FOTO GLAM 1

A lo largo de su trayectoria como periodista y teórico musical, Simon Reynolds se ha caracterizado por hacer balance de los momentos más reveladores de las diferentes etapas de su vida a través de sendos estudios sobre las escenas musicales que marcaron tanto su adolescencia, por medio de Postpunk. Romper con todo y empezar de nuevo, como de su intervalo de los 20 a los 30, que derivó en su monumental tratado sobre la música electrónica, Flash Energy. Para la ocasión que hoy nos ocupa, Como un golpe de rayo está centrado en su infancia, en los años en los que sientes ese pellizco inicial inigualable; en este caso, con el glam. Al igual que en los anteriores ensayos mencionados, estamos ante otro libro de categorización “definitiva”. A lo largo de sus más de 700 páginas, somos partícipes del nacimiento, eclosión y ramificación de un movimiento donde lo musical era sinónimo de visual.

Portada del primer álbum de Tyrannosaurus Rex81.

El culto al ego del glam tuvo reflejo directo en un énfasis radical en la creación de la personalidad por encima de la realidad. Desde los años de los Stones psicodélicos a la obsesión de Marc Bolan por El señor de los anillos, las constantes que fueron definiendo la naturaleza glam revirtieron en una cosmología alucinada de lo fantástico y lo mitológico como campo de acción. La evasión era una constante, así como la necesidad de constituir el culto a la imagen de una manera extrema. La androginia, la forma teatral y, en último caso, el poder de la ficción, dieron lugar a retratos de lo grotesco como los llevados por Alice Cooper o a extensiones de corte sci-fi tan estruendosas como las de Roxy Music.

Jobriath.
Jobriath.

Trajes sacados del backstage de Barbarella, kilos de purpurina plateada y trajes hechos a la medida de los personajes de Alicia en el país de las maravillas, el glam metabolizó los años 50 del rock & roll bajo una estampa grandilocuente de cortes de pelo imposibles y virguerías de sastre alucinado. En último caso, sus propios orígenes en el dandismo o la mentalidad peterpanista establecieron la permeabilidad de unos seres cuyo deseo era el de conseguir el mismo pacto que Dorian Grey; en último caso, la exposición de un rostro cambiante con el paso del tiempo, jamás envejecido, ante los ojos externos. Y en este acto de propensión camaleónica, David Bowie fue el santo y seña tanto de su generación como ejemplo para las venideras. Bowie fue al glam lo que Chuck Berry al rock & roll; en el caso, del gran transformista del pop, alguien para el que la noción de pop jamás podía estar gestionada por la ley de la repetición. El credo era la ley del cambio constante, tanto a nivel de imagen como musical.

The Man Who Sold the World.
The Man Who Sold the World.

Fue en los años 80 cuando Prince recogió mejor que nadie el testigo de Bowie: la reinvención, a todos los niveles, para cada disco como praxis; y, sobre todo, gestar la sensación de estar ante un ser de condición no terrestre, casi una deidad imposible de concebir como algo real o verdadero. Entre Marc Bolan, David Bowie y Prince quedó sellada la base de comportamiento para tod@ aspirante a megaestrella del pop, donde la vanidad y lo estrafalario definen la relación de la estrella con su público a través de la adoración, algo que desde Madonna a Lady Gaga, pasando por Kanye West, ha sido aplicado por ciencia infusa. De todo ello, y cientos de reflexiones e historias más, está curtido Como un golpe de rayo, si acaso la obra básica para todo el que tenga interés en adentrarse en el último significado del glam y de su brutal impacto en la cultura actual.

Como un golpe de rayo llega este mes a nuestras librerías, de la mano de
la editorial argentina Caja Negra.

Coméntalo

comentarios