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Echa un ojo aquí a la primera parte de la historia > Capítulo #1: San Francisco en 48 horas

Se estaba haciendo de noche y luchábamos por no quedarnos dormidos. Esa comida abundante cuando paramos en el mexicano no había ayudado. Sin embargo, teníamos que seguir, llegar a algún punto en el que mereciera la pena parar. Porque parar es necesario, poner una señal de stop es necesario y dejar de pensar en parar en un viaje lo es aún más. Había muchos coches aparcados en la puerta de esa cabaña de madera, luces encendidas y pura música country. Paramos, bajamos del coche y nos sentimos como en una peli de Tarantino. Esta es una sensación bastante habitual por aquí, sentirse como en una película, pensar que esto es como en Los Puentes de Madison y casi no discernir cuál es la verdadera esencia: si la que dibuja Hollywood o la que vemos. Hay música en directo, pedimos una cerveza y nos quedamos ahí disfrutando del ambiente. Una pareja se besa, otra baila, un grupo de amigos se encuentra, otro par escanea a un grupo de chicas y un par de turistas (nosotros) mueven la cabeza al ritmo de la música. Es buena, esa voz rasgada, ese olor a campo, ese sabor a cebada en la boca. ¡Ay! Un español tomado por yankee y no está mal, sólo que no hay palabras en la lengua mater para expresarlo. Go ahead then! Oops… Sorry. Fotografías de Adolfo Pardo.

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Pensar que esto es como en Los Puentes de Madison y casi no discernir cuál es la verdadera esencia: si la que dibuja Hollywood o la que vemos.

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