Hay algo etéreo en la forma
en la que tiemblan
tus párpados cerrados.
Es casi como un susurro,
un pensamiento rasgado en
todos esos segundos que
los condenan a
extinguirse pronto.
Demasiado.

Amanece entre
los pliegues de tus manos.
Y yo estrecho mis dedos alrededor
de tus rizos divididos y
ese mechón de tu flequillo
caoba.
Tus rodillas arqueadas al
borde de la cama
se encogen bajo la piel
frágil de tus brazos.
Tienes frío.
Con cuidado, hago invisibles
con la sábana esos
lunares de tus vértebras remarcadas. Y sí,
también
el tatuaje ya apagado en
lo alto de tu cintura
ladeada.

Suspiras.
Y yo me ahogo en
el aire que exhalan
tus labios cuarteados.
Las paredes de esta
habitación desvencijada tiemblan
al pensar en que te vayas.
Y mi corazón se agita,
se deshace
un poco más
a orillas de perderte
cuando aún estás
a mi lado.

Fotos Paula Méndez

 

Coméntalo

comentarios