El cansino enfrentamiento analógico-versus-digital está más seco que la mojama. Lo que dicta la inteligencia es celebrar la diversidad, convirtiendo las amenazas individuales en oportunidades colectivas y filtrando el tutum revolutum de su puesta en común para extraer y combinar lo mejor de cada uno. Un enfoque que, llamadme Rappel, cambiaría el mundo de ser aplicado a los ámbitos sociológico y político. Los chicos de Back To Paper no apuntan tan alto, pero la templanza de su modus operandi y su paradoja retro-contemporánea ha conseguido reconciliar los dos ventrículos de nuestros corazones, hasta ahora divididos, cual alma bipolar, entre la nostalgia y la avidez por lo nuevo. Como startup proveniente de la reinvención de un negocio familiar, integra las nuevas tecnologías con el background de años de experiencia en una apuesta tan sencilla como apetitosa: álbumes encolados y cosidos a mano que reúnen fotografías hechas a través de dispositivos móviles, con una estética tan elaborada que su función no es sólo la inmortalización del presente, sino también la decoración más individualizada y rústica. Un regalo “en diferido” del yo del presente al yo del futuro para evocar, años mediante, ese carpe diem que tan bien se te da.

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