Desde que en junio de este año se proyectó el primer teaser de Blade Runner 2049, pudieron ser aclaradas muchas de las dudas sobre la conveniencia de pisar terreno sagrado como el del clásico por antonomasia de la ciencia ficción. Mucha de la culpa de que hasta los más escépticos hayan tenido una reacción favorable a la sucesión de escenas contenidas en esos dos primeros minutos es obra de Denis Villeneuve, uno de los directores más interesantes de lo que llevamos de década. De hecho, que Ridley Scott, en horas bajas desde hace tres décadas, no se haya encargado del proyecto es la mejor noticia posible para todos los seguidores de Blade Runner.

Enemy, el punto de inflexión.
Enemy, el punto de inflexión.

Desde que en 2010, fue nominado al Oscar con Incendies dentro de la categoría de mejor película de habla no inglesa, el director canadiense no ha cejado en retorcer las formas del drama. Con el espaldarazo recibido tras la gran acogida de este film, en 2013 Villeneuve hizo alianza con el actor Jake Gyllenhaal, protagonista de Prisoners, un drama enmarcado dentro del subgénero de secuestros, pero sobre todo de Enemy, un film sorprendente marcado por una poderosa atmósfera kafkiana con muchos puntos en común con la sorprendente Memento.

Sicario, confirmación.
Sicario, confirmación.

No contento con aprovechar su oportunidad con una película, Villeneuve llevó a cabo dos que, al momento, lo colocaron en el punto de mira de una comunidad de espectadores hambrientos de fórmulas renovadas dentro del mega revival al que estamos sometidos en pleno siglo XXI cuando acudimos a una sala de cine mainstream. De un día para otro, Villeneuve había subido dos escalafones. Su capacidad para crear ambientes de poderosa angustia, donde las debilidades y dudas de los protagonistas siempre están expuestos ante los ojos acusadores de la multitud –sensación especialmente angustiosa en Prisoners-, no es más de una de las tantas virtudes que el de Quebec estaba dispuesto a ampliar dentro de su paleta de aptitudes cinematográficas. Y así quedó plenamente certificado en Sicario, su producción de 2015, donde sus habilidades para el giro inesperado y crear un estado latente de tensión en el espectador se ven beneficiadas por la cadencia de un thriller dramático de gran empaque visual.

Arrival, una de las películas más brillantes de 2016.
Arrival, una de las películas más brillantes de 2016.

Sicario prosiguió la inercia positiva de un director que parecía estar tocado por una varita mágica. Contando con que el terreno en el se estaba moviendo tampoco anda sobrado de lumbreras, Villeneuve pronto se vio beneficiado por un entorno dominado por una preocupante falta de originalidad para el cual aún contaba con un remedio mayor. Y éste no era otro que Arrival, lo que en su momento debió ser Contact, pero no pudo. De hecho, estamos ante una de las incursiones más brillantes dentro de los meandros filosóficos que hicieron de la ciencia ficción uno de los géneros más sembrados de los años 60 y 70. Cómo no, el hecho de que filmes como Sicario y Arrival hayan tocado materia thriller y fantástica han sumado razones a la hora de ser el elegido que no sólo va a devolvernos el universo Blade Runner, sino que también recuperará los vastos desiertos de Dune para el año que viene.

Blade Runner 2049
Blade Runner 2049

Blade Runner 2049 se estrena el 6 de octubre.

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