Muchos de nosotros hemos visto sobre las cómodas y tocadores de nuestras abuelas las clásicas, y aterradoras en muchos casos, figuritas de porcelana inspiradas en el “refinamiento” del  rococó y el bucolismo pastoril. A mí siempre me parecieron aterradoras cuando era un niño, y hoy, esa sensación adquiere más sentido que nunca. De la mano de la escultora Jessica Harrison, licenciada en Bellas Artes por la universidad de Edimburgo, nos llega esta pequeña serie de damiselas de porcelana con tintes gores, una visión cómica y retorcida del kitsch y la inocencia. El aire provocador e impactante de esta deliciosa colección de figuritas, además de ser unas magnificas piezas de arte de coleccionista, nos sumergen en la transgresión y en la obsesión de Harrison por el cuerpo humano. En su obra, lo grotesco y la fragilidad se encuentran para explicar la relación del cuerpo y lo visceral con la cultura. La disección de la anatomía y su huella más  terrenal, la sangre, dan pie a ese inquietante contraste que supone el rojo tiñendo el blanco de la porcelana.

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