El mundo ha cambiado bastante desde aquella vez en la que Ellen DeGeneres universalizó el selfie subiendo a su Twitter esta instantánea épica de la gala de los Óscar 2014. Espontánea, divertida, improvisada y con un ángulo ligeramente contrapicado (enemigo confesado de todo experto en el auto-retrato), la fotografía mostraba una escena real, libre de poses y artificios. Era una píldora de actualidad compartida in situ, una lección de comunicación ipso facto. Era un tuit de libro. Ahora, dos años después, el panorama general del selfie y su aplicación en las redes sociales dista mucho de estos preceptos de instantaneidad y naturalidad con los que predicaban las actualizaciones más pioneras por estos lares virtuales. Muchos perfiles de Twitter, Facebook e Instagram han terminado por convertirse en un álbum de cromos repleto de momentos de una vida “perfecta”. Imágenes creadas a conciencia para no jugarse lo más mínimo la probabilidad de que haga clic en el like el dedo de cualquier seguidor que, nos conozca de dos fotos o de toda la vida, comparta por un momento esa sensación edulcorada de “felicidad” fotogénica. El “dispara y súbelo” ha logrado desembocar en una cadena de acciones que prácticamente convierten en un trabajo (literalmente en algunos casos, además) eso de subir una foto a Instagram: busca un fondo fonito, crea una composición atractiva, encuentra el encuadre adecuado, dispara (ahora sí), selecciona la mejor entre cincuenta y seis imágenes “diferentes”, vuelve a dudar de tu elección, da por fin con la definitiva, dala un buen viaje con alguna app de retoque, vuelve a pulir niveles en la propia interfaz de retoque de tu red social escogida, selecciona tu filtro… ¡y súbela! ¿El resultado? Adiós a la instantaneidad, liquidada en grado de tentativa y con premeditación y alevosía. Y también comernos frío ese sándwich tan agraciado que llegó a nuestra mesa hace ya casi veinte minutos.

 

Una foto publicada por @flavitabanana el

 

¿POSTUREO DEMODÉ?

Las cifras han hablado: el 47,2% de los españoles se declara cansado del postureo, confirma un estudio sobre el ocio con amigos elaborado por Best Relations (consultora de comunicación), Simbyosi (empresa experta en inteligencia colaborativa) y Two Much Research (empresa especializada en investigación social). Casi la mitad de los encuestados de una muestra de 800 personas de entre 25 y 45 años, afirman estar muy cansados de las fotos en las que sus amigos presumen de lo estupendos que son o de lo bien que se lo están pasando. Esta especie de “ocio hacia afuera” o “máscara social”, que calificamos como postureo, es identificado por este estudio como “ese momento en el cual los niveles de socialización estallan públicamente y las personas se convierten en entes que se divierten formando parte de una gran tribu global frente al escaparate digital”.

El 47% de los españoles se declara cansado del postureo.

Este mismo estudio demuestra que “el 69,8% de los españoles se encuentra bastante o muy a menudo con situaciones de postureo en la red. Se advierte a su vez un cierto toque de vergüenza hacia dichas situaciones, ya que el dato contradice lo que se vive en primera persona: un 64,4% afirma que nunca o casi nunca presume de ninguna situación en sus redes sociales y tan solo un 8,6% confiesa hacerlo”. Vamos, que “posturear” ya no es algo de lo que puedas sentirte orgulloso, ni tener el perfil más maqueado algo de lo que jactarse. Además, la intensidad de cansancio recogida hacia estas “situaciones de posados” lleva a pensar que la llama de las apariencias se está agotando poco a poco. “Dentro del porcentaje total de cansancio medio­alto, ellas están más hartas que ellos: el 49,3% de las mujeres muestran un grado de cansancio alto­medio, frente a un 45,3% de hombres que se sienten cansados de estas situaciones. Respecto a la edad, llama la atención que son los jóvenes quienes se muestran más contrarios al postureo: entre los 25 y los 34 años, más del 50% muestra rechazo a las situaciones aspiracionales, mientras que en la franja de 35­45 años el porcentaje desciende al 43,48%”, según datos del estudio.

Con este post en su cuenta de Instagram zanjaba la polémica de su cambio de actitud en redes sociales Essena O’Neill, la intagrammer australiana que borró las más de dos mil fotos de su perfil para demostrar que “las redes sociales no son la vida real”. 

 

ENTONCES, ¿POR QUÉ POSTUREAMOS?

Las cifras anteriormente mencionadas confirman que el postureo no es algo de lo que sentirnos orgullosos. Además, cada vez son más los perfiles de “influencers” en este entorno que expresan públicamente su desaprobación ante este tipo de conductas. Es el caso de Jesús Terrés, periodista y experto en tendencias. “Pocas cosas hay más tristes que la siguiente escena: cualquier restaurante, a la hora de cenar, cualquier jueves por la noche. Si miras alrededor, la mayoría de parejas (y no digamos ya los grupos de amigos) están mirando la pantalla del móvil, no a la persona que tienen delante. Eso tiene un nombre: se llama dependencia. Cruzamos esa línea por culpa del postureo de las narices, creemos que tras la pantalla del móvil está la vida que deseamos, cuando la que importa es la que tienes frente a ti: la que estás ignorando”, confiesa a TENMAG. Por otro lado, Jesús nos asegura que “el móvil no es el problema, ni las redes sociales. El problema somos nosotros, que estamos tan desconectados de nuestras emociones, que necesitamos (como vampiros) la anestesia de esa vida inerte y tan aparentemente cool. Creo que la vía para re-conectar es dejar de estar pendiente del qué pensarán los demás o del “cómo quiero que me vean” y dejarte llevar por lo que realmente te pide el cuerpo: disfrutar de esos momentos donde eres tú mismo, sin más, en tu bar siempre, con tus colegas, con tus kilos de más, cantando una canción tonta a grito pelao o devorando esa gamba con las manos”.

“El móvil no es el problema, ni las redes sociales. El problema somos nosotros, que estamos tan desconectados de nuestras emociones, que necesitamos (como vampiros) la anestesia de esa vida inerte y tan aparentemente cool”. Jesús Terrés

jesus-terresJesús Terrés, periodista y experto en tendencias

Frente a este fenómeno del postureo, nace una nueva tendencia que el estudio anteriormente mencionado ha acuñado como “#UnpluggedMoments”. Pepa Barral, socióloga que ha participado en el estudio, nos ha explicado que “tanto el postureo como los #UnpluggedMoments adquieren una importancia significativa como herramientas sociales para construir nuestra identidad y pertenencia social. Dos tipos de ocio que nos ayudan a ser más felices. Las personas danzan entre un modo y otro eligiendo cuándo, con quién y cómo expresarse en su ocio. Estar tan abarrotados de “planazos” es muestra, como en tantos órdenes de la vida social, de una abundancia sobre la que se proyecta el deseo y la libre elección de cada quién. Es difícil considerar que esto provoque frustración, aunque quizá sí un cierto estrés ante la no siempre abarcativa diversidad de planes”.

“Tanto el postureo como los #UnpluggedMoments adquieren una importancia significativa como herramientas sociales para construir nuestra identidad y pertenencia social”. Pepa Barral, socióloga partícipe del I Estudio sobre el ocio de los españoles.

 

UNPLUGGED MOMENTS: LA SOLUCIÓN

Estos #UnpluggedMoments de los que hablábamos, son definidos como “una tendencia de ocio centrada en los momentos auténticos alejados del postureo”. Es el ocio “del bar de siempre”, de la “cena con amigos”, de la “escapada a la naturaleza”. El estudio confirma que este tipo de momentos son percibidos como el ocio ideal por el 82,9% de los españoles. Además, “más del 75% de los encuestados identifica estos momentos de ocio fuera del escaparate como una desconexión compartida, situaciones en las que se disfruta de verdad con los amigos más íntimos”. Según nos explica Pepa Barral, con estos datos podemos observar que “al clásico rol de desconexión del ocio, como válvula de escape compensatoria de las rutinas, los problemas y las penas, le surgen dos roles más contemporáneos: el de la “súper-conexión” o postureo (más visible ya que es el retransmitimos a través de las redes sociales) y el de la “re-conexión” o #UnpluggedMoments (no representado en las redes sociales, que se ve menos y que nos permite parar y re-conectarnos con nosotros mismos). Éste último es el que mejor expresa la contemporaneidad del ocio del siglo XXI como espacio de “reencuentro” para ser uno mismo, una de las conquistas pendientes más evidentes que la sociedad está empezando a emprender”.

“Ser uno mismo es una de las conquistas pendientes más evidentes que la sociedad está empezando a emprender”. Pepa Barral

Esta tendencia comienza a calar cada vez más hondo, e incluso comienzan a surgir negocios y establecimientos para promoverla. Jesús Terrés nos cuenta que “algunos restaurantes y hoteles están captando esta demanda, el público quiere (queremos) experiencias reales, auténticas y honestas. En lo gastronómico esa tendencia se traduce precisamente en “volver a mirar atrás”, en recuperar la cocina esencial de producto y dejar de lado el postureo de las guías, los platos con nombres imposibles y el excesivo envaramiento en la sala. Parece que poco a poco van entendiendo que aquí hemos venido a comer, beber y ser felices, no a posar para una revista”.

 

PASAR DEL POSTUREO NOS HACE MÁS FELICES

Por último, “el 64,3% de las personas encuestadas que afirman ser claramente felices identifican su ocio ideal como este tipo de momentos auténticos”. Según Pepa Barral, “el ocio entendido desde una manera contemporánea pone en juego la libertad de elección y se relaciona estrechamente con la tendencia a conquistar nuestras vidas, de elegir la vida que queremos vivir, de ser uno mismo, más allá de las obligaciones y modas sociales. Por eso nace la tendencia #UnpluggedMoments, que nos permite ser más auténticos”. Y continua: “ocio y felicidad son dos conceptos íntimamente ligados. Vivir una vida de ocio es uno de los mayores paradigmas de la felicidad, es una de las creencias-deseo más arraigadas en nuestra sociedad y eso se condensa en los #UnpluggedMoments”. ¡A vivir, que son dos días! Y no querremos pasarnos uno conectados…

Coméntalo

comentarios