos, en el marco del totalitarismo castrista.
Cuándo: Durante una velada cuyos participantes se retrotraerán a decisiones, anhelos y frustraciones largamente arraigados.
Dónde: En una azotea sobre el mar de La Habana.
Por qué: Por su vívida transparencia y su esforzada neutralidad.

 

TRÁILER

 

Posología: Ciudadanos comprometidos, licenciados en Ciencias Políticas y mentes alérgicas a la propaganda.
Contraindicaciones: Comunistas radicales, compinches de la Administración cubana y adscritos al dogma de que el fin justifica los medios.
Efectos secundarios: Ninguno que un comunista desengañado no haya experimentado ya.
Véase también: El empleo del tiempo, Recursos Humanos y La clase, tres títulos de indudable interés en los que Cantet explora la interacción entre los individuos y sus comunidades. Comandante, el homenaje de Oliver Stone a Fidel Castro. En la variedad está la diversión.
Pedigrí: Mejor Película en el último Festival de Cine de Biarritz.

 

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